El mantra de los «recortes»

Frente a la insistencia de la extrema izquierda en denunciar que la Comunidad de Madrid ha reducido la inversión en Sanidad, las cifras oficiales del Gobierno central dicen todo lo contrario

Sanidad pública
Estado de la sanidadJosé Maluenda

Aunque de dominio público, los datos que ha recogido nuestro colega Diego Sánchez de la Cruz en «Libre Mercado», referidos a la Sanidad de Madrid, suponen por sí mismos una refutación completa del cansino mantra de la izquierda radical española, que pretende culpar a los «recortes del PP» de las carencias del sistema hospitalario madrileño para hacer frente a la epidemia de coronavirus. Se trata, por supuesto, de fijar entre su clientela una foto fija, inmune a la realidad, con la que mantener el relato de que la malvada derecha sólo actúa para beneficiar a sus amiguetes empresarios, favoreciendo el negocio de la sanidad privada. El asunto no tiene ni pies ni cabeza, pero funciona en el imaginario de un sector de la población, no siempre el más desfavorecido, no tanto partidario de la estatalización de los servicios públicos como enemigo de la iniciativa privada, que es lo que da sentido a una sociedad enmarcada en el libre comercio. Sin embargo, lo que nos dicen los datos es que la inversión en la Sanidad pública por parte del Gobierno de la Comunidad de Madrid ha ido creciendo paulatinamente desde los 7.125 millones de euros presupuestados en 2010, hasta los 8.109 millones de 2019 ; que, también, ha subido el número de trabajadores sanitarios y de camas hospitalarias, y que las lista de espera quirúrgica en Madrid era de 47 días en 2019, frente a los 132 días de espera de la sanidad catalana. En realidad, Madrid mantenía una infraestructura sanitaria razonable, de las más completas de España, pero que no estaba dimensionada para una emergencia de las características de esta epidemia, que exige largos períodos de tratamiento de los infectados, muchos de ellos en UCIS. Cabe, sin embargo, extraer algunas lecciones de lo que nos ha sucedido. Por ejemplo, que no se puede desmantelar la industria farmacéutica a base de reducir costes, cuando el principal cliente es, precisamente, el Estado, a través de las autonomías. O, por lo menos, que hay que mantener reservas estratégicas de los medios de protección más comunes. Esos son debates útiles. Lo de los «recortes» sólo es propaganda.