Opinión

Efervescencia nacionalista

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Cataluña empieza hoy una semana política especialmente convulsa, que alcanzará su clímax el miércoles 11-S, con la celebración de la Diada y la organización de una «cadena humana» por parte de los nacionalistas y separatistas para reclamar lo que ellos denominan retóricamente el «derecho a decidir». En realidad, se trata del enésimo ensayo independentista para calibrar el avance de sus postulados entre la sociedad catalana y, de paso, amedrentar a los sectores que no comulgan con sus ideas. Este año, además, viene marcado por la errática personalidad de Artur Mas, que tan pronto da señales de cordura política como se desmiente a sí mismo para hacer causa común con ERC. Ante una situación económica y financiera extremadamente difícil, que requiere recortes del gasto público en torno a los dos mil millones de euros, y ante un deterioro incesante del tejido empresarial, la gestión del presidente de la Generalitat resulta incomprensible no sólo para la mayoría de los trabajadores y profesionales, sino también, y sobre todo, para los pequeños y medianos empresarios catalanes. Su exclusiva dedicación a la causa separatista de la mano de Oriol Junqueras ha dejado en segundo plano la resolución de los verdaderos problemas de Cataluña y ha adulterado el debate político, de forma que su preocupación no es cómo salir de la crisis, sino cómo salir de España. Pero en esta huida irresponsable hacia el abismo, Artur Mas se topa con la legalidad. Como es natural, el Gobierno de la nación no tiene duda alguna de cuál es su obligación: cumplir y hacer cumplir la Constitución. Eso no quiere decir que Rajoy se cruce de brazos, como ha pretendido caricaturizarle la izquierda acusándole de «inmovilismo». Muy al contrario, como ahora se ha sabido públicamente, el presidente ha mantenido una relación constante, aunque discreta, con Mas, precisamente para evitar que se llegue a una situación irreversible y de muy graves consecuencias para Cataluña. Es evidente que esta comunidad necesita replantear el modelo de financiación, lo cual se debe llevar a cabo con responsabilidad, rigor y transparencia. Sobre todo, sin secretismos ni componendas bajo cuerda que causen agravios comparativos con otras comunidades. Pero el dirigente nacionalista también necesita ayuda para salir del «jardín» político en el que se ha metido de la mano de su adversario natural, los radicales republicanos de izquierda. Los dirigentes más sensatos de CiU saben que ese camino sólo conduce a su suicidio como opción política, de ahí que necesiten que se les abran otras puertas para poder gobernar sin el chantaje permanente del independentismo. Cataluña vivirá a partir de hoy una semana de efervescencia separatista, pero que nadie se llame a engaño: el futuro no pasa por la ruptura ruinosa, sino por la cooperación y la lealtad.