Aire fresco en La Roja

La Razón
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La Selección española venció y convenció ante Bielorrusia, con muchas caras nuevas en el equipo, pero recuperando la esencia del estilo que le hizo ganar todo hace no tanto. Y entre todos, el que más brilló fue Isco. El madridista disputaba su primer partido con el mando absoluto de la Roja y la respuesta fue contundente y brillante.

Los jugones de Isco

El malagueño lidera la revolución de Vicente del Bosque aportando talento, fantasía y siendo fiel al estilo «del éxito». El aire fresco llega con sencillez, sin hacer ruido. Contagia y provoca la empatía con el público. Se traslada desde el césped a la grada, entusiasmada con lo que estaba viendo. Conceptos como ritmo, velocidad, profundidad se recuperan, pero todo con orden. Vuelven a aparecer los valores del juego: la posesión y la clave, que es el «PRESS»-PÉRDIDA en la primera línea y en el área rival. Cuando funciona, es letal. Cuando se pierde la pelota, van todos como flechas a recuperarla y su eficacia es tal que el rival (una caricatura) se queda impotente, sin ideas. Provoca un estrés paralizante. Fueron 25 minutos de ensueño, suficientes para enamorar, con la fantasía de Isco al frente de todo, coronado con un golazo.

Organización táctica

La vuelta de Piqué al centro de la defensa junto al gran jefe, Sergio Ramos. Los dos laterales, Juanfran (fantástico el atlético) y Jordi Alba, van como aviones, con un ida y vuelta hasta el final. Eléctricos. La sala de máquinas, el corazón de la Roja y el estilo, estuvo bajo la dirección de un Koke y un Sergio Busquets que hacían que la circulación de balón fuera fluida y limpia. Sus recorridos e incorporaciones se producían con una enorme libertad y con tiempo para pisar el área contraria. El azulgrana marcó el segundo gol de un tiro lejano. Por delante de ellos, dos enlaces entre líneas, las dos piezas que hicieron que todo fuera diferente. Cazorla por la derecha, con libertad de movimientos, tocando, buscando y provocando desequilibrios en el juego interior, aprovechando su oportunidad después de haber estado tantos partidos en segunda fila. E Isco por la izquierda, en el carril del «10», número mágico, donde el jugón tenía todas las luces prendidas. De él salía todo lo mejor. Y arriba, Pedro manejando y haciendo perfecto el guión de segundo delantero o mediapunta, picando y yendo a todas, ofreciéndose. No es exquisito, pero es EFICAZ. Y Alcácer como referencia, el papel menos vistoso por someterse a tener que ser el último en entrar en escena. Gran sacrificio el suyo. Sólo se evalúa con el gol, que ante Bielorrusia se le resistió, pero hizo un buen trabajo.

El plan B

Los debutantes, Callejón y Morata, los canteranos, son protagonistas. Llegan los cambios y, por ende, la modificación táctica y del estilo. Se simplifica todo. Lo primero, la posesión del balón: el toque y la belleza pasan a un segundo plano. Lo segundo: gana presencia en área con dos puntas, Morata y Alcácer, con una gran movilidad. Lo tercero: las bandas actúan en parejas. Los laterales comparten la conquista final con la colaboración de los interiores, Callejón por derecha (en extraordinaria forma de juego) y Pedro por izquierda. Las consecuencias: el equipo es más ancho, se gana en amplitud y en profundidad, se llega al área con gran rapidez, tal vez algo más directos y menos vistosos. La reflexión: aire fresco. Tenemos jóvenes y mimbres para soñar. Además, hay madera de campeón.