
Naturaleza Teide
La actividad bajo el Teide cambia y los científicos lo admiten: "No sabemos si esto va a parar"
Tres enjambres sísmicos en una semana bajo Las Cañadas elevan la vigilancia, aunque el riesgo de erupción no aumenta, por ahora

Bajo la calma aparente de Las Cañadas del Teide, el subsuelo lleva días moviéndose con una velocidad más insistente y viva. Tres enjambres sísmicos en apenas una semana han empujado a los científicos a reconocer que algo ha cambiado en el pulso interno deTenerife.
Tras la reunión del comité científico del Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias (Pevolca), el director del Instituto Geográfico Nacional en Canarias, Itahiza Domínguez, admitía que la actividad ha dado "un pasito más allá".
El Teide, aunque silencioso en apariencia, mantiene un sistema interno dinámico, complejo, casi caprichoso. Lo que ocurre ahora no es una ruptura brusca, sino un aumento en la frecuencia de pequeños movimientos que revelan ajustes en las profundidades. Domínguez explicó que esta mayor cadencia sitúa al sistema en "una fase nueva", aunque todavía imposible de leer con certeza. Puede prolongarse durante meses o apagarse sin aviso, como tantas veces ha ocurrido en volcanología.
"No es de extrañar que tengamos más enjambres de este tipo, como tampoco que si esto parará", señaló Domínguez. Actividad evidente e interpretación prudente. Porque, pese al ruido sísmico -mínimo, imperceptible para la población-, las probabilidades de una erupción no han cambiado. Al menos por ahora. El umbral que realmente alteraría el escenario sigue lejos.
"Sería a partir de ahí cuando podría ser preocupante, pero habría que evaluarlo en cada caso", apuntó el director del IGN, recordando que los terremotos que realmente encienden las alertas son los que superan magnitudes de 2,5 mbLg y llegan a sentirse en la superficie.
El precedente de El Hierro
La erupción submarina del Tagoro, en El Hierro, en 2011, marcó un antes y un después en la vigilancia volcánica canaria. Sin embargo, después de aquella crisis se registraron seis intrusiones magmáticas que no llegaron a culminar en nuevas erupciones. Este ejemplo sirve para frenar cualquier tipo de interpretación fácil que se haga, porque no toda inyección de magma busca abrirse camino hacia fuera. A veces se detiene, se enfría, desaparece del radar sin dejar más rastro que semanas o meses de sismicidad.
En Tenerife, además, no existe un registro instrumental moderno de erupciones en la Isla, lo que obliga a los científicos a reconstruir escenarios a través de relatos históricos y comparaciones internacionales. Esos registros coinciden en un detalle clave, y es que antes de las erupciones, la población solía sentir claramente los terremotos. Hoy, eso no ocurre.
El enjambre más largo que se recuerda
El episodio iniciado la noche del miércoles -a las 23:00 horas- ha llamado la atención por su persistencia. Es, según el IGN, el enjambre de mayor duración registrado hasta ahora en la zona. Una actividad continua, casi obstinada.
Los movimientos han mostrado una amplitud "un poquito mayor", lo que ha facilitado su detección, aunque siguen en rangos muy bajos. "Seguimos hablando de magnitudes inferiores a 0,7, 0,8 mbLg", explicó Domínguez. De hecho, el enjambre de 2016, que marcó el inicio de la actual etapa de vigilancia intensiva, registró terremotos más potentes.
Entre los datos que más interesan a los vulcanólogos aparecen los llamados eventos híbridos. Mezclan terremotos tradicionales con señales de baja frecuencia, algo así como el murmullo profundo del volcán cuando las rocas se fracturan y se llenan de fluidos -agua, gases o magma- que generan vibraciones sostenidas. "Son típicos en muchos volcanes del mundo, no es algo nuevo. Lo que pasa es que en Tenerife no se registran tantos como en otros más activos", explicó. el director del IGN en Canarias.
Un volcán sin espejo en el mundo
Quien lleva años observando el Teide sabe que su principal rasgo es la complejidad. No es un volcán simple ni fácil de comparar. Combina un sistema central, con una cámara magmática relativamente somera capaz de generar magmas evolucionados, con erupciones basálticas en dorsales, más cercanas al modelo que se vio en La Palma. Ese equilibrio convierte a Tenerife en una rara avis geológica. Un sistema híbrido, difícil de encasillar. Domínguez lo resumía como "un cóctel" poco habitual en el mundo.
En conclusión, el mensaje final que sale de la reunión del comité científico es que hay más actividad. Es innegable. Y también una evolución que merece más seguimiento. Pero no hay indicadores que apunten a una erupción inminente. "No implica que los científicos no tengamos conocimiento de lo que está pasando, aunque siempre se puede mejorar y eso es lo que tratamos de hacer", subrayó el director del IGN.
Mientras tanto, el Teide está ahí, aparentemente quieto. Pero bajo su silueta perfecta, la isla escucha de nuevo ese latido profundo que recuerda, de vez en cuando, que Tenerife ocurren cosas más de la superficie. Y que su historia nunca está del todo escrita.
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