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Y cenicienta prefirió la lectura

«A sus cuarenta años, la doctora Weiss comprendió que la literatura le había destrozado la vida». La frase, que los editores reproducen en la banda promocional de la portada del libro, es el comienzo de esta obra que continúa, sin que nos sorprendamos, nombrando a Anna Karenina y Emma Bovary. Pero enseguida encontramos un giro sorprendente cuando leemos que en realidad todo empezó en la primera infancia cuando una niñera le susurró antes de dormir: «Cenicienta podrá ir al baile».

Esta es la primera novela de Anita Brookner y en ella aparece ya esa mezcla de inteligencia, ironía y ternura habituales en sus obras. La protagonista, la doctora en literatura Ruth Weiss, es hija única de unos padres excéntricos, ella actriz de teatro y él un librero sin dotes para el comercio. La niña es una lectora precoz que, como suele ser habitual, confunde la vida con la literatura y es solamente al llegar a la madurez y repasar lo que ha sido su vida cuando será capaz de poner las cosas en su sitio. Unos padres egoístas e inmaduros se encargarán de acelerar el proceso.

En el estupendo prólogo, Julian Barnes, amigo de Anita Brookner, dice de ella: «Era ingeniosa, de una inteligencia deslumbrante, reservada e imposible de conocer más allá de donde ella decidiera. No se me ocurre otro novelista menos proclive a escribir su autobiografía». Sin embargo, siempre ha parecido obvia la inspiración autobiográfica de la mayoría de sus novelas, protagonizadas por mujeres de alto nivel intelectual que esquivan el amor o no lo encuentran y solo descubren su lugar en el mundo en una soledad no necesariamente negativa. Brookner vivió sola, llevó una existencia austera y se mantuvo aislada de la vida social. También cuenta Barnes sobre su peculiar sentido del humor y sus hábitos sociales. Fue hija de una familia adinerada, sus padres, a los que cuidó hasta su muerte, se opusieron a que tuviera estudios universitarios.

Alto nivel intelectual

Cuando falleció su madre, Anita tenía 41 años y había sido la primera mujer en ocupar un puesto en la prestigiosa cátedra Slade de la Universidad de Cambridge y con el tiempo se convirtió en una de las escritoras europeas más destacadas del siglo XX. Uno de sus temas recurrentes, las emociones reprimidas, se convierte en crucial también en esta obra, pero ante todo llaman la atención la elegancia de su estilo y la sutileza de las reflexiones de la protagonista: «Salvarse del desorden con disciplina no le bastaba. Ahora quería salvarse de la disciplina y encontrar algo más dulce». Quizá Cenicienta pudo ir al baile pero prefirió quedarse sola, leyendo.