Columnistas

Palabras y silencios

«El PSOE empieza a ver la luz al final del túnel», con estas palabras se refiere un importante dirigente al momento que vive hoy la organización socialista. Dentro de pocas semanas se cumplirán 138 años desde la fundación del Partido Socialista, y los últimos años pasarán a formar parte de las crisis que le han ido dejando algunas canas.

La recuperación política de los socialistas pasa por identificar como esencia reconocible en lo económico el Estado de Bienestar, embridar al capital financiero y redistribuir el poder y la riqueza en la sociedad. En lo político, debe volver a hacer bandera de la democracia representativa y de su sentido republicano.

En efecto, el significado de las palabras se desvirtúa con el uso incorrecto y el paso del tiempo. Así, la definición hegemónica de Libertad es la que se acomoda al ideario ultraliberal, esto es, la ausencia de limitaciones impuestas por terceros o por el Estado. Sin embargo, para un socialista es imposible que una sociedad sea libre si todos sus miembros no disponen de igual cuota de libertad, es ese caso, dejaría de ser un derecho para transformarse en un privilegio de unos pocos.

Algo parecido ocurre con el concepto de republicanismo. Pero el uso manipulado o desinformado de la misma palabra lleva a inconsistencias. Algunos países se denominan repúblicas, a pesar de que en muchos casos sean regímenes autócratas o dictatoriales donde el pueblo no es soberano. Al contrario, una monarquía parlamentaria sería república en sentido tradicional, porque la soberanía está en el pueblo que otorga más o menos atribuciones a un monarca no soberano. Sin embargo, en la práctica jamás se llama república a una monarquía.

El republicanismo de un socialista no se limita a la organización política del Estado, sino que se inserta en el libro de estilo de sus dirigentes y militantes. La arbitrariedad, la discrecionalidad, el movimiento asambleario o el poco respeto a las opiniones discrepantes son conductas antirrepublicanas. Por ello, además de una reconstrucción del relato del ideal social y económico socialdemócrata, los socialistas deben mostrarse como el partido republicano que protagonizó la construcción de la democracia. Eso se traduce en que no debe volver a contaminarse por otros partidos o movimientos de moda, que pueden parecer mas «rojos», pero desde luego, son menos de izquierda y nada republicanos.

En un partido republicano en sentido cívico tampoco tienen sentido las designaciones discrecionales, la elección de representantes tiene sus mecanismos establecidos que no deben ser violentados. Por eso no dejan de ser sorprendentes las declaraciones del portavoz de los socialistas en la Asamblea de Madrid, manifestando su deseo de volver a encabezar la candidatura madrileña. Transcurridos casi dos años desde las elecciones, la notoriedad pública de la acción parlamentaria es manifiestamente mejorable, el liderazgo social una quimera.

Ha habido importantes cuestiones como los acuerdos políticos con Ciudadanos, los intentos con Podemos, las relaciones con los independentistas o el sentido del voto en la investidura del Sr. Mariano Rajoy, en las que no ha existido ni presencia ni opinión, porque decir lo que se piensa siempre es un desgaste ante quien no comparte la reflexión. En el Partido Socialista no hay oligarquías, ni apellidos que merezcan por razón de derecho natural el poder político. Los líderes encabezan porque proponen ideas que la mayoría acepta y sigue. Ahora es momento de decidir el liderazgo nacional, pero las frases y los silencios no pasan desapercibidos.

SIGUENOS EN LA RAZÓN