Historia

La «Corte judía» de los Reyes Católicos

A pesar de la «leyenda negra» tras la expulsión de los judíos, numerosos miembros de esta comunidad ocuparon cargos de relevancia en palacio

Los judíos tenían que llevar signos distintivos, como los tocados de este fresco del siglo XIV
Los judíos tenían que llevar signos distintivos, como los tocados de este fresco del siglo XIV

A pesar de la «leyenda negra» tras la expulsión de los judíos, numerosos miembros de esta comunidad ocuparon cargos de relevancia en palacio.

La expulsión de los judíos ha estigmatizado la figura de los Reyes Católicos, hasta el punto de conformar una falsa «leyenda negra» desmontada en mi libro «Isabel íntima» (Planeta) con ayuda de un arsenal de documentos desconocidos provenientes del proceso de beatificación de Isabel la Católica, declarada Sierva de Dios por la Santa Sede. Resulta imposible abordar ahora este intrincado asunto con la profundidad requerida, pero sí es oportuno evidenciar un hecho a menudo olvidado: la benevolencia y justicia de los Reyes Católicos con los judíos a la hora de ejercer oficios que les estaban prohibidos ya en las Partidas de Alfonso X, siguiendo la tradición de los reyes cristianos, en castigo por haber matado a Jesús: «De manera que ningunt judío nunca tuviese jamás lugar honrado nin oficio público con que pudiese apremiar a ningunt cristiano en ninguna manera».

Ni médicos ni abogados

¿Qué oficios se les vetaban? No podían ser médicos ni cirujanos de cristianos; tampoco abogados, ni se les permitía comerciar con medicinas o alimentos sin un permiso especial. Como advierte el sacerdote claretiano Anastasio Gutiérrez, postulador del proceso de beatificación de la reina Isabel, «si de algo se podría acusar a los Reyes Católicos es de no haber tenido mucha cuenta de estas disposiciones». Isabel se rodeó así de buen número de judíos a quienes confió cargos importantes. Y eso, sin hablar de su esposo Fernando, de quien se afirma que procedía de judíos por línea materna.

El más destacado de todos sus colaboradores fue Abrahán Seneor, rabino mayor de Castilla, que fue el principal tesorero de la Hermandad General y de los Caudales para la guerra de Granada, bautizado en 1492. Pero otros fervorosos judíos que fueron al destierro, gozaron también del favor de los Reyes Católicos: Samuel Abolafia tuvo a su cargo el suministro de las tropas durante la guerra de Granada, Vidal Astori fue platero del Rey, y Yusé Abrabanel, recaudador mayor del Servicio de Ganados en noviembre de 1488. Los tres secretarios particulares de Isabel también eran judíos: López de Conchillos, Miguel Pérez de Almazán y Fernando del Pulgar, que además era consejero y cronista oficial.

Con razón, Amador de los Ríos afirmaba que la administración de las rentas reales de Castilla estuvo en manos de los judíos hasta su expulsión. Sin ir más lejos, la propia reina se sometió al tratamiento de un médico judío, Lorenzo Badoç, cuando sus esperanzas de obtener sucesión masculina flaqueaban. Sabemos también que el Rabí Jaco Aben Nunnes era «físico» del rey Fernando, y que el ingeniero de los monarcas era Maestre Abrahán de los Escudos. A Juan López de Lazárraga, considerándole judaizante, le dijo una vez Isabel: «Pésame, don López, que por fuerza haya de despediros de mi casa». Pero demostrada luego su inocencia, López de Lazárraga permaneció en palacio y fue designado por la reina ejecutor testamentario suyo.

Insistamos en que la legislación anterior al reinado de Isabel y Fernando ya discriminaba a los judíos. Las Partidas de Alfonso X les obligaban a llevar distintivos externos: «Mandamos que todos quantos judíos e judías vivieren en nuestro señorío, que trayan alguna señal cierta sobre sus cabezas, que sea tal por que conoscan las gentes manifiestamente quál es judío o judía; pena diez maravedís de oro, e si no los tuviere, reciba diez azotes públicamente». Las Cortes de Madrigal de 1476 renovaron las antiguas disposiciones sobre la ropa prohibida a los judíos, que no podían usar seda, grana ni adornos de oro y plata en su vestimenta o en los arreos de las cabalgaduras.Como signo distintivo debían llevar sobre el hombro derecho «una rodela bermaja de seis piernas, del tamaño de un sello rodado».

Pero los castigos por el incumplimiento no fueron severos, y las disposiciones apenas se cumplieron. Tan s0lo en tres ocasiones, dos en 1478 y una en 1491, los reyes indicaron a las autoridades locales su vigilancia, pero siempre se procedió a instancia de parte. Subrayemos también que España era católica, de hecho y de derecho, en el siglo XV. Muchos saben que España vivió en clima de reconquista durante casi ocho siglos, desde el año 718 hasta 1492. Bajo la enseña de la Cruz y el nombre de Santiago contra la media luna mahometana, se edificaron más de 1.800 monasterios históricamente catalogados. Es innegable que en el programa de gobierno de los Reyes Católicos figuraban la defensa y propagación de la fe católica. Juzgar por eso su actuación en la Edad Media con ojos del siglo XXI es anacrónico y distorsionante.