Opinión

La Cumbre se renueva

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Nunca puede calificarse de ejercicio inútil una labor que propicia el encuentro personal de los jefes de Estado y de Gobierno de la gran familia hispana, y más cuando éste se produce en un ambiente amigable y distendido por la comunión de historia, idioma y costumbres. Así ha sucedido durante los 23 años de existencia de la Cumbre Iberoamericana, por más que en algunos momentos la gran notoriedad que proyectaba tal escenario haya sido aprovechada por algunos mandatarios para hacer política pequeña. Sin embargo, el discurrir del tiempo, que ha visto surgir en América múltiples foros de relaciones y encuentros internacionales, con la creación de organismos regionales como Unasur, y la realidad de una Unión Europea cada vez más interesada en el Nuevo Continente, aconsejaba acometer cambios en la organización de la Cumbre para revitalizarla y mantener los objetivos que se propusieron España y México cuando impulsaron su nacimiento en el ya lejano año de 1991. Y si el ciclo de reuniones anuales comenzó en la mexicana ciudad de Guadalajara, hoy termina en otra ciudad de la gran potencia hispanoamerciana, Veracruz, cargada de historia por ser el primer gran puerto continental que se abrió al Viejo Mundo. La antigua fortaleza española de San Juan de Ulúa es testigo mudo del hecho que cambió la faz del mundo conocido. A partir de ahora, las cumbres iberoamericanas serán bianuales, alternándose con las que se celebran entre la UE, América Latina y el Caribe. En ambas, España seguirá desempeñando un papel importante, lejos de pretendidas preeminencias históricas, que han sido sucedidas por un sentimiento de cercanía, cordialidad y estima, sino con el ejemplo del esfuerzo común de la sociedad española para convertir a nuestro país en uno de los más desarrollados y democráticos del mundo. España, con la experiencia de sus instituciones y el despegue de sus grandes multinacionales, puede aportar mucho– de hecho, así lo viene haciendo– a sus hermanas de América que, pese al gran desarrollo experimentado durante la última década, aún adolecen de notables carencias, tanto en el plano institucional, con frágiles estados de Derecho y sistemas judiciales débiles, como en el económico y social. Ayer, Su Majestad, que acudía por primera vez a la Cumbre como Jefe de Estado, y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, participaron en dos encuentros previos con el mundo empresarial y el de la comunicación. Dos instrumentos clave para el desarrollo de las naciones, en los que España tiene mucho que decir. Porque la Cumbre de la Comunidad Iberoamericana de Naciones se reinventa, pero sin perder el espíritu que animó a sus promotores. El lugar de encuentro para quienes viven una misma cultura.