Libros
Jaime Bayly: «Chávez era el títere y Fidel, el titiritero»
Publica «Los golpistas», sobre el golpe contra Chávez en 2002, y dice que Castro le salvó porque veía en él «un barril de petróleo»
En muchas ocasiones, la historia es un relato hermético. Una sucesión de acontecimientos que nos muestra lo que ha ocurrido, pero que se niega a explicar o entregar su intrahistoria, las razones de por qué ha ocurrido y cómo han sobrevenido los hechos y personajes. Jaime Bayly ha comprendido que cierta dosis de ironía sirve para sacar a relucir las contradicciones, hipocresías y maledicencias que esconde el pasado. Con esta premisa tejió «Los genios» y ahora vuelve sobre ese mismo enfoque en «Los golpistas» (Galaxia Gutenberg), una novela donde retrata a Chávez, a Maduro y a Castro. Parte de un momento concreto: cuando, tres años después de ser elegido presidente de Venezuela, Hugo Chávez es depuesto por un golpe militar. Lo acusan de intentar implantar una dictadura y de causar docenas de muertos. Pero, a pesar de ese arresto imprevisto, él se niega a firmar su renuncia.
«No ha caído la dictadura chavista, que nadie se engañe. Sigue ahí. Delcy Rodríguez la representa»
El escritor, que explica que «la felicidad no da buena literatura, así que, ahora que llevo una vida aburguesada, he asaltado como un corsario otras vidas», intenta responder a la cuestión de por qué fracasó aquel golpe de 2002 contra Chávez, que apenas duró tres días. «¿Por qué no lo mataron? ¿Por qué Fidel le salvó la vida? ¿Por qué los conjurados se arrepintieron del golpe? Se ve que esos no eran profesionales. Eran unos golpistas amateur, aficionados, que improvisaban. Que luego no sabían qué hacer con Chávez, si someterlo a juicio o fusilarlo. Tampoco qué general debería ser el jefe interino de la Junta de Gobierno militar. Esos hombres no estaban preparados para el poder. No eran calculadores ni cínicos. Eran unos bobos».
Golpista agazapado
En su libro trata de explicar también otra historia: por qué Hugo Chávez «era un golpista agazapado, latente, encubierto desde que era cadete. Quería ser militar para ser un dictador y ser un dictador vitalicio. Con este libro he reconstruido la vida conspirativa, trepadora y golpista de Chávez». El escritor reconoce que esta narración es el relato de «golpistas de derecha peleándose en público con golpistas de izquierdas».
Pero en esta pugna sobresale una figura imprevista: Castro. «Él le salva la vida. Fidel llama a los golpistas y los amenaza con mandar a los hombres de su seguridad y matarlos a ellos, a sus hijos y a sus madres. Chávez era un títere del gran titiritero que era Castro. Chávez, en el fondo, no quería ser militar ni dictador, quería ser un animador de televisión. Y lo logró (risas)». Como explica él mismo, pidió hablar, cuando fue arrestado durante ese intento de golpe de Estado, con su madre, su mujer y con Castro. «Este le dice que se inmole. Castro era malvado, un sanguinario, un dictador terrible, pero no era ningún idiota, aunque sí maquiavélico. Por teléfono, lo salva a Chávez. Pero Castro, claro, pensaba en el petróleo de Venezuela. Fidel ve en Chávez un barril de petróleo y se dijo: “Quiero que ese barril sea mío”. Ahora Cuba ha perdido el petróleo de Venezuela y se han parado todos sus servicios. Los camiones de basura no recogen los desperdicios, los apagones duran doce horas y hay que comprar carbón para calentar la comida o las casas».
«Trump solo está interesado en liberar el petróleo de Venezuela, no a los venezolanos»
Ahora el que se ha quedado con esa riqueza es el presidente de EE UU: «Donald Trump solo está interesado en liberar el petróleo de Venezuela, no a los venezolanos». Bayly no se hace demasiadas ilusiones sobre las intenciones de EE UU y argumenta que «cada día estoy más descorazonado, porque Trump estaba viviendo una luna de miel con Delcy Rodríguez. No ha caído la dictadura criminal chavista. No nos engañemos. Sigue ahí. Delcy la representa. Lo que hay que hacer es convocar unas elecciones, pero Trump está encantado ahora mismo con ella y no me sorprendería que, si coopera con EE UU y es dócil, volvamos a verla indefinidamente en el poder, y eso sería una tragedia».
Después expresa un deseo: «Ojalá que haya elecciones limpias a finales de este año o en los inicios del próximo, pero no lo veo tan probable. Marco Rubio dijo que a corto plazo no se puede. ¿Por qué no se puede? Claro que sí se puede. La otra cuestión es si podemos contar para esto con el presidente de Estados Unidos. Yo creo que no. Si controla el petróleo, él no va a obligar a Delcy a convocar elecciones próximamente. No olvidemos que a Donald Trump le caen mejor los dictadores que los demócratas».
«Lo que más deploro de Trump es lo servil que es con los poderosos y lo cruel que es con los débiles»
El novelista apenas duda cuando se le pregunta por Trump y sobre su verdadera identidad: ¿Quién es en el fondo? «Es un hombre de negocios. Pero la política no es un negocio y ser presidente de un país no es un negocio. Él, cuando se le presenta un asunto, siempre se pregunta qué gana él, sus hijos y sus amigos, que son todos multimillonarios. No le interesa nada. Él solo está ahí para hacer buenos negocios. En este año y pico que lleva en la Casa Blanca casi ha triplicado su fortuna. Antes se ganaba la vida como constructor de edificios de lujo. Para él todo es un negocio. La Torre Trump es un negocio. Trump te cobra siempre por todo».
Para Bayly, Trump fue el verdadero autor intelectual, «el arquitecto de ese autogolpe» que fue el asalto al Capitolio, que animó con la intención de sabotear la proclamación como presidente de Biden y la transferencia del poder. «Por eso, Trump no merece tener la medalla ni ningún Nobel de la Paz».
Sus críticas hacia la actual administración de Washington no terminan ahí. Va más lejos. El escritor admite que «Trump me avergüenza como presidente del país donde vivo. No lo he votado nunca y estoy orgulloso de eso. Lo que más deploro de Trump es lo servil que es con los poderosos y lo cruel que es con los débiles. Un político o un gobernante de verdad debería actuar al contrario y mostrarse compasivo con los más débiles. Pero él es sospechosamente amigable con un dictador como Putin, que ha envenenado y matado a opositores que estaban en la cárcel. Deberíamos reflexionar sobre el hecho de que Trump sea enemigo de los inmigrantes y amigo de Putin. A todos debería crearnos cierta alarma».
Bayly agudiza sus críticas cuando habla de la actual política inmigratoria que se aplica en los Estados Unidos y afirma que allí «la policía migratoria va encapuchada. ¿Desde cuándo los agentes de la ley esconden su rostro? ¿No deberían estar orgullosos de aplicar la ley? Esconden sus caras porque van a perpetrar abusos miserables, porque van a asesinar a gente inocente. Me llenó de una enorme tristeza ver cómo mataban a una poeta porque no detuvo la camioneta a tiempo. Era madre de familia. A ese enfermero de cuidados intensivos lo liquidaron de diez balazos cuando ya estaba tendido en el suelo y no suponía ninguna amenaza. En cambio, Trump reivindica a sus matones. Los premia. Los elogia. ¿Desde cuándo en Estados Unidos se arresta a una persona por su perfil racial? Estoy avergonzado de los Estados Unidos de Trump».