Una «Cenicienta» brillante

Crítica de clásica. Temporada del Liceo. «Cenicienta», de Jules Massenet. Intérpretes: J. DiDonato, E. Poodles. A. Coote, C. Obregón, M. Martins, L. Naouri e I. Galvám. Orquesta y Coro del Teatro del Liceo. Director musical: A. Davies. Director escénico: L. Pelly. T. Liceo. Barcelona.

Joyce DiDonato aportó gran expresividad a la protagonista
Joyce DiDonato aportó gran expresividad a la protagonista

El estreno en el Liceo de «Cendrillon» («Cenicienta») de Jules Massenet no podía tener mejores mimbres, empezando por la excelente dirección musical de Andrew Davies que supo sacar toda la belleza y expresividad de esta interesante partitura y equilibrar perfectamente el foso con un reparto de enorme solvencia. En primer lugar la divertida y siempre espectacular contralto Ewa Podles como una altiva y tirana Madame de la Haltière capaz de deslumbrar con un registro grave impactante y su débil y generoso marido Pandolfe perfectamente caracterizado y cantado con nobleza por Laurent Naouri. La Hada de Annick Massis aportó toda la magia necesaria para disfrutar de este conocido cuento de Perrault con una excelente presencia escénica y un canto expresivo y elegante con extrema facilidad en el registro agudo y en las agilidades de su parte. Bien cantado y expresivo el Príncipe de Alice Coote, que cuajó bien en los dúos con la mezzosoprano norteamericana Joyce DiDonato, la verdadera guinda de este lujoso reparto. Su Cendrillon aportó una enorme expresividad al rol de la joven maltratada convertida finalmente en princesa y su canto resaltó con excelencia destacando la belleza de su registro central y la facilidad y expresividad en el registro agudo pero en una partitura cuyas arias, al estilo francés, no acaban de presentar todo el potencial de la cantante. Muy adecuadas las dos hermanastras de Cristina Obregón y Marisa Martins, con la segunda especialmente adecuada a nivel actoral. Bien el resto del reparto. La coproducción de Laurent Pelly del Liceo, Covent Garden, Teatro de La moneda de Bruselas y la Ópera de Lille funciona a la perfección gracias a una dirección de actores muy cuidada y divertida en una puesta en escena que enfatiza el cuento de Perrault con el texto del mismo por las paredes de una escenografía multiusos que sirve tanto de casa de la familia como del Palacio de Versalles. El vestuario, realmente excepcional, consigue elevar notablemente el resultado de esta cuidada producción de una obra que, lamentablemente, a pesar de sus muchas cualidades y los mimbres utilizados ,no acaba de funcionar del todo al ser algo extensa y con una trama que en ocasiones se aleja de la línea principal y cuenta con pocas arias verdaderamente destacadas y de lucimiento.