Andrés deja solo a Messi

Juntos han ganado 31 títulos con el Barcelona. Primero se marchó Xavi, luego Neymar y ahora es Iniesta el que se va. Al capitán azulgrana le costó aguantar las lágrimas en la despedida

Messi acude a abrazar a Iniesta después de darle el pase para el cuarto gol del Barcelona

Juntos han ganado 31 títulos con el Barcelona. Primero se marchó Xavi, luego Neymar y ahora es Iniesta el que se va. Al capitán azulgrana le costó aguantar las lágrimas en la despedida.

Messi le dio a Iniesta el pase del cuarto gol y después se fue a abrazarlo. Juntos han hecho su carrera y lo han ganado todo uno al lado del otro. La Copa es el título número 31 que consiguen los dos con la camiseta azulgrana. Y ahora, Messi se queda solo. Se marchó primero Xavi, después Neymar, que parecía destinado a ser su heredero. Ahora el que se va es Iniesta. Aunque Andrés es eterno.

Alcanzó la eternidad con aquel gol en la final del Mundial 2010, por el gol y por el detalle de acordarse de su amigo Jarque en la camiseta que dejó ver al quitarse la oficial. Ha perdido pelo y el que le queda ha ido mudando de color hacia tonos más grises, pero cuando toca la pelota disimula los 34 años que tiene. Nadie al verlo ayer hubiera pensado en que se trataba de un jugador al borde de marcharse al exilio para jubilarse. «Parecía que tenía 25», reconocía Montella tras el partido. Iniesta estaba decidido a sentirse importante en su última aparición en una final de Copa. Y lo fue desde el comienzo, participando en la salida de la pelota para poner orden en el juego y en la llegada al área, como demostró en el cuarto gol del Barcelona. Allí dejó lo mejor de su fútbol. Acompañó la jugada después de dar la pelota a Messi, la recogió en el área de nuevo, regateó al portero sin tocar la pelota y marcó con David Soria vencido en el suelo.

Quedaban dos minutos para que se terminara el encuentro cuando Valverde decidió sustituirlo. El técnico azulgrana se guardó el último cambio para poder despedir a su capitán al borde del final. En la banda esperaba Denis, lo que no hace tanto podía haberse intrerpretado como un símbolo del relevo que viene. Pero Iniesta no tiene sustituto ni herederos. Los aficionados sevillistas se olvidaron de su dolorosa derrota para levantarse y aplaudir para hacerse uno con los azulgrana en la grada. Con Iniesta no hay divisiones.

El «8» del Barcelona se marchó emocionado, alargando el momento de la despedida, recibiendo los besos y las felicitaciones de sus compañeros. Entregó el brazalete a Messi y volvió a abrazarse con el argentino antes de cruzar la línea. Las lágrimas se concentraban en sus ojos a punto de salir. Volvió a ponerse el brazalete para subir las escaleras que conducen al palco para recoger la Copa. Recuperó la sonrisa cuando el Rey Felipe VI le entregó el trofeo y le dijo unas palabras al oído.

«Hemos visto al mejor Iniesta de muchísimo tiempo. Iniesta marca una época en nuestro club, la era de Don Andrés», reconocía el presidente azulgrana, Josep Maria Bartomeu. «Son muchas emociones en el día de hoy», reconocía el jugador, que esta semana desvelará su futuro. Ahora sí, Messi ya es consciente de que se ha quedado solo.