Polémica
Fin de la excomunión para dos monjas de Belorado
Sor Paz y sor Adriana secundaron el cisma pero poco después huyeron de convento
La parábola del hijo pródigo, en «mood» Belorado. El arzobispo de Burgos, Mario Iceta, ha levantado la excomunión a dos de las religiosas díscolas de la comunidad clarisa que decidió romper con la Iglesia católica en mayo de 2024 para adentrarse en una deriva sedevacantista en la que continúan enredadas. Así lo ha confirmado LA RAZÓN, después de que se informara en la misa dominical a los feligreses de la parroquia de Santa María la Mayor y San Pedro Apóstol de la localidad burgalesa, así como a los conventos de la Federación de Clarisas de Nuestra Señora de Arantzazu.
Las dos exmonjas que se han reconciliado con Roma son sor Paz y sor Adriana, de nombre civil Teresa Roca y Adriana Gil. Ambas secundaron el documento cismático inicial, pero pronto se dieron cuenta de que algo no marchaba bien en la vía adoptada por la entonces abadesa, sor Isabel de la Trinidad. De hecho, fue en ese mismo verano cuando sor Paz, que era la vicaria de la comunidad, decidió marcharse del convento por desavenencias con la superiora. En octubre salió sor Adriana. Como llegó a reconocer el responsable de Comunicación de Belorado, Francisco Canals, ante la salida de Adriana, «al final esto es un Gran Hermano en el que la presión mediática y de los familiares puede con ellas».
Al parecer, tras unos meses en los que las dos mujeres necesitaron tomar distancia para asimilar lo que habían vivido, las dos mujeres decidieron de forma voluntaria iniciar un proceso de acercamiento y acompañamiento a la Iglesia que habría desembocado en lo que podría considerarse una vuelta al rebaño.
Hoy por hoy, ninguna de las dos es religiosa, pero sí son católicas de pleno derecho. Para ello, han cumplido los pasos exigidos por Roma para acabar con la excomunión: el arrepentimiento sincero del pecado cometido; en su caso, reconocer al Papa como autoridad, así como alinearse con la actual doctrina eclesial. Para ello, además del correspondiente propósito de enmienda, han participado en el sacramento de la reconciliación. Este tipo de cisma es uno de los delitos canónicos que puede levantar el arzobispo metropolitano sin necesidad de intervención directa de la Santa Sede.
Lo cierto es que, de las quince monjas que formaban parte de este monasterio de clarisas, hoy por hoy, solo quedan siete mujeres. La deserción más reciente tuvo lugar el pasado enero, cuando abandonó el grupo sor Myryam, Zaida Pinar, la cocinera del convento. La semana pasada anunciaba su intención de reabrir, ya como laica, el restaurante de la localidad asturiana de Arriondas que pusieron en marcha las exmonjas hace un año y que cerraron de forma sorpresiva en Navidad.
El regreso al redil católico de las dos exclarisas llega en el momento de mayor debilidad para la lideresa del monasterio y quienes la respaldan. Al desahucio de Belorado decretado por la Justicia sin posibilidad de recurso o aplazamiento para el 12 de marzo, se acumulan otros problemas como la investigación abierta por supuestos malos tratos a las monjas ancianas o los procesos acumulados por otras causas como la presunta venta ilegal de lingotes de oro. A esto se une la progresiva disminución de su equipo.