martes, 25 abril 2017
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Natalia Dicenta: ha nacido una estrella por Jesús MARIÑAS

  • Es un asombro y auténtico animal escénico. Ovaciones de cinco minutos premiaron y resumieron su gran trabajo  en «Al final del arcoiris», lo mejor que puede verse en Madrid actualmente.

 Es la actriz joven de la temporada recién iniciada, donde no faltan otros alicientes, como el trabajo de Millán en «Cinco horas con Mario», el texto de Delibes que supuso para Lola Herrera su constatación, como ocurre ahora con su hija metiéndose en la piel de Judy Garland. Natalia Dicenta evita la mímesis, no va de copia. Y aunque hasta llega a parecérsele físicamente,  tiene el acierto de hacer un trabajo personalísimo: hondo, trágico y hasta patético, sin que falten momentos de humor, acritud y repaso al repertorio de Garland. Para la mayoría supondrá un asombro semejante ductilidad y el esfuerzo incansable a lo largo de dos horas largas en las que Ricardo Cué –descubridor de valores danzantes como Cortés o Corella– elogió incluso el acento inglés de la intérprete.

Un estreno de superlujo por la categoría de su protagonista en el que Miguel Rellán apareció sin su característica barba, ésa que tanto enamora a Rosa María Mateo. «Cuánto la añoramos», se oyó que la piropeaban sin nostalgia al reconocer que marcó época y estilo entre las presentadoras.

Lola Herrera no podía de los nervios. Se la vio más tensa que en sus propios estrenos. Íntimos como María Ángeles Cáceres –peluquera de Herrera, de Cristina García Ramos y de Cayetana Guillén– quien comentó que «el bolsito que luce Natalia en el primer acto fue un regalo de su madre. Como la alianza hecha especialmente en Canarias». Lo contó ante una Verónica Forqué en pausa teatral. Está dispuesta a retomar la dirección y se la vio comunicando luminosidad, al igual que Arturo Fernández con sus aires de galán eterno. Presumía de 82 años ante una Carmen Urrestarazu de melena canosa. También estaban Enrique Cornejo y una  Massiel envisonada hasta los pies. Caco Senante se fue en la primera parte y se notó, porque abulta. A su lado tenía a la oscarizada Yvonne Blake, autora del rutilante vestuario sesentón. El esmoquin en «paillet» es de pasarela y recuerda a Broadway, como Natalia evoca la esforzada decadencia de aquella Garland protagonista de algo tan premonitorio como «Ha nacido una estrella». Es  también el caso de Natalia Dicenta que, hasta ahora, era tan sólo actriz. Qué gusto escuchar todos esos «bravos» y «vivas» que se ganó a pulso.  

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