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Fuga de electores a Ciudadanos

Tiempo de lectura 4 min.

01 de enero de 2018. 22:24h

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1/1/2018

La situación política en Cataluña ha marcado toda la agenda política del año pasado y todo indica que seguirá estando presente en este 2018 que acaba de comenzar. La evidente mejora de la situación económica y unas buenas perspectivas para este año, que hace que las perspectivas de crecimiento del PIB se sitúen en el 3,1%, según el FMI, y a pesar de las incertidumbres provocadas por el desafío soberanista de Cataluña, todo indica que este seguirá siendo el único tema a tener en cuenta en futuras citas electorales. Los aciertos del Gobierno de Mariano Rajoy en materia económica y creación de empleo –que sigue siendo el motivo de mayor preocupación de los españoles– parece no ser tenido en cuenta por los electores o no en la medida como esperaba el propio Ejecutivo. No hay que perder de vista para comprender la compleja coyuntura que estamos viviendo la coincidencia –aunque no casual– del proceso independentista y la mayor crisis económica sufrida en España. Como momento más dramático están las fechas de julio de 2006, cuando la prima de riesgo se situó en los 610 puntos y la de septiembre de ese mismo año, cuando Artur Mas propuso a Rajoy un nuevo pacto fiscal inasumible por la delicada situación financiera –y la amenaza real del rescate– y también constitucionalmente. Las pasadas elecciones autonómicas catalanas no eran el marco adecuado para hablar de programas económicos, de ahí que sea demasiado precipitado hacer una traslación mecánica de los resultados a una futuras elecciones generales. La victoria de Cs, en votos y escaños, ha sido inapelable, y un hito histórico a tener en cuenta porque es la primera vez que un partido que no viene de la tradición del catalanismo gana los comicios autonómicos, pero en el caso de unas elecciones legislativas entran otros factores. La tendencia de crecimiento de la formación naranja es evidente y continuará, según un sondeo de NC Report que publicamos hoy. Se situaría como tercera fuerza política, con un crecimiento de hasta 25 diputados, lo que le situaría en 57 escaños. De cumplirse estos datos, el partido de Rivera estaría por encima de Podemos, que podría perder más de 20 escaños de los 71 actuales y 1.592.538 votantes. El PSOE, pese a la caída en votos (287.846 menos), subiría hasta en ocho diputados. El PP seguiría ganando las elecciones, pero reduciría en 10 los escaños. Sin duda que una abstención del 49,2% afectará de manera especial a los dos grandes partidos españoles, populares y socialistas, y nos situaría en las elecciones con una participación más baja de la historia democrática. Es evidente que el efecto de la victoria de Cs en Cataluña juega a su favor, pero en unas elecciones generales es necesario presentar un programa de gobierno con políticas económicas y sociales más allá de la sempiterno problema territorial que no por ser importante debe falsear las perspectivas políticas de los partidos. Cs es el partido que más votantes retiene –encabezado por antiguos electores del PP– y tiene la ventaja que los recibe de todo el espectro, incluido de Podemos. Se confirma la tendencia a la baja de este partido, que, según el sondeo, agudizaría su caída en picado. No sólo no lograría el célebre sorpaso con el que quería superar al PSOE y situarse como segundo partido y referente de la izquierda, sino que es superado por Cs. El cambio de estrategia que impuso Pablo Iglesias en Vistalegre II no está dando frutos: llegaría a perder más de 1,6 millones de votantes. Además, su plan de liderar el fin del «régimen del 78» se hará esperar: PP y Cs suman la mayoría absoluta (184) y junto al PSOE dispondrían de más de los dos tercios necesarios para reformar la Constitución.

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