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Citas célebres

Epicteto: "La felicidad depende de tres cosas: tu voluntad, tus ideas y el uso que haces de ellas"

El reconocido filósofo, voz del estoicismo antiguo, analizó la felicidad mediante una idea que se puede aplicar en pleno siglo XXI

Epicteto: "La felicidad depende de tres cosas: tu voluntad, tus ideas y el uso que haces de ellas" Agencias

Ser felices, en eso se basa todo. Nos pasamos la vida buscando la felicidad, que muchas veces no llega o no es de la manera que imaginábamos. Epicteto, una de las voces más importantes del estoicismo, explicó algo anhelado durante toda la historia, que es dónde se encuentra realmente esa preciada felicidad. Él tenía muy clara una idea que no ha variado siglos después: “La felicidad del hombre depende de tres cosas: tu voluntad, tus ideas y el uso que haces de ellas”.

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Su sentencia explica que bienestar no es fruto de la suerte o de bienes externos, sino del trabajo sobre la propia mente y la coherencia entre pensamiento y acción. Esto se refleja con su propia vida ya que Epicteto nació en Hierápolis y llegó a Roma como esclavo, Epicteto vivió la experiencia de la falta de control sobre muchas circunstancias externas. Tras obtener la libertad, enseñó filosofía en Nicópolis y dejó sus lecciones a través de discípulos como Arriano, que recogió sus máximas en el Enquiridión y las Disertaciones. Él tuvo poco y construyó mucho, explicando durante su vida varios conceptos mediante su experiencia.

Estos son los tres pilares de la felicidad

La frase descompone la felicidad como tres elementos dependientes entre sí. La voluntad alude a lo que podemos gobernar: deseos, decisiones y disciplina. Las ideas son nuestras creencias y juicios, el marco con el que interpretamos lo real. Y el uso remite a la traducción de esa voluntad y esas ideas en actos coherentes. Para Epicteto, cualquiera de las tres ausencias (voluntad débil, ideas erróneas o mala aplicación) compromete el bienestar.

Un principio del estoicismo es distinguir lo que depende de nosotros de lo que no depende. La voluntad pertenece al primer conjunto: es la esfera de la autonomía. Fortalecerla implica cultivar hábitos, enfrentar impulsos y elegir intencionalmente. En clave práctica, trabajar la voluntad es entrenar la resistencia frente a reacciones automáticas y priorizar acciones que reflejen valores, no estímulos momentáneos.

Las ideas configuran la forma con la que percibimos los hechos. Epicteto insistía en examinar las impresiones antes de reaccionar: muchas veces el sufrimiento nace no de lo externo sino del juicio que hacemos sobre ello. Corregir creencias irracionales, por ejemplo, valorar lo incontrolable como esencial, es un paso decisivo para reducir la angustia y recuperar serenidad. Las ideas son básicas, pero no suficientes para ser felices.

La clave está en convertir el pensamiento en conducta

Tener buena voluntad y creencias acertadas no basta si no se actúa en consecuencia. El uso es el puente entre la teoría y la práctica: traducir convicciones en hábitos. Epicteto entendía la filosofía como entrenamiento: ejercicios diarios para responder con coherencia ante las impresiones y, así, acercarse a la felicidad. Debemos realizar cada día las cosas que consideremos que realmente nos pueden hacer felices.

Así se puede aplicar esta frase en el siglo XXI

La reflexión de Epicteto tiene un fiel reflejo en la actualidad ya que se debe aplicar en problemas del día a día como la gestión del estrés, la toma de decisiones y la resiliencia. Varias ideas de la psicología actual, como la revaluación cognitiva, el establecimiento de rutinas o las prácticas de atención, coinciden con su enfoque. Está basado en revisar ideas, fortalecer la voluntad y practicar respuestas deliberadas.

Esta forma de actuar no es una fórmula mágica, sino una hoja de ruta. Epicteto propone una ética de la responsabilidad: trabaja tu voluntad, examina tus ideas y convierte ambas en actos coherentes. En tiempos de incertidumbre, esa receta sigue siendo útil: no promete controlar el mundo, pero sí enseña a gobernar mejor la propia vida.