La cristianofobia impera en el mundo

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El informe anual sobre la persecución de los cristianos en el mundo vuelve a impactarnos por el sufrimiento que subyace en unas cifras que empeoran cada año. En 2016 un total de 3.066 fieles fueron asesinados a causa de su fe, tres veces más que en 2015, y 215 millones fueron perseguidos de las formas más diversas que incluyen la quema de iglesias, detenciones sin juicio, secuestros o agresiones sexuales. Entre los once países peores para profesar este credo, Corea del Norte permanece a la cabeza seguido de Afganistán y Somalia. Organizaciones terroristas como el Estado Islámico se han convertido en verdugos de los que eran minoría en países como Siria e Irak y que han tenido que huir para no ser masacrados. Resulta muy penoso constatar que el siglo XXI es el peor de toda la historia para profesar la religión de Jesucristo. Pero el citado informe revela también que la discriminación no es exclusiva de lugares remotos en los que impera la ley de la selva. El año pasado se registraron en Europa 509 delitos de odio contra cristianos frente a 361 contra musulmanes. Solo en nuestro país hubo 208 ataques a la libertad religiosa, el 70 por ciento a cristianos. Conviene que permanezcamos vigilantes porque la cristianofobia es una realidad que alientan partidos de ultraizquierda cuyo discurso populista pasa sin excepción por un rechazo a lo cristiano. Un laicismo agresivo y peligroso que busca eliminar todo vestigio de lo religioso de la vida pública.