«España no tiene el mejor sistema de salud, pero sí el más eficiente»

Entrevista a Pablo Martínez, autor de “La República en abandono”

Pablo Martínez
Pablo MartínezFreenlanceFreelance

Ha publicado el libro «La República en abandono», una obra sobre las relaciones internacionales españolas entre febrero y junio de 1936. ¿Por qué se ha enfrascado en esa etapa?

-Tras jubilarme después de 44 años dedicado al periodismo sanitario, he tenido la oportunidad de ocupar el tiempo en mi otra gran pasión, que es la Historia. Hace años tuve el privilegio adentrarme en los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores, antiguo Ministerio de Estado, justo después de haber permanecido cerrados durante todo el régimen franquista. Una de las instigadoras de haberme detenido en esta época fue mi madre, que durante la Guerra Civil trabajó como farmacéutica voluntaria en lo que se llamó el Hospital de Sangre del Hotel Palace, y siempre se preguntó por qué nadie en el panorama internacional hizo algo por la República española. Ese runrún se me quedó y traté de averiguar el por qué con mi tesina sobre las relaciones exteriores de los gobiernos de Frente Popular. Esa tesis ahora se ha convertido en este libro con una versión más divulgativa.

-¿Y ha encontrado la respuesta?

-Hay varias explicaciones, entre ellas el hecho de que se mantiene un cuerpo diplomático de la Monarquía; la coyuntura internacional dificilísima por causas ajenas a España, con la Sociedad de Naciones en plena descomposición y muy inoperante. Y por otro lado, que la II República, agobiada desde el inicio por sus problemas endógenos, no fue consciente de que había un movimiento de sublevación y estuvo cogida por el tiempo.

-¿Qué podemos aprender de aquellos años que nos sirva actualmente?

-La historia no se repite, pero sí nos permite analizarla para evitar errores. Hay dos problemas que ocurrían en la España del 36 que los tenemos muy presentes ahora y que me inquietan muchísimo: uno es la tremenda polarización, es decir, que existan bloques políticos que ni siquiera sean capaces de hablar entre sí, resulta nefasto para nuestro país. El nivel de crispación actual es preocupante; y en segundo lugar que haya injerencias desde fuera, tal y como sucedió en aquella época. Ahora también tenemos organizaciones supranacionales como la Unión Europea que no siempre cumplen con los compromisos prometidos.

-Está trabajando en un nuevo proyecto de investigación fusionando su amor por la historia con su conocimiento del mundo farmacéutico. ¿En qué consiste?

-Estoy haciendo una nueva tesis doctoral sobre «prensa farmacéutica del siglo XIX, ideología y profesión», porque siempre me ha interesado mucho cómo aquello fraguó la unión de los profesionales. Además, me dedico a dar clases de Historia de España en el Centro de Mayores de la Junta Municipal de Arganzuela del Ayuntamiento de Madrid, aunque la pandemia nos obliga a hacerlo on-line en estos momentos.

-Su carrera profesional ha estado ligada al periodismo sanitario. ¿Cree que en estos meses de pandemia se está realizando una buena labor desde los medios de comunicación?

-Por desgracia creo que el periodismo médico de calidad prácticamente ha desaparecido del papel, salvo honradísimas excepciones como es el caso del suplemento A TU SALUD. Echo de menos que existan más publicaciones en las que se escuche a los profesionales, pues es más importante lo que dicen ellos que lo que puedan aportar los políticos, tal y como está demostrando la pandemia. La saturación y la rapidez de la información en la prensa digital, sin un análisis preciso, crea un ruido mediático que puede resultar peligroso.

-¿La pandemia ha sacado nuestras peores vergüenzas sanitarias?

-Desde luego ha demostrado que no somos el mejor sistema sanitario del mundo, aunque sí el más eficiente, porque nuestros profesionales son magníficos a pesar de que trabajan en unas condiciones muy complicadas.