Yihadismo: un momento terrible para ser musulmán y joven

NIZA (FRANCIA).- Multitud de personas se detienen ante las flores y velas depositadas en el Paseo de los Ingleses en recuerdo a las víctimas
NIZA (FRANCIA).- Multitud de personas se detienen ante las flores y velas depositadas en el Paseo de los Ingleses en recuerdo a las víctimas

Por Luz Trujillo

El terrorismo yihadista ha puesto su punto de mira en Occidente. En sólo dieciocho meses Francia ha sufrido tres atentados, el último recientemente en Niza. Europa se pregunta cuándo y dónde será el siguiente, hay miedo pero también dolor y rabia por tantas muertes inocentes sin que sus diferentes gobiernos, constreñidos en el análisis actúen con determinación.

Para combatirlo es imprescindible buscar la raíz del yihadismo, que al contrario de lo que muchos suponen no es un fenómeno nuevo. Los fundamentalistas islámicos, tanto suníes como chiíes intentan desde hace más de medio siglo imponerse en todo el mundo musulmán, incidiendo especialmente en los sectores moderados que tienden a converger en algunos aspectos de convivencia con el mundo cristiano occidental. Debido a esta lucha por alcanzar la hegemonía, los primeros enemigos de los musulmanes son los islamistas radicales que confrontan bélicamente en oriente próximo y en regiones de África.

Esta pugna de ortodoxias se ha convertido de hecho y por derecho desde hace tiempo en un problema global para el cual ni políticos ni analistas ofrecen una respuesta unánime o que al menos convenza, al margen de la resignación y la solicitada prudencia ciudadana, a las principales víctimas de las coordinadas acciones terroristas.

Los ataques a los intereses occidentales comenzaron mucho antes del terrible atentado perpetrado contra las Torres Gemelas en septiembre del 2001 por la organización yihadista Al Qaeda. Cuando su líder Osama Bin Laden fue abatido por los americanos, la organización apenas tuvo actividad; sin embargo de ella surgió una nueva rama en Siria e Irak llamada Estado Islámico que ha conseguido seducir a cientos de jóvenes musulmanes para su sangrienta lucha.

El arabista libanés Fawaz A. Gerges lo describe perfectamente en su libro El viaje del yihadista. Dentro de la militancia musulmana: “Esta es una época terrible para ser musulmán y joven. La mayoría de ellos se sienten profundamente deprimidos, incapaces de hacer realidad ni la más simple de sus aspiraciones. En sus países de origen están política y socialmente oprimidos, sin posibilidad de encontrar empleos que les permitan alquilar un apartamento e incluso casarse. En el extranjero se les encasilla en términos raciales, son vistos como mensajeros de una plaga de nihilismo que hace aconsejable su aislamiento”.

Apenas se conoce la cifra de estos jóvenes afincados en Occidente que viajan a Siria, en donde son entrenados para volver a sus países de origen y atentar en cualquier momento. Las redes sociales y su impacto en materia de comunicación es una potente herramienta para los yihadistas a la hora de captar a quien ha nacido en el seno del Islam y descubre un movimiento radical que le resulta atractivo o son conversos que encuentran una salida a sus problemas de identidad.

La realidad es que con todos estos factores acabar con el terrorismo no va a ser tarea fácil, pero sí es posible combatirlo de manera más eficaz. Los gobiernos en coordinación disponen de medios para ello. Que no se duerman en el sueño de los justos.