
Historia
Una fuente dedicada a Isabel II resiste escondida en el corazón de una ciudad canaria
Una infraestructura esencial que perdió visibilidad con la transformación urbanística del siglo XX
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El Toscal nunca fue un barrio fino, sino que creció a la sombra de la ciudad. Mientras Santa Cruz de Tenerife miraba al mar -o por lo menos lo intentaba- y al puerto como motor económico. Esta zona de la capital se iba llenando de vida por necesidad, hambre y aprieto. En sus lares se alojaba a quienes llegaban a trabajar, cargar y descargar, a quedarse. Antes de que las calles se dibujaran como hoy se conocen, hubo huertas, caminos de tierra y un sistema que, aún hoy, se sigue priorizando: estar cerca del empleo.
Ese crecimiento, lento pero constante, terminó por darle a esta zona de la capital su propia identidad. El Toscal se levantó sobre casas terreras, atrios y fachadas policromadas que todavía sobreviven entre edificios. A su lado aparecieron viviendas más ambiciosas, algunas de corte clásico, otras modernistas o de inspiración neo-canaria. Esa convivencia de escalas y estilos fue, durante décadas, una de las señas más claras del barrio y una de las razones por las que sigue siendo reconocible incluso hoy.
Cuando el agua marcaba el paso
En aquel Santa Cruz que todavía aprendía a organizarse, el agua se convertiría en un asunto de vital importancia. Por eso, en pleno proceso de consolidación de El Toscal, la ciudad impulsó varias obras públicas pensadas para resolver necesidades básicas que hoy se dan por hechas. Una de ellas acabaría convirtiéndose en un punto clave: la Fuente de Isabel II.
Desde 1843, la fuente comenzó a suministrar agua a buena parte de la población, en un lugar que, posteriormente, se acabaría convirtiendo en lugar de paso, de encuentro y espera. Estaba ubicada en la plaza que aún conserva su nombre y fue diseñada por Pedro Maffiotte, un arquitecto profundamente vinculado a la actividad portuaria y al crecimiento de la ciudad.
La fuente se construyó sobre una escalinata de piedra y con granito basáltico. Seis columnas toscanas sostienen la estructura y entre ellas brota el agua a través de cinco cabezas de león. En lo alto, un homenaje grabado en piedra al reinado de Isabel II, rematado por el escudo de Santa Cruz de Tenerife.
A la espalda del conjunto, casi fuera de la circunscripción, se añadió años más tarde un estanque de grandes dimensiones. Su función era la de almacenar agua y facilitar su distribución. Hasta allí llegaban los caudales procedentes de distintos barrancos, sobre todo de Tahodio, lo que permitía mantener el suministro incluso en periodos secos.
La construcción de la presa de Tahodio, en 1926, cerró definitivamente el circuito. Desde entonces, la fuente sigue funcionando; y el agua continúa brotando, aunque ya casi nadie se detenga a mirarla.
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