La nueva pandemia: medicamentos falsos

Sólo en dos años se han registrado 1.510 casos de venta de fármacos no estandarizados. Los más consumidos son los que tienen que ver con desórdenes metabólicos

Una epidemia global de medicamentos falsos. Así de rotundo es el informe publicado ayer en el «American Journal of Tropical Medicine and Hygiene» sobre el comercio cada vez más extendido de fármacos fraudulentos. La venta ilegal de estos productos en todo el mundo podría estar causando entre 100.000 y un millón de muertes al año. Afortunadamente, España es uno de los países menos expuestos al problema. Aquí, el sistema de distribución de medicamentos impide que se detecten casos en el canal legal (hospitales, farmacias o parafarmacias), de manera que en la inmensa mayoría de los casos cuando consumimos una píldora podemos tener la certeza de que estamos ingiriendo exactamente lo que pone en la etiqueta. A pesar de ello existe una creciente tendencia a la compra de fármacos por canales no regularizados (por ejemplo, en internet), donde las posibilidades de fraude aumentan.

En otros países, sobre todo en los menos favorecidos, la distribución de medicamentos no cuenta con los controles de seguridad suficientes para impedir la penetración de productos falsos. Se considera un medicamento falso todo aquel que no cumple con la información que aparece en su etiquetado, bien porque no contiene todos los componentes que asegura contener, bien porque no ha pasado los controles de seguridad necesarios o porque, directamente, carece de principio activo alguno. Expertos de la Universidad de San Diego han querido analizar el verdadero impacto de esta práctica comercial ilegal y se han llevado una gran sorpresa: existen muy pocos estudios sobre la incidencia de los medicamentos falsos y el mundo carece de sistemas suficientes de monitorización de su procedencia y extensión. Oficialmente, entre los años 2009 y 2011 se registraron 1.510 casos de venta de fármacos no estandarizados. Se detectaron gracias al trabajo de una organización sin ánimo de lucro, Pharmaceutical Security Institute (PSI), con base en Viena y que trabaja para mejorar la seguridad de los productos sanitarios. Pero es obvio que las cifras oficiales no suponen más que un pequeño porcentaje de los casos reales. Si se suman a los fármacos falsos otras fuentes de preocupación como el uso indebido de medicamentos en países que no tienen autorización para hacerlo o el robo de cargamentos de los mismos para ser vendidos en el mercado negro, el PSI detectó en 2013 casi 3.000 episodios. Aún así, la cifra debe de ser mucho mayor.

Asia es la región del mundo donde más casos de uso ilegal de medicinas se registran. Curiosamente, el segundo puesto lo ocupa Europa. Los medicamentos falsos más consumidos son los que tienen que ver con desórdenes metabólicos (para combatir el colesterol, para reducir el sobrepeso, etc.). Les siguen los antivirales, entre los que destacan los medicamentos contra la malaria y el HIV. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, un tercio de los medicamentos falsos decomisados no contenían ningún principio activo y más del 20 por ciento presentaba cantidades erróneas de principio activo o ingredientes equivocados. Otras prácticas criminales descubiertas son el empaquetado fraudulento y la presencia de altas cantidades de impurezas en el preparado.

La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios cuenta desde 2012 con una estrategia específica contra este mal que transpone la directiva 2011/62 de la Unión Europea. Pero la venta de fármacos falsificados sigue siendo un negocio muy lucrativo y creciente a escala global. En algunos países en los que se han tomado medidas de control más drásticas, los resultados han resultado muy positivos. Ayer también se dio a conocer el primer estudio en profundidad de la penetración de antimaláricos falsos en Camboya y Tanzania. En ambos casos se detectó una disminución considerable de la venta de píldoras fraudulentas aunque un 31 por ciento de las muestras estudiadas en el país asiático y un 12 por ciento de las analizadas en el africano estaban siendo comercializadas por debajo de los estándares de seguridad y calidad exigibles.