La rivalidad Tebas-Rubiales, 92 años antes

La Liga se fundó el 23 de noviembre de 1928. Los seis clubes fundadores defendieron hasta el final su idea de torneo cerrado. El torneo español es el menos democrático de Europa con sólo 9 campeones

La plantilla del Barça, en el último partido de la Liga 1928/29F C BarcelonaLa Razón

Las tensiones entre Luis Rubiales y Javier Tebas podrán extrañar a los adanistas, esa raza de ingenuos convencidos de que el mundo no giraba antes de que ellos naciesen. Sin embargo, la controversia y la colisión de intereses entre la Real Federación Española de Fútbol y los clubes a ella afiliados son casi tan antiguas como el balón. Que le pregunten a Pedro Díez de Rivera y Antonio Bernabéu, los presidentes de la RFEF que hubieron de lidiar con las dos corrientes que pugnaban, mediados los años veinte, por organizar la Liga y que llegaron a disputar dos campeonatos paralelos. Una guerra entre «maximalistas» y «minimalistas» parecidísima a la que ahora entablan los dirigentes empeñados en la creación de una Superliga europea.

Si los romanos ya sabían que nada había nuevo bajo el sol, nihil novum sub sole, imagínense si las habrá en la media hectárea de yerba que se emplea como campo de fútbol. Para montar aquella primigenia Liga, que habría de jugarse íntegramente en la primavera de 1929, los clubes empezaron a conversar en el verano del 26, cuando los dirigentes más preclaros pensaron que por qué habría de esperarse a la fase final de la Copa del Rey para contender ante rivales de otras regiones: a mejores y más frecuentes partidos, ahora que el ferrocarril permitía cruzar la Península en veinte horitas de nada, más espectadores y más dinero.

Las negociaciones fueron arduas. Los seis equipos que se habían repartido todos los títulos de Copa desde 1903 –Madrid, Barcelona, Athletic, Real Sociedad, Real Unión de Irún y Arenas de Guecho– fundaron una Liga Española de Foot-Ball que era como un club cerrado, sólo para ellos, y fueron motejados como «minimalistas» por las entidades «maximalistas», que pretendían albergar al máximo de contendientes posibles en el naciente campeonato. Las motivaciones de los grandes eran económicas, para variar, y llegaron a disputar un denominado Torneo de Campeones sin carácter oficial, como tampoco lo tuvo la Liga Máxima que montaron paralelamente los excluidos, acaudillados por los clubes andaluces que blasonaban de ser, el Recreativo de Huelva (1889) y el Sevilla (1890), los más antiguos de España.

Como en toda negociación, ambas partes tuvieron que ceder impelidas por el gobierno del general Primo de Rivera y por la mismísima Casa Real, cuya cabeza coronada, Alfonso XIII, era un notorio «sportman». Los campeones se avinieron a ampliar la Liga hasta los diez equipos con la inclusión de los tres subcampeones coperos –el Athletic de Madrid y los barceloneses del Español y el Europa– y el Racing de Santander, ganador de un playoff entre norteños para no complicar el torneo con largos desplazamientos al sur del país.

Los «maximalistas» quedaron encuadrados en una Segunda división de la que, a partir de la edición 29-30, cuando subió el Alavés, el campeón tendría derecho a codearse con los mejores. El sistema de ascensos y descensos, por consiguiente, se implantó en España contra el criterio de los clubes fundadores, que defendieron hasta el final su tesis de una liga cerrada.

El resto es historia sabida de sobra, millares de partidos y millones de emociones que han vertebrado la vida social desde hace casi un siglo. Además de una reminiscencia del elitismo, el pecado original de la Liga española: de los cinco grandes campeonatos continentales, es el que menos clubes campeones ha deparado a lo largo de su historia, sólo nueve, cinco de los cuales compitieron en la edición inaugural y acaparan 80 de los 89 títulos dispensados hasta hoy. Se trata de un dato asaz plutocrático, en las antípodas de los veinticuatro campeones que ha dado la liga inglesa, la más abierta del continente, pero también lejos de los dieciocho clubes que han levantado el campeonato francés e incluso de los doce que se han prendido en Italia el «scudetto» o que han ganado la Bundesliga, sea en la Alemania unificada o durante los años de la RFA.