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¿Oprah debería ser presidenta de EE UU por ser mujer y negra?

Opinión

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11 de enero de 2018. 13:29h

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Gema Lendoiro 11/1/2018

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¿Estamos educando a nuestras hijas en el feminismo que queremos?¿les estamos enviando mensajes desde los medios, marketing y sociedad en general para que esto sea así? Comienzo a tener mis dudas. Suele pasar que los colectivos que son machacados desde hace siglos (y es una evidencia que las mujeres lo hemos sido y buena parte del mundo lo seguimos siendo), cuando las cosas cambian, ciertos sectores, generalmente los más reaccionarios, cambian el discurso para hacer exactamante aquello que criticaban y contra lo que luchaban.

Vayan por delante mis disculpas a las palabras “sororidad”, “empoderar” y “patriarcado” porque es leerlas y/o escucharlas, y salir corriendo. Y no por lo que significan, que al fin y al cabo solo designan una realidad absolutamente cierta, sino por el uso y sobeteo que, de ellas, se ha hecho. Alguna vez he estado tentada con la palabra feminismo pero me he resistido. Al fin y al cabo el feminismo me defiende a mí, a todas las de mi sexo y nuestros derechos. Obviamente lo suscribo y defiendo con uñas y dientes.

Lo que no defiendo y, además ya empiezo a atreverme a decirlo, es esa suerte de corriente ideológica que se ha apropiado del feminismo para convertirlo en una lucha encarnizada contra todo lo que sea hombre. Quiero pensar que son pocas pero lo cierto es que se las oye bastante. Y eso es preocupante. Básicamente porque ni todos los hombres son malos ni todas las mujeres son buenas. Que los hombres maltratan más a las mujeres que al revés, es una obviedad biológica y social. Ellos tienen más fuerza, más agresividad (testosterona) y han mandado siempre. Luego tienen todas las “ventajas” para ejercer esa dominación. Pero eso no significa que todos los hombres del planeta tierra sean sospechosos de ser unos maltratadores, unos malos padres, unos malos maridos y unos parias en general. Y eso es, justamente eso, lo que ciertas mujeres pretenden que se instale en el colectivo general y, lo que es peor, en el nombre del feminismo.

Para mí (y para muchas mujeres) el enemigo a batir son las diferencias por sexo y las injusticias sociales que de ello se derivan. Básicamente mi caballo de batalla hace años es, desde mi profesión, dar voz a todos aquellos profesionales que defienden la maternidad como una pieza vital en la estructura de la sociedad. Para mí es feminismo defender que las mujeres puedan gozar de una maternidad con una baja maternal larga y tranquila por muchos motivos pero casi todos están enlazados con la salud mental de la madre y, sobre todo, del bebé.

Es obvio que, además, defiendo todo lo que el feminismo logró incluso antes de que yo naciera. Ahora bien, lo que no apruebo y, además me tiene ciertamente preocupada, es esa corriente ideológica de un feminismo que plantea un escenario que me parece hasta pueril: aquél en el que todos los hombres son sospechosos de maltratadores, depredarores y malos por el mero hecho de ser varones y otro, en un plano superior, donde colocan a las mujeres, bondadosas todas ellas y siempre víctimas por el hecho de serlo.

Es por eso que ayer respiré muy tranquila al leer el manifiesto que hasta 100 mujeres francesas han firmado y en el que levantan la voz en contra de esta corriente que tiene como fin el machaque discriminado hacia el hombre por el mero hecho de serlo. En dicho manifiesto, firmado entre otras por Catherine Deneuve, Ingrid Caven o Catherine Millet, se dicen muchas cosaspero hay una, concretamente una, que me ha parecido que define muy bien el hartazgo de muchas:“si bien la violación es un crimen, la seducción insistente o torpe no es un delito, ni la galantería una agresión machista”. No puedo estar más de acuerdo.

¿Ustedes recuerdan cuando Leyre Pajín quiso que fuese un delito castigado con una buena multa piropear a una mujer por la calle? Yo sí lo recuerdo. Desde luego el texto tiene mucha enjundia y, si bien es cierto que es encomiable la labor del #metoo, al menos en su idea primigenia que es la de denunciar los abusos, estoy absoluta y totamente de acuerdo con Rachel Donadio, de Atlantic y sus declaraciones: «Como mujeres, no nos reconocemos en este feminismo, que va más allá de denunciar el abuso de poder y se ha convertido en odio hacia los hombres y la sexualidad»

Unos abusos que, como ella misma explica, serían difíciles de firmar sin jugársela en unos EE.UU. entregados a una cruzada rica en decibelios y emociones, y poco o nada partidaria de los matices. De la presunción de inocencia de los presuntos acosadores ni hablamos. No digamos ya de la tolerancia que generalmente exhiben ciertos sectores de la progresía intelectual hacia una religión, el Islam, que será muchas cosas, pero no, desde luego, baluarte de la liberación femenina.

