El sudoku de llevar dos mitras a la vez

El Papa ha encargado a José Luis Retana que esté al frente de Ciudad Rodrigo y Salamanca manteniendo la estructura e identidad de ambas diócesis

El abulense Mons. José Luis Retana Gozalo, obispo de Salamanca y Ciudad Rodrigo
El abulense Mons. José Luis Retana Gozalo, obispo de Salamanca y Ciudad RodrigoRicardo Munoz Martin (Spain)Agencia ICAL

Cuando le ordenaron obispo, a José Luis Retana le entregaron mitra y báculo. Pero nadie le dio un manual de instrucciones ni de supervivencia para pastorear dos diócesis a la vez. El pasado lunes a mediodía, la Santa Sede anunciaba que el hasta ahora obispo de Plasencia pasaba a estar al frente a la vez de las diócesis de Salamanca y Ciudad Rodrigo. Bajo la fórmula vaticana llamada «in persona episcopi». Con una conjunción copulativa entre ambas que respeta su coexistencia, sin guión entre una y otra que dé signos de absorción. Las dos regiones se quedan sin prelado a tiempo completo, aunque quienes miran algo más que de reojo la decisión son los mirobrigenses, que temen que este sea el principio de una absorción de la capital grande que se come al municipio pequeño, después de ocho siglos con obispo en exclusiva. De hecho, en los últimos meses, se han escrito cartas al nuncio, al Papa y hasta al Rey para reclamar su autonomía.

«Me parece justo que defendieran tener un obispo propio, porque yo también lo haría, pero una vez llegados a este punto tenemos que empezar a trabajar todos juntos. Han sido unos días, no duros, pero sí intensos porque podía sospechar que podría no agradar una decisión que evidentemente no es mía», expone Retana a LA RAZÓN, tras digerir el revuelo inicial que vaticinaba una tormenta que parece rebajarse a nubarrón con vistas a cielo despejado en cuanto este lunes comience ya a pisar terreno castellano. «Estoy sereno y tranquilo, llego a tumba abierta para entregarme para que vean que estoy con todos, que no hay fusión alguna. Confío en que todo se diluya cuando me vean y se den cuenta que de que misión es quererles a todos y cada uno desde la entrega y predicar a Jesucristo», detalla. Además, no llega de nuevas a la provincia en tanto que ya capitaneó el Teologado de Ávila que se imparte en la capital por lo que conoce a parte del clero. «Siempre ayuda haber vivido en la misma casa, rezado en la misma capilla y jugado al fútbol», comenta sobre la necesidad de compartir el día a día para rebajar cualquier tensión y hacer comunidad.

Roma dictaminó que a Ciudad Rodrigo y Salamanca las uniría un mismo obispo, después de encargar un informe con 170 voces cualificadas, entre clérigos, políticos, periodistas… Unos a favor y otros en contra hasta llegar a la fórmula «in persone episcopi». «Está claro que no se ha tomado a la ligera», subraya Retana sobre esta modalidad que no afectará a la vida e identidad de los católicos salmantinos y los civitateneses, sean sacerdotes, religiosos o laicos. Su engranaje curial y su funcionamiento interno no se toca: gestionarán sus cuentas aparte, contarán con su vicario general, su consejo diocesano de pastoral… Prueba de esta independencia es que Retana tendrá una toma de posesión en cada catedral. Es como se traduce en lo cotidiano ese «en nombre del obispo», una singular solución a priori provisional que la Santa Sede toma en el caso de territorios eclesiásticos cercanos. «Soy el vínculo de unión y comunión entre Ciudad Rodrigo y Salamanca –apunta Retana–, pero también estoy llamado a que cada una conserve su identidad». ¿Solicitará Retana el don de la bilocación a la manera del padre Pío para llegar a cada rincón? «Estoy a punto de pedirlo», bromea el pastor: «Espero suplirlo con energía, trabajo y responsabilidad. Si la Iglesia me pide esta tarea, la voy a cumplir con todos los medios que estén a mi alcance».

La disminución de población en territorios rurales y en diócesis históricas que han perdido fuerza por este motivo ha llevado a reactivar este plan de reorganización desde el Vaticano, que ya se ha aplicado en siete diócesis en poco más de un año. Y prácticamente a la vez que se conocía el caso español, trascendía que también en Irlanda se ajustarán a este esquema. En nuestro país ya se aplica en Huesca y Jaca. En 2003, Juan Pablo II envió al hoy arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, a llevar las riendas de estas dos Iglesias locales manteniendo sus estructuras. El franciscano comenzó viviendo una semana en cada municipio, pero pronto descubrió que aquello no era práctico. Al final acabó dividiendo su semana como buenamente podía, tres días en una diócesis, otras tres en otro y el domingo como comodín. Dos casas abiertas y unos cuantos kilómetros a la espalda. «No es fácil, pero tienes que intentar que te sientan cerca aunque no puedas acompañarles todo lo que quisieras», recuerda Sanz de aquella etapa. Visión compartida con el actual obispo de las dos regiones aragonesas, Julián Ruiz Martorell, que no ve cambios en el horizonte. «Si así fuera, no podría ser con la figura canónica ‘in persone episcopi’», especifica. De llegar aviso de Roma, que no se espera, se hablaría de una solución de transición hacia la unión «aeque principaliter» o «plena unión».

Ambos coinciden en que hay un momento del año donde resulta especialmente complicado para desdoblarse: la Semana Santa. «El tiempo habrá que distribuirlo bien especialmente en las fiestas importantes, sea la Misa Crismal o el Corpus», aventura el nuevo obispo de Ciudad Rodrigo y Salamanca.

Por eso no es de extrañar que Retana se sienta más que nunca identificado con Miguel Ríos. «Los dos vivimos en la carretera», deja caer este obispo que ya está acostumbrado a patearse los 300 kilómetros que separan –o que unen, según se mire– Plasencia y Don Benito, dos de los extremos de la que ahora deja de ser su diócesis. Por eso no teme estar de un lado para otro, con dos casas abiertas. El salto de madurez que ha supuesto para todos la pandemia en cuanto a las reuniones digitales, también lo ve como un apoyo a este doble pastoreo. Eso sí, el hecho de que lleve dos diócesis a sus espaldas no significa que vaya a cobrar el doble. «No sé si me corresponde, pero no lo aceptaría. Cualquier ahorro para la Iglesia es importante», comenta Retana. «Creo que la gente no sabe realmente la austeridad con la que vivimos los sacerdotes y los obispos», apostilla.