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Celia Mayer, el fallido «plan b» de Cultura

Reportaje / El teatro se levanta contra Carmena

El mundo de la escena se ha rebelado contra la gestión de los teatros municipales.

  • Durante la baja maternal de Mayer, que acabó el pasado febrero, la alcaldesa se hizo cargo del Área sin ningún sobresalto
    Durante la baja maternal de Mayer, que acabó el pasado febrero, la alcaldesa se hizo cargo del Área sin ningún sobresalto

Tiempo de lectura 4 min.

15 de marzo de 2017. 19:28h

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«Ha sido un error muy grave. Tiene que haber una responsabilidad de quienes no han hecho lo que debieron». El ya célebre episodio de dos titiriteros exhibiendo una pancarta con el lema «Gora Alka-ETA» ante decenas de niños en una plaza de Tetuán desató, en febrero de 2016, la indignación de Manuela Carmena. Celia Mayer, la responsable de la Cultura en la ciudad, había quedado señalada. Contra todo pronóstico, aguantó en el cargo... hasta hoy.

La inmunidad, en Medicina, se refiere al estado de resistencia del individuo frente a factores externos. Trasladado a la política madrileña, Mayer ejemplificaba mejor que nadie de qué va eso de la inmunidad y cómo es posible resistir en circunstancias adversas. Tantas veces en estos dos años ha sido rectificada por los suyos y tantas veces han pedido su dimisión los grupos de la oposición, que ningún nuevo escándalo o polémica parecía que puediese, a estas alturas de legislatura, moverle la silla... y ha sido el teatro el que lo ha provocado.

Muy al contrario, la excesiva dureza y extemporaneidad de algunos ataques sólo sirvieron para que, al menos de puertas hacia fuera, sus compañeros de Ahora Madrid cerrasen filas en torno a ella.

Nuria Espert dudó en una entrevista de que supiera leer. El último traspiés que lleva la firma de Mayer llegó esta semana a cuenta de la decisión de retirar los nombre de Aub y Arrabal de dos espacios escénicos municipales. Carmena apagó el fuego: «Las salas mantendrán su nombre».

Para encontrar el origen de la revuelta del mundo del Teatro contra el rumbo emprendido por el Ayuntamiento de Madrid y en materia cultural desatada esta semana hay que remontarse veinte meses en el tiempo y hacer una parada en la calle del Arroyo Bueno de la capital. 17 de junio de 2015. Una joven licenciada en Políticas acaba de aterrizar en el despacho asignado a la concejala-presidenta de Villaverde, en el sur de Madrid. Cuatro días antes, había recibido el encargo de la alcaldesa de gestionar este distrito, uno de los más golpeados por la crisis y el que soporta el mayor nivel de desempleo de los 21 que integran la ciudad.

Una llamada desde Cibeles lo cambió todo: Manuela Carmena había decidido que la presidenta de Villaverde fuera la nueva delegada de Cultura y Deportes. Los polémicos tuits publicados en el pasado por Guillermo Zapata obligaron a la ex jueza a rehacer su Ejecutivo apenas tres días después de asumir el bastón de mando.

El jueves 18 de marzo, Rita Maestre formalizó el relevo ante la Prensa: la hasta ese momento desconocida Celia Mayer sustituía a Zapata. Pocos podían imaginar que aquella primera gran decisión de la alcaldesa, su «plan B» para el área de Cultura, sería a la postre la que más quebraderos de cabeza le daría. ¿Acertó Carmena? Desde el entorno de Ahora Madrid, numerosas voces vieron en la destitución de Zapata una muestra de «debilidad». Desde la oposición ahora no tienen dudas: «Zapata hubiera sido mejor delegado de Cultura que Mayer», asegura una concejala del consistorio.

Como gran parte de la cantera de Podemos, Mayer se licenció en Políticas en la Complutense. Tiene el título de Experta en Políticas de Igualdad. Logró una beca predoctoral en el CSIC aunque no acabó su tesis. Habla inglés e italiano. Antes de su llegada a la política profesional, trabajó en una cooperativa. Activista del movimiento okupa, Patio Maravillas, fue una de las impulsoras, desde Ganemos (el ala más radical de Ahora Madrid) de la candidatura que condujo a Carmena a Cibeles.

Ya como delegada de Cultura, la lista de sobresaltos no ha hecho más que acumular nuevas entregas. Ordenó retirar una placa en recuerdo de ocho carmelitas fusilados durante la Guerra Civil y el monolito que homenajea al alférez provisional. Ambos monumentos fueron restituidos. Despidió a Juan Carlos Pérez de la Fuente, el primer director de un teatro municipal que no fue elegido a dedo en Madrid. En los tribunales, el Ejecutivo de Carmena reconoció como «improcedente» el cese. Dio forma a una cabalgata de Reyes duramente criticada por ser «un show politizado». Más tarde llegaron los títeres y, ahora, las Naves de Matadero. Y lo siguiente, el Fernán Gómez, del que quiere sacar el teatro para dedicarlo a la música.

El carrusel de polémicas llevó a Carmena a «intervenir» el área de Cultura y quizá por todo ello, a nadie le extrañó que fuera la propia alcaldesa la que asumiera esta concejalía durante la baja maternal de Mayer el pasado mes de octubre, algo que vuelve a hacer ahora, no sabemos si temporalmente o hasta el final de la legislatura.

Mayer volvió a mediados de febrero y en sólo unas semanas se ha hecho más que notar. Que se lo pregunten si no al mundo de la escena.

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