Síndrome de Rett: una enfermedad rara de las niñas.

El síndrome de Rett (SR) es una enfermedad que afecta al neurodesarrollo, de base genética, que básicamente es propia del sexo femenino y que suele ser letal en los varones. La incidencia es desconocida, pero se estima que puede afectar a 1 de cada 12.000 niñas nacidas vivas. Es una enfermedad rara (ER) muy compleja y con muchos aspectos aún hoy desconocidos a pesar de haber sido repetidamente estudiada.

Se estima que afecta a unas 3.000 personas en España, básicamente mujeres, según la Asociación Española de Síndrome de Rett (AESR). El SR fue descrito inicialmente en 1966 por el doctor austriaco Andreas Rett en 22 niñas afectadas. La enfermedad no es evidente en el momento del nacimiento, desarrollándose en torno a los 6 y los 18 meses. Además, la evolución varía en cada caso.

El experto en esta ER y miembro del servicio de Neurología del Complejo Hospitalario Rúber Juan Bravo de Madrid y Quirón Pozuelo, el doctor Daniel Martín Fernández-Mayoralas, subraya que el cuadro clínico de estos pacientes cursa con un período prenatal, perinatal y durante los primeros meses de vida normal, salvo en las rarísimas “formas congénitas”.

“Tras este período, entre los 3 meses y 3 años de vida, se pierden las capacidades manuales propositivas, uno de los elementos más característicos de la enfermedad, y se produce una regresión de las funciones psicomotoras y de la comunicación. El contacto ocular está muy limitado, aunque puede ser, curiosamente, intenso y vivo, al revés que en la mayoría de los niños con autismo; lo que a veces permite cierta capacidad de comunicación con la familia”. “El crecimiento del perímetro craneal sufre un descenso paulatino, que suele conducir a la microcefalia, a veces desde los tres primeros meses de vida, constituyendo a veces el primer signo del SR”.

“Entre los años 1 y 3 de la niña aparece la seña de identidad del SR: los movimientos estereotipados de las manos, característicamente de lavado (manos juntas), pero también de palmoteo o de aplausos (manos separadas), sobre todo en la línea media. Pueden aparecer otras estereotipias y pseudocrisis (temblores, caídas bruscas, detención del movimiento, episodios de risa o gritos inmotivados)”, indica el neurólogo.

A su vez, señala que esta ER se caracteriza porque la marcha suele ser normal inicialmente, pero poco a poco se va volviendo torpe, amplia, errática y no propositiva. “Con frecuencia la marcha se inicia dando pasos hacia atrás (retropulsión). Es frecuente el balanceo de un lado a otro”, precisa.

De igual modo, el doctor Martín menciona que los pacientes irán añadiendo alteraciones neurológicas progresivas sobre un cuadro que inicialmente es muy similar a un trastorno del espectro autista, tales como ataxia del tronco, escoliosis neurógena, crisis epilépticas, alteraciones de la respiración o gastrointestinales, disfunción piramidal, hipoacusia neurosensorial leve, neuropatía periférica o distonía.

¿CUÁL ES SU CAUSA?

Aunque el diagnóstico es clínico, el estudio molecular permite su confirmación. La AESR explica que el SR se debe a mutaciones de un gen llamado MECP2, que regula la actividad de muchos otros genes, incrementando o disminuyendo su expresión a través la metilación. Este gen se encuentra en el cromosoma X. Los varones suelen fallecer debido a que, al tener un solo cromosoma X (la presencia del cromosoma “y” define al varón como tal desde el punto de vista cromosómico, y la mayoría de ellos solo tienen un cromosoma “X”, al revés que el sexo femenino, que acostumbra a poseer dos cromosomas “X”), por lo que no compensan dicha mutación. Los pocos que sobreviven suelen padecer una encefalopatía precoz gravísima.

Esas mutaciones, llamadas variantes patogénicas, son la causa del 80-90% de los casos de SR clásico, y cerca del 40% de un subtipo de SR cuyos síntomas son menos obvios de lo habitual, denominado SR atípico. El 99% de las mutaciones son de novo, es decir, que no son heredadas, sino que se han producido exclusivamente en la paciente afectada, lo que tiene mucho valor de cara al consejo genético familiar.

La AESR especifica que la expresión cerebral del gen ‘MECP2’ es muy alta, regulando de forma la maduración de las neuronas que con la producción en número de éstas. Sin embargo, “ciertos casos del SR (especialmente el atípico) se han asociado a variantes patogénicas encontradas en otros genes como CDKL5 y FOXG1” comenta el Dr. Martín.

Las niñas con SR han sufrido una sinaptogénesis anormal (las conexiones sinápticas no se han formado adecuadamente), poseen neuronas inmaduras y dendritas más cortas y delgadas de lo habitual. Además, la plasticidad neuronal es escasa, lo que afecta de forma significativa al desarrollo neurocognitivo y al aprendizaje.

En cuanto al tratamiento del SR, no existe ninguno específico ni curativo, las terapias están dirigidas a mejorar algunos síntomas, intentando mejorar la calidad de vida de las pacientes. Con frecuencia, esto es complicado: “En el SR la epilepsia puede ser rebelde y la respuesta a fármacos antiepilépticos es variable”, menciona el doctor Martín. “Es aconsejable un inicio precoz de la fisioterapia (fundamental también para prevenir la osteopenia). A veces se obtienen aceptables resultados con la hidroterapia, al potenciar los movimientos sin el efecto de la gravedad. La escoliosis, problema ortopédico principal, se debe investigar y combatir si es necesario por traumatología, prácticamente desde que se establece el diagnóstico de SR”. La apnea obstructiva, que es muy frecuente, el doctor Martín apunta que algunas medidas terapéuticas que incluyen los corticoides intranasales, la cirugía de adenoides, la amigdalectomía, y la presión positiva en las vías respiratorias, pueden ser útiles.

Finalmente, destaca que es importante supervisar y tratar el estreñimiento y la salud dental de los pacientes, así como la incidencia de patología litiásica en la vesícula biliar y de problemas gastrointestinales, ya que son significativamente más altos que en la población general. Desde la AESR concluyen que, a pesar de no existir datos sobre la esperanza de vida de estos pacientes, es muy habitual superar los 40 años.