Hay que diferenciar (y enseñar a las niñas a hacerlo), que no es lo mismo que un tío se ponga pesado queriendo quedar contigo que acusarlo de acoso o agresión sexual a quien te pone la mano encima de la rodilla. ¿Qué es verdad que no es lo mismo que te “acose” un jefe que uno que acabas de conocer es obvio. Si lo hace un jefe (más poder que tú) entonces es absolutamente diferente. En cualquier caso lo primero que deberíamos enseñar a nuestras niñas es a decir NO. Y si esa persona persiste y agobia, es cuando se convierte en un acoso. Pero el mero hecho de intentarlo, no lo es. Habría también aquí que hablar de la diferencia que hay en lo que percibimos cuando alguien que nos gusta nos corteja o cuando lo hace alguien que nos provoca rechazo o incluso asco. Ambos pueden estar haciendo lo mismo y lo que sentimos tiene una diferencia abismal. Acusar al segundo de depredador sexual (como mínimo) es arriesgado.

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Los mensajes que les damos a las niñas

¿Se acuerdan de la polémica de las faldas de los uniformes? Hubo un movimiento que pidió que se prohibieran porque fomentaban el machismo. Básicamente porque las niñas, al hacer deporte, saltar en el patio, se le ven las braguitas y eso hace que despierte el acoso de los niños. Francamente esto me recuerda a épocas muy pasadas donde se hacían responsable a la mujer (obligándola al recato), de la incontinencia del hombre.

¿Quienes han sido las sociedades que más han reprimido la libertad sexual de la mujer con la excusa de protegerla de las violaciones? ¿En qué se basa, exactamente, la idea de la mujer de vestir recatada más que en evitar la mirada lasciva del hombre? ¿Acaso hay algo más machista que pedirle a la mujer que sea recatada para que evite, en la medida de lo posible, padecer la incontinencia del hombre? ¿hasta dónde llevaba usted la minifalda, señorita, para que este hombre la violara? Esta ideología de género encuentra machista ciertos argumentos de películas así como cieras demostraciones del cuerpo femenino. Aquí se puede leer entero dicho manifiesto.

Y, sobre todo, ¿qué hacemos con la libertad de las niñas que sí quieren vestir con faldas? Yo tengo dos hijas y una las odia y la otra odia no poder llevarlas. Así nieve.

No me gusta, como madre de dos niñas que tengo y también de un niño, esa corriente ideológica que parece impregnarlo todo, hasta el ámbito de la ginecología. Sí. Por ejemplo, cuando este tipo de mujeres a las que no se les cae de la boca la palabra patriarcado, cada vez que no están de acuerdo con alguna decisión médica, sueltan la palabra y acusan al médico de machista y patriarcal. Desde luego soy una gran defensora de una atención humanizada en los partos, de no medicalizarlos si no es necesario pero de ahí a que eso sea machismo, media un abismo. O de ahí a que esos médicos sean machistas hay una zanja de intolerancia. Los habrá. Como habrá mujeres médicos machistas. Pero lo que son, más que probablemente, es médicos poco o nada actualizados. No me parece justo, además, meterlos a todos en el mismo saco.

Frases como: “pensar que el único que puede atender un parto es un hombre y, además, un ginecólogo, es patriarcado”. Vamos a ver, hoy día la mayoría de las mujeres elegimos a quién nos va a atender en un parto. Y algunas, en el ejercicio de su libertad, eligen a hombres que, casualmente, son ginecólogos. Creo que pedir libertad para elegir de la mujer y que, cuando ella decide que sea un hombre eso es machismo, es una profunda incoherencia. Otra más.

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Si es mujer, es bueno

Hoy todo es machismo. Y enseguida se conseguirán aplausos fáciles si se suscribe que algo hecho por un hombre que no nos gusta es machismo. Por ejemplo, si un tío te adelante en un semáforo porque se pica, dices que es machista y tendrás una ola de complacencia. De los que de verdad se lo creen y de los que no comulgan con la idea pero están acongojados por no seguir esa ideología.

