«Estoy viva gracias a los ensayos clínicos»

84 sesiones y una mezcla de fármacos novedosos permiten seguir con vida a una paciente de cáncer de pulmón

Inma Escriche, enferma de cáncer de pulmón
Inma Escriche, enferma de cáncer de pulmón FOTO: Gonzalo Pérez Mata La Razón

En 2016, Inma Escriche era directora de recursos humanos de una agencia de viajes. Comenzó a observar que le costaba subir las escaleras y que hablar alto le daba tos. Acudió al médico, que no observó nada anormal, por lo que tuvo que ir a Urgencias. Las pruebas mostraron que tenía una tromboembolia pulmonar y un pulmón encharcado y que debía ser ingresada. Nuevas –y dolorosas– pruebas mostraron que el diagnóstico era de cáncer de pulmón con metástasis en los huesos.

«El oncólogo me dijo que eran cinco tumores de adenocarcinoma de pulmón y que no había nada que hacer. Pero que me iban a hacer una biopsia y que, si el tumor era de un subtipo especial, podía incorporarme a un ensayo clínico en la Fundación Jiménez Díaz, de Madrid, para probar una nueva medicación. En mi situación, mi esperanza de vida era de cuatro meses. Me acordé de mis hijos, de 12, 14 y 16 años en ese momento», recuerda.

La espera hasta entrar en el estudio fue especialmente complicada, sobre todo por la burocracia, por el empeoramiento de la salud y por la falta de información. Además, se tuvo que someter a una biopsia que puso en peligro su vida. «Llegué, incluso, a plantearme no operarme y despedirme de mi familia. Salí de la operación enganchada a una máquina que me drenó líquido del pulmón durante tres días. Fue muy doloroso, era un 23 de diciembre y pedí el alta para pasar las navidades en familia», detalla.

Las muestras fueron enviadas a Estados Unidos y, tras ser aceptadas, siguieron más pruebas hasta que fue finalmente incluida en el ensayo a mediados de enero de 2017. El tratamiento consistía en una nueva combinación de quimioterapia con inmunoterapia. «Cuando me ofrecieron la posibilidad de participar, pensé que mi situación era muy grave y que iba a morir. Y que tenía sentido participar si mi enfermedad servía para que alguien estudiara y aprendiera y ayudara a otros. Lo tuve clarísimo, no me planteé otra opción, aunque en mi familia hubo dudas, consideraban arriesgado que probara un nuevo fármaco del que se ignoraba su eficacia. Yo dije que iba hacia adelante y me emocionó poder darle sentido a mi enfermedad y poder ser útil a la Ciencia».

Dar sentido a la enfermedad

Nunca había oído hablar de los ensayos clínicos y le asustaba –tanto a ella como a su familia– que fuera asignada a la rama de pacientes que reciba placebo. Es decir, que le administraran un producto inocuo para comparar el efecto del fármaco experimental en la otra rama de pacientes. «Luego supe que no es así, se compara el mejor tratamiento posible actual con el nuevo medicamento. Nunca te van a dar un placebo en un ensayo oncológico, pero entré pensando que podía ser así» aclara. Por este motivo, considera que es fundamental que se informe de manera correcta a los voluntarios que participan en los ensayos. De este modo, piensa que se facilitaría su participación.

«Llevo cinco años recibiendo los fármacos, en 84 sesiones. Una cada 21 días. Me han salvado la vida: la medicación ha conseguido frenar el cáncer. Y, cuando apareció un nuevo tumor en el otro pulmón, la inmunoterapia funcionó. De hecho, vimos que funcionaba porque solo quedaba la lesión causada por el tumor», describe.

Una de sus preocupaciones era el impacto en la calidad de vida y los posibles efectos secundarios de la medicación y dónde encontrar esa información de manera fiable. «Lo primero que te dicen es que no te metas a buscarla en internet. Y tienen razón: saber encontrar la información que te corresponde, no es fácil. Y no porque no esté ahí, sino que está la buena y la mala», advierte.

«Cuando me ofrecieron la posibilidad de participar pensé que mi situación era muy grave e iba a morir, pero que tenía sentido si ello servía para que alguien estudiara y ayudara a otro»
«Cuando me ofrecieron la posibilidad de participar pensé que mi situación era muy grave e iba a morir, pero que tenía sentido si ello servía para que alguien estudiara y ayudara a otro» FOTO: Gonzalo Pérez Mata La Razón

Por este motivo, recomienda buscar solo en páginas fiables, como las de la Asociación Española de Afectados de Cáncer de Pulmón (AEACaP) o la Asociación Española contra el Cáncer (AECC). Pero, como señala, «según vas aprendiendo, te das cuenta que el concepto “cáncer de pulmón” engloba diferentes enfermedades muy distintas. Hay que aprender a distinguir si la información que encuentras se refiere o no a tu subtipo de cáncer porque te puedes encontrar datos y noticias muy desalentadoras: las estadísticas están ahí y el cáncer de pulmón es el que causa más muertes. Pero cada persona es distinta y hay que saber buscar la información relevante de tu propia enfermedad».

Como recalca, un aspecto muy importante es que los tratamientos están permitiendo aumentar supervivencia de los pacientes con cáncer de pulmón «y hasta ahora, no se había planteado cómo mejorar su calidad de vida. En mi caso, la forma de hacerlo, poder formarme y poder ayudar a los demás fue a través de AEACaP». Inma entró en la asociación y se implicó hasta ser la delegada en Madrid, organizando numerosas actividades, seminarios de formación y mesas informativas y dado voz a los pacientes en conferencias y fotos. Recientemente, ha sido elegida vicepresidenta.

Progresión

La situación se mantuvo durante muchos meses, hasta el pasado mes de agosto, cuando apareció una nueva metástasis. Hubo que modificar el tratamiento, dejando la quimioterapia y volviendo a la inmunoterapia que había recibido al principio. Este abordaje permite estimular el sistema inmune del paciente para que sean sus propias defensas las que ataquen las células cancerígenas.

«Ahora llevo cinco sesiones de inmunoterapia, a las que hay que sumar las 79 de quimioterapia y las combinadas de quimioterapia más inmunoterapia. Todavía no está funcionando como esperábamos, porque sigo en progresión. Pero seguimos adelante con el tratamiento y me sigue emocionando que, pese a que no está funcionando todo lo bien que debería, se pueden seguir recogiendo datos de mi evolución», explica.

¿Cómo ha podido llevar todo este proceso? Su fe ha sido un pilar fundamental. Tal y como detalla, «he dado muchas charlas de testimonio sobre cómo categorizar los problemas y cómo mi fe me ha ayudado a poder llevarlo». Su presencia en redes sociales también es muy destacada y muchos pacientes se ponen en contacto con ella para contrastar información y para que les desmienta bulos. «A veces me recomiendan memeces absurdas sin ninguna evidencia científica. Algunos, por intentar ayudar. Y otros, para sacarme dinero con productos de webs extranjeras a precios desorbitados. Me parece lo más ruin intentar aprovecharse de los momentos de desesperación, en los que los pacientes intentan agarrarse a cualquier cosa».

El próximo 23 de diciembre, Inma recibirá su 85ª sesión del fármaco experimental.