
Premios Goya 2026
Recuperando la fe en el cine español con Oliver y Alauda
Utilizando diferentes estilos, temáticas y códigos, pero compartiendo energía creativa, ambos cineastas resignifican el elemento de lo espiritual con sus respectivas películas

En "La estética del silencio", el primer ensayo de su extraordinaria colección de 1969 agrupada bajo el título "Estilos de voluntad radical", Susan Sontag analiza aguda y predictiva, con vocación observacional y analítica, cómo el silencio vinculado a la creación artística se había convertido en ese momento en una forma de misticismo dentro de los márgenes de una cultura progresivamente más secular. "Cada época debe reinventar para sí misma el proyecto de “espiritualidad”", escribe la filósofa y ensayista neoyorquina.
"Ella viene a decir que en la época secular en la que estamos, donde la gente ha desterrado de alguna forma las creencias, donde ya la institución religiosa no es la guía, es el arte contemporáneo –en todas sus formas y expresiones– quien ha tomado el testigo de la religión para redefinir el concepto mismo de espiritualidad", comparte el cineasta gallego Lois Patiño en entrevista con este periódico tras preguntarle por el cine –y por tanto el arte– como puente de resignificación de lo religioso después de que las dos películas que más nominaciones atesoran en esta 40ª edición de los Goya, "Los domingos" con 13 y "Sirat" con 11, se hayan convertido en auténticos fenómenos culturales apelando a través de distintas temáticas, códigos y estilos, a la fe como vehículo.
"Todos necesitamos creer en algo, incluso los que no somos creyentes"
"En esta pluralidad de autores que reflexionan en torno a esto, "Tardes de Soledad", de Serra, creo que tiene algo de lo que señala Sontag, "Sirat" también, claro, y por supuesto ‘‘Los domingos’’, aunque desde mi punto de vista esta última, tiene mucho de reflejo de la Iglesia como institución religiosa, más que retrato del componente espiritual. Si hay algo de espiritualidad es en el personaje de la chica, pero de forma un poco críptica. Donde hay una auténtica redefinición de la espiritualidad para mí, una verdadera relectura que contribuye a que se vaya definiendo nuestro propio concepto de espiritualidad, como te digo, es en nombres como los de Serra, Angélica Lidell me viene a la cabeza o el caso de Oliver", admite el director de "Samsara".
Sincronía artística
Si bien es cierto que la polifonía de voces surgidas y los intensos y múltiples debates planteados tras el estreno de las cintas dirigidas por Oliver Laxe y Alauda Ruiz de Azúa han coincidido coyunturalmente con un supuesto auge cultural del despertar religioso alimentado también por la coincidencia cronológica que hubo con el lanzamiento de "Lux", el último disco de Rosalía, el diálogo establecido entre ambas parece responder más a sincronías de tipo artístico, a urgencias creativas capaces de dotar de contenido y sentido a las obras en mitad de este remolino capitalista de simplificación y vaciamiento narrativo, que a la recuperación voluntaria de genuflexiones católicas con el hábito puesto.
Resulta particularmente interesante contemplar cómo en "Sirat" por ejemplo, Laxe no explicita en ningún momento la deriva espiritual de sus erráticos raveros por el desierto de Marruecos adscribiendo sus creencias a ningún tipo de religión concreta, pero sí vitamina el poder sensorial de las imágenes y el sonido para plantear un escenario de aspiración mística con resonancias simbólicas profundamente mesiánicas, apariciones de citas coránicas y una pretendida recuperación de los cultos. La utilizada por el cineasta gallego responde a un tipo de armonía conciliadora y universalista que participa activamente en la recuperación del concepto de trascendencia, pero sortea de manera arriesgada las líneas finísimas que podrían convertir el mensaje proyectado en dogma revestido de metáfora sinestésica sobre el infierno y el paraíso. Una armonía celestial y devota que se traslada discursivamente a la propia energía personal irradiada por Laxe.
"Cuando ves que has saltado al abismo con tu obra, que has pasado la prueba de fe, que has confiado en el camino, en tus valores, en tu manera de servir al espectador y debajo de todo eso había una red capaz de sostener tu impulso, te sientes recompensado. Vivimos en un tiempo y un mundo secularizados. No tenemos ya una formación esotérica o espiritual o religiosa que nos haga tener herramientas para mantener el equilibrio en momentos exigentes, cuando la vida nos reta. Digamos que yo creo que la misión del artista, o por lo menos lo que yo me pido a mí mismo como mínimo desde mi posición de director, es dar buenas noticias, no participar en este miedo generalizado y de alguna manera religar. Me gusta mucho la etimología de la palabra ‘‘religión’’, creo que el artista en este sentido tiene que ser una especie de religioso que religue lo que aparentemente está separado, pero que no lo está en realidad", defendía Laxe con LA RAZÓN durante los primeros compases de promoción de la cinta.
