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Dos letras por Cristina López Schlichting

Cristina L. Schlichting. 

Tiempo de lectura 2 min.

30 de abril de 2012. 02:32h

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A veces un par de nimiedades pueden constituir la clave de un cambio total. Imaginen una mujer sin incisivos a la que colocan los dientes frontales. O un mendigo al que calzan. Dos detalles resumen un universo. Algo así puede ocurrir con el cambio de letras que distinguirá los actuales CIE, los centros de internamiento de extranjeros, de los nuevos CECE, centros de estancia controlada de extranjeros. Aparentemente sólo un cambio formal, pero de hecho una esperanza para muchos emigrantes. En Semana Santa he tenido la oportunidad de visitar la prisión de El Acebuche en Almería y doy fe del dignísimo estado de nuestras cárceles y la transparencia de su gestión. No sólo la Prensa tiene acceso a ellas, también los capellanes y las ONG. La grandeza de un país se construye sobre sus principios y sus leyes. Y me temo que los CIE no estaban favoreciendo la reputación de nuestros principios.
Nadie puede saber a ciencia cierta qué ocurría entre sus paredes porque –y es gravísimo– ni la Prensa ni las organizaciones no gubernamentales tenían acceso a los centros de extranjeros. Me alegro de este cambio. Cosas elementales se anuncian en las nuevas disposiciones. Órdenes relativas al bienestar de las personas, la prohibición de su hacinamiento, su adecuada instalación, la dotación de servicios higiénicos, la regulación de horarios.
El día en que la condición de extranjero sea una excusa para el maltrato o la vejación de las personas, Europa habrá dejado de ser Europa y el nazismo habrá vuelto.

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