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No sin mis hijos

Tiempo de lectura 2 min.

01 de agosto de 2017. 23:43h

Comentada
Rosetta Forner 1/8/2017

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Lo habitual, es ponerse del lado de la mujer puesto que hay más mujeres maltratadas que hombres –ellos, no suelen denunciar, porque les da vergüenza. Y, la prensa no suele hablar de ello-. En el caso de Juana Rivas es fácil empatizar con ella. La verdad debe saberse. Empero, ¿cómo proceder? Las cosas, a veces, no son lo que parecen, ni parecen lo que son. En cambio, otras, parecen lo que son: si alguien te amenaza con arruinarte la vida, está claro que hay que tomar medidas, o sea, a grandes males, grandes remedios. Si Juana Rivas está escondida, por algo será. Su historia –es la de muchas mujeres-, me hace reflexionar acerca del por qué alguien, que abomina de su pareja, sigue con él. O, por qué, después de dejarle, decide un mal día, volver con él a cuenta de no se sabe qué razón. Uno de los grandes errores es esperar que él cambie. Quien debe cambiar es la persona que no es feliz en una relación. Ello significa asumir las riendas emocionales de su vida y largarse de una relación donde, como poco, no la aman como le gusta que la amen. Estar en pareja nunca debe ser más importante para la mujer, o para el hombre, que su bienestar emocional –por cierto, hay muchos hombres con el «síndrome de la mujer maltratada»–. Me gustaría ser el ángel custodio de Juana, saber qué guarda en su alma, poder ayudarla a que se esclarezca la verdad y se halle una solución ética tanto para sus hijos –ellos son los grandes perjudicados cuando los progenitores están en «guerra»–, como para ella. Ojalá se pueda demostrar que, su huida, está justificada.

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