Un nuevo iPhone para alejar la alargada sombra del «padre»

Cinco años después de la muerte de Steve Jobs, Tim Cook se juega mucho con el iPhone 7

Cook anuncia la venta del iPhone 1.000 millones
Cook anuncia la venta del iPhone 1.000 millones

A Tim Cook le debe resultar muy complicado ser Tim Cook. No tanto por llevar sobre sus hombros el destino de la empresa más icónica del mundo, la que tiene más incondicionales, el fruto más deseado por la competencia, sino por la pesada carga que supone suceder en el cargo al alma de la empresa, Steve Jobs.

En apenas tres semanas, el 5 de octubre, se cumplen cinco años de la muerte de Jobs, un tiempo en el que su sucesor ha tenido que hacer frente a días buenos y días malos, a decisiones acertadas y otras no tanto, y a la sensación de un indisimulado declive de la empresa, cada vez más acorralada por una competencia -encarnada por la coreana Samsung- que ha olido, con razón o no, cierto aroma de vulnerabilidad.

Por eso la presentación, este miércoles, del nuevo iPhone 7 y del resto de novedades es tan importante. Para Cook es mucho más que una versión nueva de su teléfono de siempre. De la acogida que el nuevo dispositivo tenga en el público depende, y mucho, su prestigio en la empresa.

Porque la llegada del iPhone 7 tiene muchas lecturas que van más allá del campo meramente tecnológico. De momento, a Apple, la empresa con mayor capitalización de Wall Street, no le ha servido, ni siquiera de la mano de su alianza temporal con Nintendo, para crecer en Bolsa, ya que tras el anuncio perdió más de dos puntos y medio. Los inversores habían descontado ya todas las novedades, suficientemente anunciadas, y esperan ahora al recibimiento del mercado. Lo preocupante para Cook y su equipo es, sobre todo, la tendencia de los últimos tiempos, con una caída sensible en el último trimestre.

Por si fuera poco, en los últimos meses han ido creciendo los enanos y abriendo nuevos frentes que obligan a desviar la atención, como la guerra fiscal declarada por la UE y la multa de 13.000 millones por evasión fiscal.

Aún así, Apple tiene margen suficiente: es la empresa tecnológica con más ingresos, hasta llegar a los 233.000 millones (el doble que cinco años antes), disfrutó de unos beneficios de 53.000 millones y es la firma del sector con más activos, 239.000 millones. En resumen: desde la llegada de Cook el valor en Bolsa de la manzana mordida se ha duplicado. De su nuevo producto estrella dependerá el camino que se seguirá hasta ahora.

Las ventas del Iphone

El segundo elemento por el que el iPhone puede ser importante tiene que ver directamente con las cifras de ventas. Llega en un momento muy emblemático -casi todos lo son en Apple-, apenas unos días después de que Cook anunciara que se habían vendido ya más de 1.000 millones de iPhones de las distintas versiones, un anuncio que pretendía difuminar otra realidad: los ingresos recogidos por la venta de este producto en el segundo trimestre de este año habían caído un 23%. Inaudito en una empresa acostumbrada a los números negros.

Los motivos son muchos, y contra ellos lucha la multinacional de Cupertino. Uno de ellos, por supuesto, es el de la competencia, cada vez con mejores y más baratos teléfonos, aunque el pinchazo del reverso del iPhone 7, el Galaxy Note 7, ha proporcionado un inesperado motivo de alivio.

Al menos por la acogida inicial, el iPhone 7 parece haber roto una tendencia, casi más psicológica que real, que llevaba a pensar que las sucesivas novedades que Apple presentaba no dejaban de ser más que actualizaciones rutinarias de viejos productos. El nuevo responsable de Apple necesitaba un golpe de efecto que le colocara de nuevo al frente de la innovación, y parece con este dispositivo más preparado para lograrlo.

Porque los rivales aprietan. Samsung acapara ya el 25% del mercado y la legión de marcas chinas empuja los precios hacia abajo. Los coqueteos de Apple con el «low cost» han sido, este sentido, una apuesta arriesgada de la que aún están por ver todos sus resultados.

Si algo tiene claro el equipo directivo de Apple es que a la competencia se le gana con las armas de siempre, invirtiendo en innovación. Un último balance de sus primeros cinco años de «gobierno». En este tiempo, la empresa ha cuadruplicado el gasto de investigación y desarrollo ¿Será suficiente?