Pon un Pipa en tu vida

“Esta misma semana, ellos junto a quienes ejercen de chófer, electricista, carpintero, decorador… gentes de vestuario, montaje, cátering, contabilidad y los propios artistas: músicos, actores, bailarines, cantantes y cómicos, han lanzado un SOS en las calles de 28 ciudades de España”

Los conciertos me gustan más que comer jamón, y mi metadona es poner el DVD de «Live Aid», la grabación pirata que a mediados de los 80 le trinqué al Sting en Londres o la que le hice en 1997 al concierto de los Rolling Stones en Málaga. Espectáculos como estos, los miles que se han celebrado, y celebrarán, grandes, medianos o pequeños, son imposibles sin los técnicos (conocidos como «Roadies» en el mundo anglosajón, «Pipas» en español). Esta misma semana, ellos junto a quienes ejercen de chófer, electricista, carpintero, decorador… gentes de vestuario, montaje, cátering, contabilidad y los propios artistas: músicos, actores, bailarines, cantantes y cómicos, han lanzado un SOS en las calles de 28 ciudades de España, porque el bicho los está jodiendo vivos, mientras parece que la administración pública dedicada a la cultura, encabezada por un ministro al que colocar un mote, «El Ausencias», no sabe, no contesta. Mientras otros sectores productivos las pasan canutas, los de la farándula ni te imaginas, y encima no cuentan ni con el marchamo de ser esenciales, aunque para ellos, como para todo bicho viviente, lo esencial es tener «pa» comer todos los días. Durante mis años de reportero Tribulete en conciertos de acá y de allá, tuve la suerte de conocer a muchos Pipas de todo tipo de artistas. He vivido buenos momentos con ellos y algunos malos: un grupo australiano de medio pelo, la emprendieron a golpes con su «roadie» de escenario durante un show porque ellos, y solo ellos, estaban tocando como el culo. He comprobado la evolución de la profesionalidad de los técnicos españoles, que desde hace años no tienen nada que envidiarle a sus colegas de fuera, en un camino de excelencia que en los 80 abrió un maestro como Miguel Ríos: «Quiero sonar y que se nos vea como a los mejores de los que vienen del extranjero», decía el de Granada. El «Pipa» de The Edge de U2, Keith Richards de los Stones y muchos de los que acompañan a las grandes estrellas, son más que su sombra; ayudan, comprueban, cuidan, les ponen los pies en la tierra y controlan; incluso he visto cómo Phil Collins no le daba a los tambores mientras Geoff Banks, su pipa, no se lo indicase. Hoy los pipas, trabajadores y empresarios del espectáculo de casi todo el mundo, sin comerlo ni beberlo, navegan en un Titanic a la mala de dios. El casco ya hace aguas, van al límite y sin ayudas. ¿Habrá alguien escuchando su petición de socorro?, ¿Hay alguien vivo ahí fuera?, que rockeaba Springsteen. No hace mucho mi apreciado Juan Antonio Rodríguez, de la histórica y malagueña «Espectáculos Mundo», todo un referente del sector en toda España, me contaba en la radio cómo se había emocionado mientras veía a su gente trabajar en uno de los poquísimos eventos que su compañía había montado este verano… Juan, le pregunté, ¿cuál sería el primer concierto que te gustaría disfrutar cuando toda esta mierda acabe?… «Uno de Niña Pastori», me dijo. Lo disfrutaremos Juan, lo disfrutaremos.