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Hemsworth ya no es un "bad boy"
En "Ruta de escape", el australiano es un escurridizo ladrón de guante blanco
Poca evidencia queda por enseñar para oficializar que vivimos momentos culturales en los que la redención es un tema narrativo predilecto. Ya sea a través de los ritmos orquestales de lo último de Rosalía, del duro debate moral que el iraní Jafar Panahi plantea en su premiada "Un simple accidente" o, en una línea más palomitera, la que expone Bart Layton en su nueva película, "Ruta de escape".
"No se nace malo, pero si creces en un entorno disfuncional en el que nadie nunca te ha dado amor es muy difícil que te importen los demás", explica el cineasta inglés, intrigado desde sus inicios en inspeccionar la criminalidad, constituyendo prueba fehaciente su documental novel, "El impostor", que recorrió varios certámenes en 2012. A día de hoy mantiene el pulso por el thriller, y su último proyecto presenta a un Robin Hood, aunque un poco más avaro, en la California actual adaptando un relato corto de Don Winslow incluido en su libro "Rotos".
Los Ángeles vive un momento de alta tensión por una serie de atracos a joyerías. Davis, interpretado por Chris Hemsworth, está detrás de varios, pero también existe otro joven ladrón, Barry Keoghan, con peores intenciones. Completan el reparto, de brillantez pareja a los diamantes sustraídos, Halle Berry, una ejecutiva que podrá en una misión contra su déspota jefe, y Mark Ruffalo, el policía encargado de investigar esta ola de acontecimientos.
Abuso de poder en EEUU
Además de los continuados estruendos y los poco responsables más de 120 kilómetros/hora que los coches alcanzan en las obligatorias secuencias de persecuciones, el metraje ofrece la oportunidad de elevar a "Thor" a un registro más humano. "Hay algo extrañamente terapéutico en meterme en este personaje y mostrar su vulnerabilidad y dicotomía a la audiencia", explica el australiano, pareciendo incluso un niño bueno a pesar de llevar años construyendo su identidad fílmica de "malote guaperas" que, como él mismo reconoce, le ha salido muy bien.
En esa línea, también asevera que no le importa haber sido encasillado, tanto por la industria como por el público, en un canon cinematográfico específico. "Yo fui feliz trabajando en esos roles y lo haría de nuevo. Creo, además, que en cada nueva producción interpreto alguien distinto", relata. Y añade que "amo ir cambiando de espectro según cómo me encuentre, disfruto por igual trabajando en un taquillazo, como en una comedia o incluso en la tragedia".
Estados Unidos está viviendo momentos sociales delicados, estando en el ojo del huracán el ICE, el servicio de control migratorio del país. Si bien el filme fue elaborado antes de que toda la cuestión dinamitara, realizador y actor reflexionan sobre la concienciación en la pantalla manteniendo, eso sí, un tono neutro que ya parece asiduo en Hollywood. "Yo, como director, no trato solo de entretener, sino también de hacer pensar un poco a los espectadores. En mi labor de documentación para esta cinta, conocí a un policía que dejó su puesto porque sentía que únicamente importaba el número de arrestos conseguidos. No puedes decirle a la gente cómo pensar, pero sí provocarles que tengan interesantes conversaciones que quizá no se esperaban en una película de acción", explica Layton.
"Encuentras el bien y el mal en todos los círculos. El abuso de la fuerza es algo que tristemente siempre ha existido, y es un reto mostrar una visión más expansiva de la realidad para tratar de ser mejores personas", sentencia Hemsworth.
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