Festival de Málaga: Dos películas en una

El director Gonzalo Bengala (3d), posa con los actores, de izq. a dcha: Maxi Iglesias, Luis Fernández, Javier Hernández, Aura Garrido y Alvar Gordejuela, durante la presentación de su primer largometraje "Asesinos inocentes"
El director Gonzalo Bengala (3d), posa con los actores, de izq. a dcha: Maxi Iglesias, Luis Fernández, Javier Hernández, Aura Garrido y Alvar Gordejuela, durante la presentación de su primer largometraje "Asesinos inocentes"

De nuevo dos películas a concurso, aunque parecen tres. Vamos a explicar este lío. La primera se trata de una coproducción hispano-argentina, una más de las que cuentan con el patrocinio, entre otros, de TVE. La película se llama Sexo fácil, películas tristes, uno de los títulos más feos, más inútiles, más bobos, más pedantes, de la Historia Universal del Cine. Está escrita y dirigida por Alejo Flah, español de origen argentino, y es su primer largometraje. La historia de una pareja: él es guionista y está escribiendo una película romántica. Y la vamos viendo en la película. Por eso, digo que son dos películas en una. Lo más curioso de esta película es que si se empieza a ver fríamente, poco a poco, se va entrando en ella y acaba convirtiéndose en una (o dos) buena película. La idea, válida, es que una pareja puede superar todas las dificultades gracias al amor, pero lo que pase después, ya no interesa.

La otra película a concurso es también un primer largometraje, del director Gonzalo Bendala. Es un curioso casi-thriller donde un profesor de psicología le encarga a un estudiante que ha terminado su carrera que le mate, porque se siente culpable de haber dejado tetrapléjica a su mujer en un accidente y no tiene valor para suicidarse. Le ofrece dinero y darle el aprobado en sus estudios. La película está bien, es entretenida, y sólo tiene un par de inconvenientes: sacado de la manga un accidente y sacado de ambas mangas un cambio de cuerpos en un hospital para justificar el necesario final feliz. Es decir, para escribir un guión hay que saberlo hacer y no se pueden añadir tonterías que no vienen a cuento, por incapacidad para desarrollarlo de forma conveniente.