Sofismas que nos asfixian

No solo soy abogado de familia, también soy político. Me sitúo, en la izquierda española, dentro de lo que podríamos llamar “marxismo suave”.

He sido candidato al Congreso de los Diputados en dos ocasiones, y he formado parte de la lista a un ayuntamiento emblemático en otra ocasión.

Hablar y escribir desde un ámbito político en España es difícil, pero menos que ejercer mandatos ciudadanos de poder. Lo uno requiere prudencia cuando no astucia, lo otro exige honestidad y además parecerlo. Si alguien aspira a gestionar algún día parcelas de la sociedad común, debe pensar no en los movimientos dentro de un partido, como ahora, sino en las ideas dentro de un programa político y por lo tanto, la deuda ha de ser con los ciudadanos y con la sinceridad, antes que con el tactismo partidario o el argumentario diario políticamente correcto. Hablaré desde los valores en los que me he movido en los últimos 20 años: Libertad, Igualdad, Tolerancia y trascendencia, dentro de un sentimiento de fraternidad universal y laicismo no reñido ni con la espiritualidad ni con la religiosidad libre de cada uno.

Hablaré desde valores, porque el marxismo no está reñido con la parte espiritual del ser humano, sin olvidarme de los análisis materialista y dialéctico como método de trabajo y actuación política y del factor económico. Son complementarios, uno es histórico, el otro es intrahistórico.

Estamos jugándonos, en estos momentos, el sistema democrático y el valor de utopía de las ideologías. Pero el sistema democrático ha sido el vehículo esencial para la disminución de las desigualdades sociales, y el establecimiento de las clases medias, y las ideologías como creadoras de utopías han contribuido a la evolución y avance del ser humano. Pero como todo sistema político, ya sea la aristocracia, ya la democracia, se corrompen.

Los fenómenos de la corrupción y la crisis económica, parece que han dado un golpe muy fuerte a la ya tocada división de poderes, y la reciente elección del presidente de USA, parece que lleva al presidencialismo absoluto no disimulado del mundo que es como la corrupción de la república, la caída de USA.

En nuestro país difícilmente resulta posible creer en un sistema democrático basado en la separación de poderes ilustrados e independientes establecidos por Montesquieu. Parece que se ha creado, sí, un sistema de separación de poderes, pero, también, de vasos comunicantes, y lo peor es que esto ha calado en el ciudadano que ni cree en los políticos, ni en el poder limpio e independiente, ni en la democracia, sino en la división cada vez mas grande entre ricos y pobres. Está desapareciendo la clase media, y está aumentando la clase obrera acogiendo a segmentos profesionales, universitarios y autónomos y empresariales, especialmente pequeña y mediana empresa o familiares, que no pueden con los impuestos, mientras que la burguesía capitalista ha conseguido no solo resistir, sino adaptarse y sacar un mayor rendimiento y beneficio a costa de la bajada del precio de la plusvalía de los más, y de la globalización de la explotación de mano de obra barata. A esto se añade un cuarto poder, y hasta un quinto: la opinión publica manipulada, y los hilos económicos reticulares, residenciados, en la mitología popular, en determinados clubs y organismos internacionales.

Esta es la realidad, y solo cabe oponer como instrumento preferente la ideología.

No es pues, la actual situación política laberíntica, un problema de lucha de personas; ni el populismo, de derechas o izquierdas nos lleva a ningún lugar realista; ni es un problema de independencias territoriales, absurdo y burgués a pesar de los “antisistema”; ni la reforma de la Constitución nos lleva a valor añadido. Lo que tenemos hoy es la resaca del “timo de la estampita económico” en el que todos hemos caído, del espejismo consumista de un Estado del Bienestar formado con barro, que no es responsabilidad del PSOE. ¿Recuerdan alguna boda en algún monasterio?.

La solución pasa por una definición ideológica, filosófica y ética, y no por los “monólogos twits” o los vídeos. Estos “diputados- chavales” de PODEMOS son como alumnos de excursión al Congreso discutiendo el sillón para la foto, haciendo política teórica desde un departamento: no aportan ideológicamente nada a la política real, pero pueden hacer una tesis doctoral.

PODEMOS, y sus satélites, son el onanismo de la extrema izquierda española, camuflada de izquierda y de “nueva” política, pero ha perdido el ritmo. Eso no se olvida ni gritando o regalando libros al patrimonio nacional, ni considerando al parlamento como una asamblea de facultad (entro-salgo), ni agrediendo a partidos políticos centenarios, ni abduciendo con ilusionismos a líderes en negociaciones de chistera, o distrayendo a los ciudadanos con sueños irrealizables, ni vestidos ni en sujetador.

Sofismas que nos asfixian, y que nos sobran.