Cataluña

La mirada de Juan Eduardo Cirlot

«El ojo en la mitología. Su simbolismo» es la nueva recuperación de la editorial WunderKammer, una oportunidad de adentrarnos en el pensamiento del gran crítico de arte y poeta, así como su fascinación por el simbolismo

En su mítico «Diccionario de los símbolos» de 1958, Juan Eduardo Cirlot, en la entrada dedicada al ojo, se remite a Plotino: «El ojo no podría ver el sol si no fuese en cierto modo un sol, expone el fondo y la esencia de la cuestión. Siendo el sol foco de la luz y ésta símbolo de la inteligencia y del espíritu, el acto de ver expresa una correspondencia a la acción espiritual y simboliza, en consecuencia, el com prender». En ese mismo texto, Cirlot recorre la huella de la cultura egipcia e, incluso, del tarot para hablar del ojo. Es evidente que para este poeta y crítico de arte este era un tema que podía dar mucho de sí y que merecía mucho mayor espacio que el artículo de su conocido diccionario. Buena prueba de ello es el libro que acaba de publicar WunderKammer, origen de lo que redactó en 1958 y que nos recupera al mejor Cirlot. Se trata de «El ojo en la mitología. Su simbolismo», toda una invitación a adentrarnos en el buen hacer del autor de «Bronwyn»

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Este ensayo que regresa afortunadamente ahora a las librerías fue publicado originalmente en una colección dedicada a la oftamología. Fue, como apunta Victoria Cirlot en el prólogo del libro, la inauguración de los estudios de simbología de Juan Eduardo Cirlot. No nos encontramos ante un texto menor sino una herramienta con la que el poeta, como reconoce la prologuista, pudo «comprender las imágenes que van fluyendo de su escritura lírica y las emociones que estas suscitan, comprobando su antigua existencia en la historia de la cultura, en especial en los ámbitos ocupados en la vida del espíritu».

La labor que se impuso el escritor no fue sencilla. Para «El ojo en la mitología. Su simbolismo» quiso interrogarse sobre el hecho de si la imaginación humanada puede hacer algo que esté libre de todo sentido y dirección. Es una duda que le surgió ante la contemplación de una ilustración recogida en «Templo de nuestro gran patriarca san Francisco», una obra impresa en Lima en 1675. Allí encontró una ilustración con el protagonismo de varios ojos que ocupan un navío y entre las olas por donde se mueve la nave.

Cirlot nos invita a pasear por los dioses de India, las leyendas griegas o los ojos heterotópicos en el cristianismo, así como por el folklore ampurdanés. Todo ello abundantemente ilustrado con grabados de épocas o piezas de las colecciones del Musée Guimet de París o el Metropolitan Museum de Nueva York. De esta manera tenemos al ojo de cíclope de Polifemo según un dibujo de Daniele Volterra que toma, a su vez, como punto de partida una escultura de Miguel Ángel. Tampoco faltan unos ojos voladores en la litografía «Crimen et expiation» de Grandville, o unos ojos heterotópicos en una imagen de Pan para «Wunder, Wundergeburt und Wundergestalt», de Eugen Holländer.

Con estos elementos, el autor nos invita a reflexionar sobre el hecho de que el simbolismo es «conexión, y la evidencia de ciertas asociaciones no será negada por nadie, especialmente en los tiempos presentes que han sido testimonio del quebrantamiento de la infalibilidad de la ciencia». Cirlot nos recuerda las palabras de Jung. Y es que el ojo «representa evidentemente el seno materno... en cuanto a la pupila del ojo es un niño».

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