"Para mí es radicalmente indisociable el arte de lo sagrado"
"El mundo se reespiritualiza o no será mundo. La economía y la ecología nos dicen que es necesario un "reset", las tradiciones y las religiones lo dicen también: los signos están ahí. Soy un hijo de la Ilustración pero para mí es radicalmente indisociable el arte de lo sagrado y esta película es un intento de invitar al espectador a un ceremonial, a una suerte de rito de paso que ya no tenemos presente en nuestra sociedad, donde hemos depositado en ciertas instituciones esa responsabilidad, lo cual nos ha hecho personas más inmaduras, más angustiadas. La intención es trasladar una experiencia metafísica concreta a través del arte y canalizar las preguntas importantes que el ser humano tiene que hacerse. ‘‘¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? ¿Estoy verdaderamente alineado con lo que tengo que hacer?’’. En mi caso por ejemplo, mi proceso creativo va ligado a mi proceso de desarrollo personal, de autoconocimiento. En muchas tradiciones se dice aquello de que el que se conoce a sí mismo conoce a su señor, o sea, el que se conoce a sí mismo se libera", aseguraba.
Siguiendo con la línea argumental de Sontag y su compatriota y "hermano artístico", Lois Patiño, el realizador advierte no sólo a través de su obra sino también mediante la configuración de su alegato la existencia de una realidad desacralizada donde "desgraciadamente las instituciones religiosas pueden dar en el clavo para rascarnos el alma o tocarnos el corazón. Pero el arte para mí, desde joven, siempre fue el verdadero faro que me ha transmitido esa luz, valentía y nobleza procedente de todos esos artistas que tenían una mezcla de locura y amor. La fe es una mezcla de amor y locura. La fe es saber que te puedes tirar al abismo y que siempre hay una red debajo. La vida, aunque se expresa a través del accidente y de la inoportunidad, siempre te ofrece un regalo que te hace crecer y creer", subrayaba.
En el caso complementario de "Los domingos", la figura de Aluda como artífice y autora de esta historia de vocaciones religiosas tempranas y sectarismos institucionales ejercidos de manera soterrada por parte de la Iglesia, pero también de la familia, no ha estado exenta de polémicas surgidas al hilo del beneplácito del presidente de la Conferencia Episcopal Española o interpretaciones que sugerían la idea de una falta de condena explícita a las sombras de la institución por parte de la también directora de la extraordinaria "Cinco lobitos" o la brutal "Querer". "Mi relación con la fe ha sido inexistente siempre. Ha sido cultural, social, estaba en mi mundo evidentemente, no me era ajena desde un punto de vista social y cultural, sé lo que es una comunión, he ido a bodas, pero siempre lo percibía como algo simplemente tradicional que formaba parte de realidad", aseguraba también en entrevista con este medio recalcando además la importancia de que esta cinta llamada a arrasar en los Goya haya provocado una conversación tan agitada y "un cuestionamiento tan sobreanalizado de cómo se construye las vocaciones religiosas". "Todos necesitamos creer en algo, incluso los que no somos creyentes. Creo que tenemos esa necesidad de depositar la fe en lugares, en sentimientos, en personas, en espacios". El Auditori Forum CCIB de Barcelona que acogerá la celebración de los Goya parece el más inmediato para que los dos cineastas depositen la suya propia el próximo sábado 28 de febrero, antes de que acontezca el milagro.
La espiritualidad: una empatía colectiva
Patiño, cuya mirada cinematográfica conecta de una manera directa muy estética pero sobre todo muy formal con toda la imaginería que envuelve las atmósferas de la obra de Laxe, reconoce que su manera de acercarse al elemento espiritual es muy personal pero también muy susceptible de ser compartido por bastantes personas que entienden la fe como un ejercicio depositado de empatía colectiva. "La religión es una cosa y la espiritualidad otra. Las raíces animistas gallegas que compartimos Oliver y yo tienen mucho que ver en mi forma de acercarme a la fe. Si yo tuviera que definir mi entendimiento de lo que significa la espiritualidad no incluiría la presencia de ningún Dios, ni ninguna religión. Sino un proceso interior en el que logras hacer sentir en ti una empatía hacia lo que te rodea y una comunicación con el entorno. Una especie de sentimiento oceánico, digamos, de infinitud. Una empatía tal, que somos capaces de sentirnos parte de lo mismo, de un todo, igual que una gota de agua forma parte de un océano. Creo en ese tipo de espiritualidad que tiene que ver con el amor, que al final es empatía hacia lo que nos rodea, hacia la naturaleza, hacia el otro", sostiene el director.
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