La contaminación provocará EPOC en personas sanas

Aunque no se trata de causa y efecto, los altos niveles de polución originan, a largo plazo y en personas sin patologías previas, enfermedades respiratorias y cardiovasculares

Aunque no se trata de causa y efecto, los altos niveles de polución originan, a largo plazo y en personas sin patologías previas, enfermedades respiratorias y cardiovasculares

Cada día una persona respira de media un volumen de aire de 12.000 litros. Los efectos negativos que esta cantidad tendrá sobre su salud depende de dónde los respire, pues desde 2012 la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluyó las emisiones diésel como factor de riesgo en patologías cardíacas. De hecho, de los 3,7 millones de muertes prematuras que cada año se relacionan con la contaminación atmosférica en todo el mundo, la OMS estima que el 80 por ciento se debe a la cardiopatía isquémica y a los accidentes cardiovasculares. «A largo plazo está comprobada la relación entre la baja calidad del aire y la aparición de ictus, infartos de miocardio y anginas de pecho», afirma Carmen Diego, neumóloga y coordinadora del Área de Medio Ambiente de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ).

La contaminación atmosférica también se vincula a patologías crónicas del sistema respiratorio. Un estudio sobre la calidad del aire desarrollado por la OMS atribuye a la polución el 14 por ciento de las muertes prematuras por enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), y el 6 por ciento a las originadas por un cáncer de pulmón. Entre las causas de estas enfermedades se encuentran las emisiones del tráfico rodado, las actividades de construcción y las emisiones industriales o de generación eléctrica, según el informe «Contaminación Atmosférica y Salud», del Instituto DKV de Vida Saludable.

Además de efectos a largo plazo, la polución también puede originar síntomas inmediatos como la tos o la dificultad para respirar. «Con el paso de los meses, la exposición a elevados niveles de contaminación puede generar tos, ataques de asma o ruidos en el pecho», destaca Diego. Estas consecuencias afectan sobre todo a los principales grupos de riesgo, es decir, los niños y las personas mayores. Las recomendaciones de los expertos tanto para estos sectores de población como para aquellas personas que practiquen deporte al aire libre son: evitar las horas puntas y los lugares cercanos a las autopistas y autovías.

Junto a las medidas preventivas, otro aspecto que podría minimizar las repercusiones de un ambiente contaminado es la lluvia, «porque, en el momento que llueva, las partículas desaparecen y el aire se vuelve más respirable», afirma Diego. Los resultados positivos de este fenómeno meteorológico son fundamentales para evitar complicaciones en aquellas personas que ya padecen una enfermedad respiratoria crónica. Por ejemplo, en pacientes con EPOC, la contaminación puede empeorar los síntomas asociados a la enfermedad, como la disnea, es decir, la dificultad para llenar los pulmones de aire. «En personas con patologías respiratorias crónicas, el médico debe tener en cuenta el ambiente donde viven como un factor de riesgo más», señala la neumóloga de Separ.

Todos los consejos y medidas preventivas podrían ayudar a reducir las 27.000 muertes prematuras que cada año se producen en España asociadas a la polución, según la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA). «Además de la elevada tasa de mortalidad, un contexto contaminado también se relaciona con el aumento de los ingresos hospitalarios y de las visitas a los sistemas de urgencias», añade la coordinadora del Área de Medio Ambiente de Separ.

En este sentido, el Instituto DKV recomienda en su informe medidas como la peatonalización de extensas áreas urbanas, optimizar en casa el uso de la energía o el lavado de las calles próximas a obras de construcción. Este mismo estudio destaca que la relación entre salud y contaminación podría cambiar en la próxima cumbre sobre cambio climático de París COP21, que en diciembre reunirá a 198 países en busca de un nuevo acuerdo internacional sobre el clima.

Alergia en la ciudad

La baja calidad del aire también se presenta como un factor clave en el aumento de las enfermedades alérgicas, ya que afectan al 40 por ciento de la población, según la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic). El aumento de su incidencia se encuentra íntimamente relacionado con el incremento de la contaminación en las ciudades. «Estas afecciones se vinculan a las emisiones diésel, por lo que a medida que haya más coches, también va a diagnosticarse a más alérgicos», afirma Ángel del Moral, director del Comité de Aerobiología de la Seaic. Prueba de ello es la aparición en las últimas cuatro décadas de nuevos diagnósticos por asma y por renitis alérgica, que actualmente afecta a cerca del 25 por ciento de la población.

