Hugh Thomas: «No concibo una Cataluña independiente»

El hispanista presenta «El señor del mundo», su ensayo dedicado al imperio de Felipe II con el que cierra trilogía, mientras prepara ya sus memorias

La figura de Felipe II, el rey que dominó cuatro continentes, es uno de esos personajes cuya aura mítica puede fácilmente sepultar al hombre real y desfigurar tanto sus hazañas como sus errores. El hispanista Hugh Thomas busca corregir este peligro con «El señor del Mundo. Felipe II y su imperio» (Planeta), una visión exhaustiva del monarca centrada sobre todo en cómo administró e hizo crecer su imperio. La conquista de América centra gran parte del ensayo, que también se para en Filipinas y, por supuesto, Europa. Con el libro cierra su trilogía sobre el gran imperio español y completa medio siglo dedicado al análisis y el estudio de la historia de España, país al que ama y defiende, incluso contra los desafíos independentistas del Gobierno catalán. Aunque no sabe lo que va a ocurrir, no quiere, ni mucho menos, que los historiadores del futuro puedan hablar de aquel día en que los catalanes dieron la espalda a España.

–¿Quién fue Felipe II más allá de la imagen idealizada que se da a veces o de los que lo estigmatizaron con leyendas negras?

­–Era un hombre muy responsable que siempre pensó en lo que era mejor para el país. En este sentido, fue un gran patriota, que a veces cometió errores, como en Flandes, pero siempre intentó actuar por el bien del reino con prudencia. Un hombre cultivado y amante de las artes, que llegó a tener la segunda biblioteca personal más importante del mundo.

– ¿La Iglesia católica tuvo un fuerte influjo en su reinado?

–La conquista de América fue de los conquistadores, pero también de los franciscanos, los dominicos, y por último los jesuitas. La Iglesia tuvo mucha influencia en la expansión por Nueva España y en la ambición de continuar explorando el territorio. Como ejemplo claro, este impulso vital se puede ver en los trabajos de los magníficos frailes arquitectos que hicieron en estos países, de Perú a México, monumentos religiosos nada envidiables al gótico europeo de entonces.

–Es conocido que tras su reinado, al morir en 1598, acabó la expansión española por el mundo, cuyo imperio ocupaba cuatro continentes. ¿Qué le quedó por conquistar?

–Durante el siglo XVII se frenó la expansión de España, pero es falso que se cayese al instante en una decadencia. Ya no se realizaron más expediciones magallanescas, se centró más en el control y administración del amplio territorio. Felipe II ya rechazó utilizar Filipinas como trampolín para conquistar China, un ideal para los jesuitas y los agustinos, pero que el rey, por prudencia, decidió que era mejor frenar. Fue el comendador de Filipinas, Salazar, quien le advirtió de que la conquista podía ser una temeridad.

–Cuesta imaginar una China española. ¿Qué cree que podría haber sucedido?

–No sé lo que hubiese pasado si Felipe II hubiese conquistado China. Está claro que se habría evitado que llegase siglos después la teoría comunista y líderes como Mao. Lo que está claro es que habría cambiado la historia de España. El colonizador de las Filipinas, Miguel López de Legazpi, debería ser considerado igual de importante que Pizarro o el propio Magallanes.

– El libro también asegura que los libros de caballerías inspiraron a muchos de estos conquistadores

–La conquista del Nuevo Mundo sobre todo le debe mucho al «Amadis de Gaula». Muchos de los exploradores peruanos y los que atravesaron la costa amazónica se dejaron seducir por la idea de aventuras de los libros de caballerías. El «Amadis de Gaula» es, sin duda, uno de los libros más importantes e influyentes de la historia de la civilización. El «Tirant lo Blanc» también debería ser una lectura imprescindible para todos los interesados en historia y los aficionados a la lectura en general.

–¿Queda algo del esplendor del antiguo imperio en la España de hoy día?

–Fue muy difícil recuperarse de un siglo tan importante como el XVI, lleno de conquistas en cuatro continentes, pero su herencia todavía sigue viva. Sólo hay que pensar en América y cómo la huella de la cultura española, no sólo la idea de la Iglesia y la religión, ha marcado a todo un continente que comparte una misma cultura.

– ¿Qué opina del giro independentista que ha tomado el Gobierno catalán?

–Soy un defensor de la unidad de España. Y conozco muy bien Cataluña. Tanto mi editor (Planeta) como mi agente (Carmen Balcells) están en Barcelona. No creo posible una Cataluña independiente, prefiero que siga siendo participante clave en la gran aventura histórica de España. No sé lo que va a pasar, pero mi deseo es que no se inicie este proceso.

–Hoy se cierra un simposio en Barcelona bautizado «España contra Cataluña: una mirada histórica (1714-2014)». ¿Qué opina de esta visión polémica de las relaciones entre españoles y catalanes.

–Cataluña siempre ha jugado un papel importante en el desarrollo de España. Sólo hay que pensar en el proceso de industrialización de los siglos XVIII y XIX, en el que siempre jugaron juntos. No se puede ver solamente una parte de la Historia.

–Han abundado las críticas por la manipulación política de la Historia para defender una tesis partidista.

–Lamentablemente es algo normal, ocurre siempre y en todas partes. El pasado es fácil de manipular y la Historia siempre es un buen instrumento disuasorio. También sucede en Inglaterra, con el proceso de independencia de Escocia.

–¿Cree que Escocia llegará a ser independiente?

–En ningún caso; el referéndum reafirmará la voluntad de los escoceses de pertenecer a la unidad y no romper Gran Bretaña. Es curioso, porque el concepto de Gran Bretaña aparece por primera vez en el «Amadís de Gaula». También habla de la Pequeña Bretaña, pero hasta entonces no existía algo así, por lo que hasta podría decirse que es un invento español.

– ¿Prepara un nuevo análisis de algún otro periodo de la historia de España?

–No, de momento no tengo ningún proyecto en mente. Estoy pensando en empezar a escribir mis memorias y por supuesto España tendrá un papel preponderante en ellas, pero todavía no he comenzado.