Puig y su ejército de enchufados

El mismo empeño que puso el Partido Popular por contener el gasto cuando recogió un país arruinado por la gestión del PSOE es el que ahora ponen algunos gobiernos autonómicos en aumentar ese gasto de los recursos públicos en cuestiones que en poco ayudan a mejorar la vida de las personas.

El Gobierno valenciano que encabeza el socialista Ximo Puig –en el que cohabitan Compromís y Unidas Podemos con Mónica Oltra y Rubén Martínez Dalmau como cabezas visibles de esas formaciones políticas– no ha perdido ni un minuto en pensar la manera de solucionar todas las problemáticas que sufren los valencianos y que fueron incapaces de arreglar en la pasada legislatura. Sí se ha empleado a fondo, sin embargo, en estudiar cómo dar forma a un ejército de enchufados en la Generalitat altamente improductivo para los intereses de los ciudadanos.

La estructura que está creando esta reedición del pacto en el Ejecutivo autonómico no se recuerda por estos lares, y no se recuerda porque jamás existió, ni siquiera en las mejores épocas de bonanza económica. El Gobierno valenciano de la segunda legislatura de Ximo Puig debuta a lo grande con 81 nóminas más y no estamos hablando de funcionarios y técnicos sino de asesores y enchufados.

Resulta preocupante contemplar que la prioridad para este tripartito –que se reparte entre el PSOE más escorado a la izquierda, los nacionalistas y los antisistema de extrema izquierda– es rescatar a personas de su órbita ideológica y olvidar a las que más lo necesitan y sufren en la Comunidad Valenciana con las políticas ineficaces de este Consell.

La Generalitat Valenciana va a pagar 13,5 millones de euros en sueldos para los altos cargos y los asesores. En total 137 altos cargos y 116 asesores son los que ha aprobado el Gobierno autonómico valenciano, sin ningún rubor, mientras el paro está aún a niveles que no permite alegrías a las familias y la economía trata de recuperarse pero no al ritmo que se necesita para ir borrando las huellas de la tremenda crisis que atravesó nuestro país.

Esa estructura de personal desmesurada no piensa en las personas y mucho menos en el método para que el dinero público y los recursos que genera la Administración autonómica se emplee de manera eficaz y eficiente. Es simplemente una vergüenza y va en sentido contrario a lo que reclaman las instituciones europeas y también contra lo que piden las autoridades nacionales competentes en materia económica respecto a la contención del gasto.

La apuesta descomunal de contrataciones a costa del erario público sólo persigue fines políticos de encaje de las tres formaciones que componen el Gobierno valenciano. Las conversaciones entre Puig, Oltra y Dalmau deben ser del estilo de: «yo tengo un conseller, yo un secretario autonómico, pues yo un director general. Y para compensar dos asesores para ti, tres para mí y uno para que Podemos no se queje demasiado...»

Resulta grotesco que esta compra de voluntades políticas, de satisfacer intereses partidistas y establecer una paz política en los diferentes territorios de la Comunidad Valenciana se tenga que ver reflejada en este aumento desproporcionado de las nóminas para afines con el dinero de todos los valencianos.

Y ese es el drama para los ciudadanos. Ya pueden comprobar que en esta legislatura lo importante son los enchufados y los equilibrios políticos entre la coalición de izquierda nada moderada.

Si a día de hoy tenemos a 13.800 niños valencianos estudiando en barracones: no les importa. Si las listas de espera en Sanidad aumentan ya hasta las 66.848 personas: no les importa. Si son más de 22.000 los ciudadanos que están esperando a ser reconocidos por la Ley de Dependencia: no les importa. Y si la llegada del verano viene acompañada por el cierre de 3.000 camas en el sistema hospitalario valenciano: no les importa.

Los valencianos no les importan. Al Gobierno autonómico de Ximo Puig sólo le importan los suyos, esos 253 elegidos, pero los otros casi cinco millones de valencianos son invisibles para las políticas del Botànic II.

Es ese menosprecio a las personas el que les ha hecho perder bastante apoyo en una sola legislatura y el que acabará con sus huesos fuera del Palau de la Generalitat porque gobernar pensando en aumentar el grosor del capítulo de personal es fácil y lo hace cualquiera. Lo difícil es esforzarse en mejorar la vida de las personas y en prestigiar la labor de los políticos pero con actitudes como ésta, por supuesto, que los ciudadanos no nos tienen en gran estima.

La parálisis de la gestión se extiende en el historial del Gobierno valenciano que preside Ximo Puig y eso empieza a calar entre la ciudadanía que ve con asombro, además, cómo los consellers llevan más de medio año eludiendo el control parlamentario. Si ésta era la nueva política, me borro, prefiero la que pensaba en las personas y en el avance de una Autonomía por encima de cualquier otra consideración.