Todo esto responde a la consigna oficial de lo que es políticamente correcto decir y suscribir y que pasa siempre por los colectivos que, históricamente, hemos sido machacados como las mujeres, los negros y los gays. Por ejemplo y enlazándolo con el tema de las intelectuales francesas; el discurso de Oprah en los Premios Globos de Oro y su alabanza. Desde luego dijo grandes verdades y defendió a las mujeres que históricamente han sido sometidas a la fuerza del machismo. Pero de ahí a que, gracias a ese discurso, sea una gran candidata a ser la presidenta de los Estados Unidos...¿por qué? ¿Porque es mujer y además, negra? Recuerden a Hillary...que muchos defienderon su candidatura precisamente porque era mujer, algo terrible desde le punto de vista del feminismo ya que Hillary era una buena candidata (ideologías aparte) por su trayectoria profesional, no por ser mujer. Lo mismo pasa con Michelle Obama, que podría ser otra buena candidata pero por su bagaje profesional, no por ser mujer ni muchísimo menos por ser negra. Eso es caer justamente en lo que criticamos, es la llamada discriminación positiva. Es poner a la mujer en un lugar de florero. Más que a la propia Melania Trump que, al menos no nos la venden como lo que no es y no engaña a nadie. Uno no puede ser merecedor de nada por su raza o su sexo. Es absolutamente disparatado.

La ideología denuncia y hace las mismas cosas a la vez. Si fuese un recurso literario sería un oxímoron. Por un lado pone el grito en el cielo porque los hombres, por el hecho de serlo tengan más privilegios (bien, estamos de acuerdo en eso), pero, para arreglarlo pone a la mujer en un altar por el mero hecho de serlo. Es decir, lo que en román paladino se llama vestir a un santo para desvestir al otro. El problema es que, en el medio de todo esto, se ha generado una corriente de opinión, una ideología, que genera un sentimiento de odio hacia el hombre, hacia todo lo masculino y que lo sitúa en la diana como sospechoso solo por ser hombre. ¿Se acuerdan cuando el gitano era el sospechoso en un robo siempre y eso era y sigue siendo racismo? Pues lo mismo pero aplicado al hombre.

Me he preguntado muchísimas veces por qué se ha revirado de tal manera todo esto cuando lo lógico es que, en la búsqueda de la igualdad lleguemos a eso, a igualar, no a bajar de un pedestal a un tío para subir a una mujer. No a bajarlo porque es hombre y a subirla porque es mujer. Es tan absurda una cosa como la contraria.

Va lenta pero a pasos firmes taladrando con su discurso una suerte de pensamiento único. La prueba está en que quienes se salen de ahí, de lo marcado, suelen ser atacadas como mínimo de machistas. ¿Catherine Deneuve lo es?

¿Oprah debería ser presidenta de EE UU por ser mujer y negra?

Y, tímidamente, despacio, voy llegando a la conclusión de que todo esto está enlazado con una búsqueda de destrozar a la idea de familia como la hemos conocido hasta ahora y, sobre todo, un ataque indiscriminado hacia la maternidad y a todo lo que de femenino y, ojo, feminista, conlleva.

Equivocada o no, lo que sí tengo claro es que no quiero que mis hijas crezcan odiando a los niños que en un futuro serán hombres y que tengan claro que, si un hombre no recoge la mesa o no hace al 50% las tareas del hogar, no implica que sea un maltratador, implica que ha sido muy mal educado por sus padres que, probablemente, han perpetuado estereotipos. Que si un chico les abre la puerta al salir del coche eso es galantería y no invalida en absoluto su posición de igualdad (también cedemos el paso a las personas mayores que nosotros. Que si un chico, cuando sean adolescentes, las acompaña a casa para que no le pasa nada, yo como madre me sentiré muchísimo más segura y tranquila y no por ello estaré tirando mi feminismo por la alcantarilla. Porque sí, es un hecho que nos violan más a nosotras (y nos matan) pero mi manera de cambiar el mundo no es “empoderando a mis hijas recomendándoles que vengan solas para que se note su feminismo” sino educándolas a ellas pero sobre todo a él, en una igualdad real.

La lucha por el feminismo debe ser la lucha por la igualdad, no por el odio a los hombres ni por el ensalzamiento hacia la mujer por una condición biológica que, además en ninguno de los casos, se elige. Y, desde luego no se logra odiando a los hombres o desnudándose para lograr que nos atiendan.

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