Ciclismo

Una Vuelta igual, pero diferente, para 2019

Añade puertos más largos para los finales de etapa y adelanta Andorra y la contrarreloj a la segunda semana. “Será bonita para el espectador y para mí”, dice Alejandro Valverde

Un momento de la gala de presentación de La Vuelta Ciclista a España 2019, esta noche en el Auditorio Diputación de Alicante. EFE/ Morell
Un momento de la gala de presentación de La Vuelta Ciclista a España 2019, esta noche en el Auditorio Diputación de Alicante. EFE/ Morell

Ocho finales en alto, etapas cortas y sólo una contrarreloj individual. La Vuelta mantiene su personalidad, ésa que le ha hecho crecer desde que en 2009 Javier Guillén tomara el mando como director general. Un año después, el maillot de líder dejó el oro para vestirse de rojo, el último paso para la transformación de una carrera diferente, que no deja de encontrar alicientes nuevos. El último es la presencia de “sterrato”, cuatro kilómetros de tierra para endurecer aún más una etapa de apenas 96 kilómetros y cinco puertos -dos de segunda, dos de primera y uno de categoría especial-. Pero llega pronto la etapa de Andorra, nada que ver con el curso pasado en el que fue el último paso antes del paseo por Madrid. “Andorra viene pronto, pero siempre es bonito a mitad de Vuelta una etapa así, corta y explosiva”, dice Enric Mas, segundo el año pasado. “Lo que funciona hay que mantenerlo, aunque hay que cambiar algo siempre”, reconoce Guillén. Por eso en 2019 abandona la idea de puertos cortos y exigentes, esprints en alto para terminar las etapas y apuesta por montañas más largas.

La de Andorra será la novena etapa, la que cierra el primer tramo de la carrera. Al día siguiente llegará el primer día de descanso, previo a la única contrarreloj individual, 36 kilómetros por terreno francés con final en Pau. Tampoco debe ser decisiva esta carrera contra el crono, muy lejos del final, con dos semanas por delante todavía para decidir el ganador. La organización ha reservado para el final la etapa que culmina en la Plataforma de Gredos. Sólo es un puerto de tercera, pero allí se llega después de 189 kilómetros y cuatro puertos más. Entre ellos, el Alto de la Peña Negra, de primera, y el de Serranillos donde en 1983 Bernard Hinault decidió la Vuelta que parecía encaminada a coronar a Julián Gorospe. Al ciclista entonces de Reynolds se le escapó entonces la gran oportunidad de su carrera y al “Caimán”, dos Tours. Lesionado, no pudo correr el de ese año y fue derrotado por Laurent Fignon en el del 84.

La Vuelta descubre finales nuevos, como el de Javalambre, y recupera finales que no hace mucho han aportado terreno al espectáculo, como Mas de la Costa y Los Machucos, con rampas de un desnivel superior al 20 por ciento. Recupera también el final en Bilbao, que después de estar más de 30 años sin aparecer en los planos de la carrera, se está convirtiendo en habitual en las últimas ediciones. “Hay dos o tres etapas trampa, entre ellas la que va de Bilbao a los Machucos. Dice que son de segunda y de tercera, pero es mi zona de entrenamiento y te aseguro que no son terceras”, explica Omar Fraile, que pone el foco en la etapa de Bilbao. Pero sólo con una pega, el puerto de Arraiz, el último en subirse, le resulta demasiado exigente. “Son dos kilómetros que se pegan muchísimo. Es muy duro”, afirma. Recupera también la etapa de Urdax-Dantzarinea, un paseo por los escenarios de Zugarramurdi boicoteado hace dos años por los ciclistas.

Y la última semana se olvida de los enormes traslados de los últimos años para no alejarse mucho de Madrid. Recupera los caminos por la sierra madrileña después de una etapa con final en Guadalajara. Después, Toledo, en una etapa que debe servir de homenaje a Federico Martín Bahamontes en el año en que se cumplen 60 años de su victoria en el Tour. Una Vuelta para escaladores como él. Ésa puede ser la etapa decisiva para Enric Mas. “Si pierdes cien metros, se te van”, afirma. “La carrera es un poco diferente este año. Son puertos más largos, no tan explosivos”, afirma el balear. “Me gusta mucho más que otros años. Al tener menos paredes hace que la pierna no se fatigue tanto. Aunque son más cortas siempre la exigencia es mayor. El puerto largo te permite recuperar para los días siguientes”, afirma Omar Fraile. “Hay más oportunidades para gente de la fuga y que busca ganar tapas. Va a dar un espectáculo realmente bonito”, asegura. “Una Vuelta bonita para mí y para el espectador”, afirma Alejandro Valverde.