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Adiós a Fernando Torres, el futbolista que no miraba el reloj

"Nos falta condición física de base. Menos a Torres, que es alemán", solía decir Luis Aragonés cuando se hizo cargo de la selección. Fernando ha sido un futbolista contranatura, un delantero que pedía la pelota al espacio cuando sus compañeros se la daban al pie. Un jugador que destacaba por su físico en una selección de bajitos. Un especie rara en el fútbol español.

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Y a pesar de eso se hizo imprescindible en la Roja que lo ganó todo. Se adaptó con inteligencia y era él el que dejaba los espacios libres para que entraran los demás. Un futbolista generoso que tuvo el premio de marcar el gol que cambiaba el destino de la Roja en la final de la Eurocopa 2008 contra Alemania. Un "alemán"que ganó por potencia física a los alemanes de verdad.

Torres ha sido un futbolista extraño para todo. En un época donde los futbolistas no tienen tiempo para nada, él siempre encontraba un hueco para atender a los aficionados. Porque siempre ha tenido la conciencia de que él era uno de ellos. Lo fue y lo volverá a ser después de la retirada. Por eso había 45.000 personas el día de su presentación en el Vicente Calderón cuando regresó al Atlético. Había ganado un Mundial, dos Eurocopas, una Liga de Campeones y una Liga Europa, el único futbolista que lo ha conseguido. Pero le faltaba un título con el Atlético. Los aficionados no recibían a un futbolista, recibían a uno de los suyos y por eso celebró más que ningún otro trofeo esa Liga Europa que ganó la temporada pasada con el equipo rojiblanco.

Fernando siempre ha sido capaz de ponerse en el lugar del otro. Acostumbrados a entrevistas exprés en las que los futbolistas repiten sin pensar el mismo discurso vacío, Torres no atendía a los medios si no tenía el tiempo necesario. Nunca miraba el reloj. "Tranquilos. La multa os la paso a vosotros", decía durante una entrevista con este periódico en una concentración con la selección en Las Rozas. Se acababa el tiempo de atención a los medios y tenía que irse a comer, pero nunca miró el reloj. Nunca lo miraba. A cada uno le daba su tiempo.

También él se ha dado el tiempo que necesitaba. No quería despedirse del fútbol en el banquillo. No quería ser un estorbo en el Atlético y se fue a buscar otras experiencias en el Sagan Tosu de Japón. En aquella ciudad fue recibido como un ídolo en la primera pretemporada de su regreso al Atlético. Eso pesó más que el potencial deportivo del equipo. Ahora se despide. Entiende que su tiempo ha acabado. Pero no ha necesitado mirar el reloj para saberlo.

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