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El efecto Bloomberg

El ala populista del Partido Demócrata, es decir, Elizabeth Warren, Bernie Sanders, Alexandria Ocasio–Cortez, ha reaccionado de manera coral cuando Michael Bloomberg anunciaba hace pocos días que mantenía abierta la posibilidad de presentarse a las primarias demócratas para derrotar a Donald Trump. Todos han señalado que prefieren a los billonarios fuera de la campaña porque solo piensan en sus intereses y no son realmente o, mejor dicho, rotundamente progresistas. De poco ha servido que Bloomberg, ex alcalde de Nueva York y propietario de una de las corporaciones informativas más solventes del mundo, haya calificado al actual presidente de Estados Unidos como una “amenaza sin precedentes”. Ni que el otro candidato demócrata centrista, ex - vicepresidente y líder de las encuestas, Joe Biden, haya recibido la noticia con tranquilidad y respeto. Según los demócratas populistas para combatir a Trump hay que utilizar los mismos mensajes demagógicos, pero desde la narrativa izquierdista de la confrontación: entre pobres y ricos; entre los climáticamente sostenibles y los fabricantes de plásticos y petroleros; entre los progresistas del planeta unidos y los fascistas del mundo, que están por todos los lados.

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La posibilidad de que los candidatos centristas y moderados puedan arrebatar a los populistas el tesoro de la posesión de la verdad, ahora post marxista y por tanto no contraria a la constitución liberal norteamericana que con 250 años de antigüedad sigue considerando al ser humano libre e igual ante la ley, aterra a los nuevos ideólogos de la nueva sociedad. Para ellos el centro es la mentira, es como la derecha, es la peor de las opciones porque suaviza (como el opio) las emociones (del pueblo) que son el alimento de los profetas de esta era. La cuál es para ellos la era de la gloria de las patrias y las naciones sin voz; del cambio instantáneo, en unos meses, del mundo irrespirable que producimos los capitalistas hacia un mundo feliz sin beneficios; del fin de la muerte y de la vida eterna en las redes sociales. El paraíso populista, en definitiva.

Decían los antiguos analistas políticos, pre populistas y por tanto centrados y equivocados, que en las campañas electorales se movilizaba a los votantes de las alas ultra - conservadora y ultra - izquierdista para después gobernar desde el centro. Es decir, desde posiciones donde lo individual y lo social convergen; los impuestos se equilibran en función de la situación económica; se impulsa a las empresas; se defienden los valores comunes, se respetan las leyes y las Constituciones y se protege a los ciudadanos frente al crimen, la violencia y las algaradas. Desde el centro, decía Felipe González que se gobernaba. Desde el centro gobernó Barack Obama después de movilizar a los sectores americanos menos convencidos de que la democracia sea el mejor sistema de progreso, para inyectar después al sistema bancario norteamericano 800.000 millones de dólares que reactivaran la economía tras la crisis provocada por los especuladores, populistas también pero del mercado, en el 2008.

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La presencia de Bloomberg y Biden y de otros centristas, tanto demócratas como republicanos, en la campaña de 2020, hará que los debates se enriquezcan, se moderen y se equilibren. Si así fuera, la dialéctica no será entre patriotas y liberales, sino entre populistas y liberales de uno y otro partido. Algo que tampoco gusta nada en absoluto a Donald Trump que se refiere a Michael Bloomberg como el “pequeño Michael”. Aun cuando la fortuna del billonario demócrata supera en 17 veces la del magnate populista republicano. Narrativas.

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