Comunicación

El noble arte de regatear

Los programas de empeños, un formato económico, copan las cadenas televisivas.

La lujosa Beverly Hills también se ha unido a esta fiebre
La lujosa Beverly Hills también se ha unido a esta fiebrelarazon

Los programas de empeños, un formato económico, copan las cadenas televisivas.

Los objetos son solo el comienzo de un negocio en el que la tensión, la estrategia, el esceptismo y la persuasión parecen ir unidos de la mano. Sus valedores, auténticos tiburones hambrientos de beneficio, conocen todos los secretos de la profesión y las hábiles estrategias de un sector en el que los clientes parecen sucumbir a las peticiones del comercio. Las verdaderas protagonistas: las casas de empeños. Empresas que prestan dinero a cambio de una garantía prendaria cuyo objetivo es el lucro. Una forma rápida y confidencial para obtener préstamos que se ha convertido en la gallina de los huevos de oro para las cadenas televisivas.

La telerrealidad parece haberse impuesto a la ficción y cada vez son más las cadenas que se unen a la búsqueda de programas que reflejen aspectos cotidianos -o no tanto- para el espectador.

Es el caso de los empeños, convertidos ya en un divertido espacio para la audiencia. «Es un formato que juega con el misterio y la intriga que cada uno de los espectadores necesita. Todos jugamos a adivinar cual es el precio total o por cuánto se va a vender un objeto y por lo tanto, una buena forma de interactuar con la audiencia», asegura Álvaro de la Torre, investigador y profesor en televisión.

Y es que, las casas de empeños y el concepto de segunda mano son ya nociones muy arraigadas en América y ciertos países de Europa. Sin embargo, en España aún choca pensar en el hecho de comprar un objeto usado. «Yo creo que en España no existe la tradición que hay en otros países. Sin embargo, el formato sí que ha despertado el interés de la audiencia», comenta el experto, y añade que, aunque el formato suscite cierta expectación, no cree que «se vaya a extrapolar a que vayamos a transformar nuestra cultura. No obstante, lo cierto es que cada vez son más los programas de este tipo». «Son rentables puesto que son espacios ya hechos», afirma. Pero, ¿es realmente este formato un chollo del que beben las parrillas televisivas? «Aunque no tenemos ninguno cien por cien español es un producto fácil de hacer, que resulta económico y que, además, da buena rentabilidad de audiencia a los canales pequeños de las cadenas generalistas».

«La casa de empeños», «Empeños a lo bestia», «El precio de la historia», «Los reyes del empeño» e incluso, «Empeños en Beverly Hills». Sí, el barrio más exclusivo de Los Ángeles, el lugar de residencia de casi todo aquel que es rico, famoso y poderoso también integra entre sus exclusivas calles un establecimiento poco habitual y se sube al tren de la que parece una potente tendencia.

Los ricos también empeñan

«El hecho de que haya un programa de negocios de este tipo en un barrio como es Beverly Hills hace que el formato resulte más atractivo. Hasta la gente rica a veces quiere conseguir dinero fácil y eso atrae mucho a la audiencia por el hecho de que ver cómo las clases más pudientes pueden recurrir a este tipo de negocios», añade el investigador. Parece que detrás de cada relato de compra-venta se encuentra también una historia personal de la que los espectadores se hacen partícipes.

En España, «Los reyes de los empeños», el formato que se estrenó inicialmente en laSexta, narraba las actividades diarias de dos casas de empeños. Un espacio que surgió como adaptación de los programas estadounidenses «Pawn Stars» y «Empeños a lo bestia» en un canal en el que no consiguió cautivar a una amplia cantidad de espectadores. Algo que si dió resultado en Mega y que, con bastante mejor aceptación, situó a la cadena como líder de audiencia los domingos, adelantando incluso a las series americanas. Algo que puede deberse, como comenta De la Torre, a que «la fragmentación de la audiencia ha hecho que podamos disfrutar de canales más específicos, dedicados a un público determinado, que normalmente no se siente identificado con los programas de entretenimiento y que con estos espacios ha visto calmadas sus ansias de tener un espacio de referencia».