El pasado sólo se vive dos veces

En la era de la posverdad, el protagonista en los medios de comunicación es Donald Trump. Pero según muchas interpretaciones, quien maneja los hilos de la comunicación global, de las fake news y de la propaganda en los estados herederos de la postguerra fría, es Vladimir Putin. Una imagen con la que el gobierno ruso no está nada de acuerdo y que achaca a la rusofobia de los medios occidentales, a la historia de Europa y al orden global heredero de los años 90, ahora en crisis.

Así podrían resumirse las causas que expuso el Primer Consejero de la Embajada de la Federación rusa en España, Mikhail Rossyisky para explicar la presión que recibe su país en medios y foros internacionales. Lo hizo durante la actividad sobre la Imagen Exterior de Rusia que ha tenido lugar en la Semana de la Comunicación de la Universidad Europea, y que ha contado también con la presencia de Santiago Velo de Antelo, Presidente de la Academia de la Diplomacia y director de la revista Diplomacia, con Alexander Tchernosvitov, director del Instituto Pushkin y Eduardo Gushchin, corresponsal de Komsomolskaya Pravda.

En opinión del Dr. Rossyisky, “la historia de la propaganda es muy reveladora” y permite ver cómo la prensa y los líderes europeos han sido tradicionalmente muy críticos con el imperio ruso primero y con el estado soviético y ruso después. Destacando su ferocidad, su acecho a los intereses de los europeos. En opinión de Santiago Velo de Antelo tales críticas son más “un producto de la imperiofobia que no sólo han vivido los rusos sino también España y otros países, como en la actualidad los Estados Unidos”.

Para el Director del Instituto Pushkin, Alexander Tchernosvitov, el problema no es solamente histórico sino producto de una política internacional que ha pretendido establecerse sobre la unipolaridad y los valores occidentales “sin respeto por los valores de cada país y cada pueblo”. En su opinión en los años 80 se rechazaron las propuestas de Gorbachov para reconducir el equilibrio global y el resultado fue una debacle ara Rusia, pero que ha terminado por destruir también el modelo europeo.

El auditorio universitario fue crítico con algunas interpretaciones de los ponentes y se formularon preguntas sobre la libertad de prensa y expresión en Rusia y sobre la situación de las libertades de colectivos como el LGTB. Igualmente se trataron cuestiones de carácter global como la guerra de Siria en donde se dejó entrever la imposibilidad de encontrar un sustituto de El Asad, o en asuntos como los conflictos del futuro “los cuáles tendrán que ver con otros recursos diferentes del petróleo, como probablemente el agua”, afirmó finalmente el representante de la Embajada rusa en España.