
Historia
El político corrupto del Siglo de Oro español que pasó a ser un héroe por su entereza en el cadalso
Acusado de brujería, asesinato y abuso de poder, sus restos momificados se encuentran en el Monasterio de Nuestra Señora de Porta Caeli en Valladolid

Valladolid, la antigua capital del Reino a principios del siglo XVII, cuando Felipe III por influencia del Duque de Lerma, puede presumir de contar con muchos personaje históricos cuyos restos reposan en el Panteón de los Ilustres del cementerio vallisoletano de El Carmen, como es el caso del poeta y dramaturgo José Zorrilla, del universal escritor Miguel Delibes, de la también escritora de la generación del 27, Rosa Chacel, o del prestigioso neurocientífico Pío del Río Hortega, entre otros.
Luego hay otros personajes históricos ligados a Valladolid como el descubridor de América, Cristóbal Colón, que murió en la capital del Pisuerga en 1506 y estuvo enterrado inicialmente en el Convento de San Francisco, lugar que hoy cuenta con una placa conmemorativa en la calle Constitución; o el hérode irlandés Hugh O'Donnell, que murió en Simancas y fue enterrado también en el Convento de San Francisco en 1602, concretamente en la capilla de las Maravillas, e igualmente una placa le recuerda en la calle Constitución, aunque sus restos no han aparecido.
María de Molina, esposa de Sancho IV de Castilla y reina consorte de Castilla entre los años 1284 y 1295, la gran señora de las reinas de España, conocida como "La Grande" por sus méritos está enterrada en el Monasterio de las Huelgas Reales.
Y en el interior de la iglesia de la Magdalena de Valladolid está el sepulcro de Pedro de la Gasca, obispo, diplomático y militar, conocido sobe todo por pone fin a la rebelión de Gonzalo Pizarro en el Virreinato del Perú. Una proeza por la que pasó a la historia como "El pacificador”.
Pero dicho todo esto, en estas líneas de La RAZÓN de hoy queremos acercar a otro personaje histórico que está enterrado en Valladolid, pero que tiene la peculiaridad de que sus restos están momificados: Rodrigo Calderón, político y militar muy vinculado a la figura de Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, el famoso duque de Lerma, el ministro más odiado del gobierno de Felipe III, y del que dicen los historiadores que fue el gestor del mayor desfalco de la historia de España.
Nació en Amberes (Países Bajos) hacia 1570, y su padre fue un capitán en los tercios de Flandes y quien le situó como paje del duque de Lerma. Poco a poco se ganó su confianza hasta convertirse en su mano derecha alcanzando grandes cargos de responsbailidad y honores.
De hecho, a Rodrigo Calderón le concedieron el hábito de Santiago y la encomienda de Ocaña, así como e condado de la Oliva y el marquesado de Siete Iglesias, y fue nombrado capitán de la Guardia Alemana. Además, sucedió el conde de Villalonga en la Secretaría de Estado y llegó a ser regidor perpetuo de Valladolid, familiar del Santo Oficio, registrador mayor de la Audiencia y archivero de la Real Chancillería. Casi nada, o casi todo.
Y fue asimismo un ávido coleccionista de obras de arte. Donó numerosos cuadros al convento de Porta Coeli de Valladolid, que él mismo había financiado.
Numerosas responsabilidades que, por otra parte, hizo que sus enemigos se multiplicaran, también por el desprecio con el que trataba a los señores de la Corte.
Tal es así que cuando murió la reina Margarita de Austria durante un parto muchos acusaron a Rodrigo Calderón de haberla envenenado usando la brujería.
En 1618, se produjo un acontecimiento importante cuando Felipe III despidió al duque de Lerma, su protector, lo que provocó que Calderón quedara desprotegido y expuesto a sus enemigos.
Pero también y sobre todo tras la muerte de Felipe III y con la coronación de Felipe IV como Rey de España,ya que se convirtió en objetivo del nuevo valido del monarca, el conde duque de Olivares.
Antes que fugarse quiso someterse al fallo de las autoridades de la acusación de criminal que se le hacía, confiando en que sus títulos fueran suficiente protecció, por lo que se retiró a su casa de Valladolid.
Pero en la madrugada del 19 de febrero de 1619 fue arrestado en la vivienda para después ser trasladado a Madrid donde las autoridades habilitaron su casa como prisión y estuvo encerrado durante 32 meses.
Fue sometido a un largo proceso judicial y finalmente hallado culpable de decenas de delitos y condenado a la pena capital por enriquecerse de manera ilícita, abuso de poder y por manipular al rey y otras personas de la corte además de por alterar la justicia.
En concreto, fue acusado de cuatro muertes y 244 abusos de poder.
Entre medias, fue torturado para conseguir que confesase los cargos que contra él pesaban de asesinato y brujería. Y confesó el asesinato del soldado Francisco de Juaras, pero rechazó firmemente el resto de los cargos que le acusaban de asesinato y brujería. Llegaron a estirarle los brazos hasta descoyuntárselos enla tortura denominada como "el potro" y también le ataron los muslos para impedir que circulara la sangre.
El 21 de octubre de 1621, la plaza Mayor de Madrid amaneció en un clima de máxima expectación para presenciar su ejecución, donde no perdió su arrogancia ni siquiera cuando se encaminaba al cadalso. Se cuenta que le dijo a su verdugo que cumpliera con su obligación y cuando este le pidió perdón por lo que iba a hacer, que era cortarle el cuello por detrás, Don Rodrigo le contestó gritando que «¡No!», que como noble que era tenía que degollarle por delante.
De hecho, hay un dicho popular por estos lares para referirse a una persona altanera: "Tiene más orgullo que don Rodrigo Calderón en la horca”. Aunque no fue ejecutado en la horca sino degollado por su condición de noble.
El poeta Quevedo escribió de Calderón lo siguiente:
Yo soy aquel delincuente,
porque a llorar te acomodes,
que vivió como un Herodes,
murió como un inocente.
Advertid los pasajeros
de lugares encumbrados,
que menos que degollados
no aplacareis los copleros.
Hoy hago glorioso ya-
y antaño el proprio Cantó-
don Rodrigo, Calderó-
nirá el tiempo cómo pa-
Cocodrilos descubiertos
son poetas vengativos;
que a los que se comen vivos
los lloran después de muertos
Nadie con ellos se meta
mientras tuviere sentido;
que, al fin, a cada valido
se le llega su poeta.
Mi sentencia me azuzaron
con décimas que escribieron;
ellos la copla me hicieron,
y muerto me epitafiaron.
Los que priváis con los reyes
mirad bien la historia mía:
guardaos de la poesía
que se va metiendo a leyes.
Otro poeta, el conde de Villamediana, resumió en un cuarteto aquellos hechos:
“Éste que en la fortuna más subida/no cupo en sí, ni cupo en él su suerteº,/ viviendo pareció digno de muerte,/muriendo pareció digno en vida”.
Y es en Valladolid, concretamente en el Monasterio de Nuestra Señora de Porta Caeli, donde se conservan algo deteriorados los restos momificados o la momia de Rodrigo Caldéron, que velan en esta comunidad dominica conocida como las “Calderonas”.
La degollación fue el método de ejecución aplicado al reo, lo que permitió tras una hemorragia masiva y su posterior inhumación sobre tierra, que su cuerpo de momificase de manera natural.
Si bien en su cuerpo son visibles perfectamente las huellas de la degollación así como de las torturas que padeció durante su proceso judicial.
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