Diada: manipulación, radicalización y odio

Por David Muñoz Lagarejos

Un año más se celebró la Diada en Cataluña. Una fiesta autonómica que debería ser para todos los catalanes, pero que en los últimos años se ha secuestrado por parte de los partidos que tienen como objetivo la independencia de Cataluña, los nacionalistas convertidos en independentistas. La Diada debería ser un día de unión de todos los catalanes, pero dicha fiesta se ha convertido en la extrema exaltación de la identidad catalana. Bueno, eso se suele pensar, pero la realidad es bien diferente.

En realidad, en estos años, la Diada se ha convertido en la exaltación del odio hacia lo ‘español’ (los independentistas lo son, aunque crean que no) y el beneplácito hacia todo aquel que camine con una ‘estelada’ al cuello (o propaganda independentista), aunque esa persona no tenga nada que ver con Cataluña, ya que lo que importa no es la identidad catalana y resaltar lo ‘catalán’, como se suele pensar, sino simplemente que se apoye la causa independentista, cayendo en una doble visión, según interese.

La manipulación de la Diada en manos de los independentistas surge al confundir adrede lo que ocurrió en 1714, en el contexto de la Guerra de Sucesión. Los independentistas hacen creer que fue una batalla entre Cataluña (que resistió más tiempo que otros que también apoyaron al archiduque Carlos) y el resto de España, ya en manos de Felipe V. La realidad es que fue una guerra entre los partidarios de ambos aspirantes a la Corona, pero no entre Cataluña y España. Como bien decía Luis Suárez hace unos días en las páginas de LA RAZÓN, “no se trataba de defender la independencia del Principado [de Cataluña], sino de ajustar las estructuras políticas de la Monarquía a las necesidades del cambio en Europa”; básicamente que “en 1714 no se hallaba en juego ninguna pretensión de independencia sino el modelo a adoptar por la nueva Monarquía”.

Unido a la caída de apoyos electorales a los partidos que llevan en su agenda la desconexión con el resto de España, este año también se ha producido una caída en la asistencia a los actos de la Diada. Pese a caer, a priori, el apoyo independentista, hay que tener cuidado, pues demuestran ser cada vez más radicales, avivados por la facción más radical de Podemos y ERC, junto a los anticapitalistas de la CUP, que son los que más exponen sus planes de desobediencia al resto del Estado a partir de la radicalidad y el extremismo.

Queda claro que el camino del independentismo catalán, mientras siga en manos de la extrema izquierda de ERC, la CUP y si se suma Podemos, será la mentira, el adoctrinamiento, la manipulación histórica y el odio hacia el resto de España. Por otro lado, el pensar que la independencia solucionaría todo tipo de problemas ipso facto, a golpe de varita mágica, con políticas anticapitalistas, que doblegaría a los catalanes bajo un yugo mayor que la supuesta «opresión del Estado español». De locos.