Bolt, imparable bajo la lluvia

En unas condiciones muy adversas, el jamaicano ganó los 100 con una marca sobresaliente, 9.77

Bolt, por delante de Gatlin en la segunda parte de la carrera
Bolt, por delante de Gatlin en la segunda parte de la carrera

Minutos antes de la final de los 100, uno de esos instantes en los que parece que el mundo se detiene, comenzó a llover en el estadio Luzhniki. No era el diluvio universal, pero tenía la suficiente intensidad como para estropear la expectativa de una gran marca. A la habitual teatralidad con la que Usain Bolt adorna sus grandes momentos añadió la apertura de un supuesto paraguas. Con la que estaba cayendo, el jamaicano se protegía de la lluvia a su manera y se tomaba la carrera con la aparente tensión con la que afronta todas las finales. Es decir, ninguna. Bolt está obligado a abandonar Moscú con tres oros que añadir a sus cinco títulos mundialistas y ya tiene el primero con un registro de 9.77. Excepcional para el resto del mundo, pero normal para él. Eso es lo que le hace realmente grande. La marca no está entre las 15 mejores de la historia. Él ha corrido siete veces más rápido que en Moscú, pero con las condiciones que había en la pista no se podía pedir más. En unas circunstancias normales el registro hubiese rondado los 9.70 o menos y eso sí son palabras mayores. En los 100 no tuvo rival o sí. Tuvo rival hasta la mitad de la recta. Gatlin fue plata con 9.85, su mejor marca de la temporada, y otro jamaicano, Nesta Carter, bronce con 9.95.

A Bolt se le esperaba en los 100 porque era una de las pocas cuentas pendientes que le quedan en su carrera. En Daegu, hace dos años, una salida nula en la misma final acabó con las expectativas de una carrera mayúscula. Y dejó aquel Mundial con la sensación de que nos habían hurtado un espectáculo maravilloso. Desde entonces Bolt tenía apuntada la final de Moscú como una cita obligada. Bolt tenía que pelearse consigo mismo. ¿La culpa? De las lesiones, que acabaron con su compatriota Blake, y del dopaje que ha salpicado a los dos únicos atletas que le podían mirar más de cerca: Tyson Gay y Asafa Powell. Sin adversarios capaces de acercarse a los 9.70, a Bolt sólo le podían alterar Gatlin y Carter. El estadounidense ya le había ganado esta temporada. Fue en Roma hace dos meses, aunque aquella derrota fue más por la dejación del jamaicano que por la superioridad del yanqui.

Bolt se dejó ir en las series y en la semifinal. En la segunda carrera corrió por debajo de los diez segundos casi por obligación, pero en la final todo fue diferente. El premio, otro título de campeón del mundo, el sexto, lo merecía. Lo único que se le puede criticar a Bolt es cómo abandona los tacos. Su mejora en la puesta en escena es imperceptible con el paso de los años. Sigue retrasándole unas centésimas y en 100 metros eso sirve para poder hacer marcas de otro planeta o hacer marcas que sólo dos o tres humanos han sido capaces de igualar.

Ashmeade, el cuarto de los jamaicanos, fue el primero en partir. Gatlin y Bolt lo hicieron a la vez, pero fue el estadounidense el que tomó el mando de la carrera. Con 11 centímetros menos de altura que Bolt y un centro de gravedad más bajo, su aceleración llegó antes. Recordó al campeón olímpico en Atenas'04 y al campeón del mundo en Helsinki un año después. La diferencia es que allí Bolt todavía se limitaba a correr por las calles de Trelawny. Cuando el «Relámpago» tomó la vertical tardó 30 metros en situarse a la altura de Gatlin. Lo que sucedió luego sólo bastó para certificar que cuando Bolt quiere no tiene rivales. Con la mitad de la carrera por delante la única incógnita era en qué momento Bolt iba a ser capaz de detener el crono. Gatlin logró mantenerse cómodamente en la plata mientras veía alejarse al jamaicano. A Bolt le bastó con competir a su nivel durante poco más de la mitad de la carrera para ganar la final. El crono fue 9.77. Ha habido 16 marcas en la historia mejores que ésa, pero ninguna de ellas se logró en unas circunstancias tan complicadas como las que obligaron a Bolt a sacar su particular paraguas en los tacos de salida. El hombre más veloz del planeta recuperó una corona que sólo una salida nula hace dos años le había podido arrebatar.

Jamaica, reyes de la velocidad

La final de los 100 metros no era los «trials» de Jamaica, pero casi. La mitad de los finalistas procedían del país caribeño y cuatro de los cinco primeros finalistas fueron jamaicanos. Sólo Gatlin con su plata se coló entre Bolt, Carter, Bailey-Cole y Ashmeade. Y eso que entre los ilustres ausentes había otros dos atletas jamaicanos cuyas marcas están entre las diez mejores de la historia: Yohann Blake (9.69) y Asafa Powell (9.72). En la recta sigue mandando Jamaica.