Opinión

El PSOE mete miedo a los pensionistas

La Razón
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Que el PSOE quiera introducir las pensiones en la campaña electoral entra dentro de una lógica irresponsable en la que se sitúa el actual Gobierno, porque saben perfectamente que la supervivencia del sistema público está comprometido si no se aborda desde la seriedad, la lealtad y el acuerdo entre todas las fuerzas políticas. Por eso se firmó el Pacto de Toledo, respetado hasta ahora –con la excepción de Podemos–, que se ha mantenido siempre fuera de la pugna política, ya no digamos de las promesas electoralistas. Sin embargo, Pedro Sánchez ha decidido explotar la incertidumbre y hacerlo de manera que no se sostiene, si nos atenemos a la verdad de los hechos. Daniel Lacalle, actual asesor económico de Pablo Casado, sostuvo en una entrevista que lo importante es tener unas cuentas públicas saneadas y que ha habido países de nuestro entorno que ha recortado las pensiones «hasta en un 40%. Por tanto, el debate –señala– no es cuánto se revalorizan, sino cuánto se recortan. Un 20%, un 30% o un 40%». Sin embargo, estas declaraciones fueron cogidas sesgadamente y con una clara intención de manipularlas, porque en ningún momento plantea que se tengan que bajar las prestaciones en ningún porcentaje. En unas declaraciones a LA RAZÓN que reproducimos hoy, el asesor económico del PP critica a los gobiernos de izquierda «que lo que han hecho es introducir enormes hachazos fiscales con el subterfugio de subir las pensiones y lo que han terminado haciendo es recortándolas brutalmente», además de defender la revalorización en un sistema sostenible y creíble. En definitiva, las pensiones sólo pueden crecer con mayor crecimiento económico, más empleo e inversión. El problema que subyace de la manipulación de estas declaraciones es que el mayor obstáculo para mantener saneado el sistema de pensiones es lo que el propio Gobierno se está empeñando en negar de nuevo, como ya ocurrió en 2008 con tan nefastas consecuencia, la ralentización de nuestra economía. Ciñéndonos a la verdad, el único gobierno que congeló las pensiones fue el socialista. Pero tampoco es esa la cuestión. El Gobierno está eludiendo que el déficit de la Seguridad Social se calculó, para 2018, en 19.000 millones de euros, y que habrá que seguir recurriendo al endeudamiento, aunque su futuro dependerá del crecimiento económico, lo que supondría el incremento de los salarios y, por lo tanto, de las cotizaciones. Ante todo, hay que defender el Pacto de Toledo, que es lo que ha permitido el incremento de 1,6 puntos, incluido en los Presupuestos Generales de 2018 prorrogados. Todo indica que el PSOE ha puesto en su agenda electoral las pensiones porque sabe que es un tema especialmente sensible. Aunque Sánchez habla de reformar la Constitución para blindarlas, esto ya es un hecho («Los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad», art. 50) y lo importante ahora es plantear una reforma que tenga en cuenta la combinación de una de las tasas de natalidad más bajas de mundo, como es la española, con la alta esperanza de vida de sus ciudadanos, además de la introducción de la robótica en la industria. Para afrontar su reforma hay que exigir responsabilidad, aunque es fácil caer en la tentación de ponerse al frente de las protestas de los pensionistas, en vez de reconocer que desde 2011 la pensión media de jubilación se revalorizó un 16,44 por ciento. Sobre esta cuestión sobra la demagogia y Sánchez debería evitarla por el bien precisamente de nuestro sistema de prestaciones, que sigue siendo uno de los mejor organizados de la UE.