Estas patologías poseen una mayor prevalencia en las ciudades que en el campo, a pesar de que es en este ámbito donde existe un mayor número de plantas. «Este aspecto se explica porque la contaminación modifica la composición química de las plantas, las cuales son capaces de generar pólenes más agresivos», resalta del Moral. El resultado es la aparición de una vegetación más alérgica que agrava los síntomas de los pacientes, originando problemas para respirar o crisis de asma. Efectos que adquieren una mayor importancia en los niños, por lo que alergólogos aconsejan que sus zonas de juegos estén aisladas de aquéllas en las que existe una mayor concentración de tráfico.

La gravedad de estas consecuencias sobre la salud de los alérgicos depende de la época del año, donde los niveles de pólenes aumentan o disminuyen. Si bien en otoño y diciembre existe un menor riesgo de que la polución afecte a su sintomatología, los efectos sobre los pacientes pueden ser considerables si la contaminación se mantiene en primavera. «Menos mal que el repunte de los niveles de polución en las grandes ciudades no ha ocurrido en febrero, porque los resultados habrían sido el aumento de ingresos hospitalarios y un mayor consumo de fármacos», advierte el director del Comité de Aerobiología de la Seaic.

Para evitar estas consecuencias, los expertos consideran que un mayor control de la polución podría mejorar la calidad de vida de los asmáticos, disminuir las hospitalizaciones, el gasto farmacéutico y aumentar el rendimiento laboral y escolar. «Los efectos se verán a largo plazo, por lo que hay que concienciar hoy sobre los problemas que puedan aparecer en el futuro», afirma la neumóloga de Separ. En cuanto a las complicaciones que la contaminación puede originar en las próximas décadas, los alergólogos destacan que actualmente se está estudiando la relación entre la polución y la composición genética. Estas investigaciones consideran que los genes humanos pueden ser influidos por factores ambientales, que los modifican y los hacen más susceptibles a enfermedades alérgicas. Es así como la baja calidad del aire se sumaría a la dieta y al humo del tabaco como elemento que genéticamente pueda predisponer a padecer estas afecciones.

Para prevenir el aumento de alergias y enfermedades respiratorias, los expertos defienden un abordaje integral de la relación salud y contaminación que persiga tres objetivos: reducir la mortalidad, mejorar la calidad de vida de los pacientes y evitar la aparición de nuevos diagnósticos.

Los niños, un grupo de riesgo

La contaminación ambiental afecta al desarrollo de los niños, porque los efectos de determinados contaminantes, fruto de la combustión de los hidrocarburos principalmente, son «más graves en los más pequeños», según explica Ivan Carabaño, jefe de Pediatría del Hospital Universitario Rey Juan Carlos y Hospital General de Villalba. «Esto se debe a que la vía aérea de los menores de tres años se muestra más reactiva antes los agentes irritantes», añade, lo que implica un mayor riesgo de desarrollar bronquitis y reactivaciones de cuadros asmáticos. Los más pequeños tienen una mayor predisposición a desarrollar más infecciones puesto que «la contaminación hace que los cilios (unos pelitos muy finos que revisten la vía respiratoria por dentro) funcionen peor, lo que aumenta las tasas de catarro, otitis media y neumonía», apunta Carabaño. Esta predisposición se ve potenciada porque los gases y contaminantes ambientales generan un efecto de red en el aire en estos agentes infecciosos, con lo cual es más fácil infectarse de ellos. Asimismo, hay que tener muy en cuenta las consecuencias indirectas de la contaminación atmosférica como puede ser un menor descanso nocturno, debido a que la tos irritativa es más acusada por la noche. Por este motivo, continúa, «hay mayor somnolencia por el día, que es el momento en el cual el niño está en el colegio»,y su capacidad para centrarse será menor. Un factor que si se sigue perpetuando, hay un riesgo potencial de fracaso escolar, que se une al aumento del absentismo escolar por enfermedades causadas por la polución. Más allá de las medidas que se adopten desde las Unidades de Salud Pública, los médicos aconsejan «limitar la exposición al aire, especialmente en el medio urbano, en los grupos de mayor riesgo», es decir, los menores de tres años y aquellos niños con asma grave o de difícil control.