Ciclismo

Explosión

Negra jornada para el Movistar, que sacrificó a Valverde moviéndose en el Finhaut Emosson. Nairo se hundió y perdió medio minuto.

Ilnur Zakarin
Ilnur Zakarin

Negra jornada para el Movistar, que sacrificó a Valverde moviéndose en el Finhaut Emosson. Nairo se hundió y perdió medio minuto.

El Mont Blanc, el Finhaut Emosson, el mar de hielo. Cascadas, glaciares. Agua por todas partes. Un verde que colma hasta donde la vista alcanza a mirar. Un paisaje idílico y más ayer, con un sol espléndido, sin nubes arreciando por el cielo. Una tarde fantástica para disfrutar del paisaje maravilloso en plenos Alpes, una estampa perfecta para que en cualquier momento Heidi aparezca corriendo por una de las laderas del Canton du Valais. Así lo viven todos, especialmente el Sky, para quien el Tour se ha convertido en un paseo, ya hasta demasiado aburrido. Para otros, llegar a las montañas es como desencadenar una tormenta que viene cerniéndose sobre sus cabezas desde hace ya tiempo. Es lo que le sucede a Nairo, que maquilla con ilusión y sueños una lenta y dolorosa agonía. Tarde o temprano tenía que explotar. Y lo hizo el colombiano en el último puerto del día. Lo hizo como nunca antes lo había hecho. Vacío de fuerzas, sin ningún músculo que pudiese empujarle, muerto.

Es el peor día. Es 20 de julio. Día nacional de Colombia. Y Nairo es el orgullo de todo el país, el sentido de toda la nación. El niño de familia campesina que a base de esfuerzo, sudor y sacrificio ha llegado a lo más alto. Hace tres años, este mismo día, Quintana se imponía en la cima de Annecy y dedicaba su triunfo a su país. A todos sus compatriotas. Desde entonces se convirtió en mucho más que un ídolo. Es el espejo de todos. El reflejo de lo que todo colombiano quiere ser. Ayer, tres años más tarde, ese sueño se tornó en pesadilla. Y esa pesadilla, en algo real. Terrible. El hundimiento.

Es lo que tiene la montaña en el ciclismo. Cuando la carretera se pone cuesta arriba se caen las máscaras. No aguantan las caretas sobre los rostros. El Movistar dijo en la jornada de descanso que tenía un plan, que iba a luchar con todo lo que les quedara para intentar dar un vuelco a la general. Ese todo es apenas nada, porque Nairo está vacío. Le falta de todo. Y no es sólo por la tremenda exhibición del Sky una vez más, con tres hombres en el último puerto, con Poels acercando a Froome en los primeros ataques, el de Valverde incluido, dijo «para intentar eliminar a los gregarios y facilitar el ataque de Nairo».

Y no. Ni con ésas. Ése no es el Nairo de aquel 2013, ni mucho menos el del pasado año, cuando reservó fuerzas hasta el último día. Porque entonces las tenía. Esta vez no. El plan no funciona cuando te fallan las piernas. Y para colmo, el Movistar perdió en el primer kilómetro a uno de sus hombres importantes. Una caída mandó al suelo a Imanol Erviti y a Gorka Izagirre. El navarro se levantó sin problemas, pero Gorka tuvo que abandonar el Tour con la clavícula dolorida. Día negro.

Y al final, un poco por aburrimiento, un poco por no tener nada mejor que hacer, Chris Froome salta cuando Richie Porte le ataca, y le neutraliza. Es el único que le aguanta. Su antiguo compañero hasta el pasado año que ha volado al BMC para intentar ganar un Tour. No será éste. Pero al menos es el único que se atreve a plantar cara a su antiguo jefe. El resto perdieron todos. Seis segundos el impresionante Adam Yates, 28 segundos Nairo, Mollema 38 segundos, un minuto y diez segundos Purito y dos minutos Alejandro Valverde. «Estoy contento de haber sacado tiempo a la mayoría de mis rivales. Vienen días duros por delante, pero me quedo con las buenas sensaciones después del día de descanso, que es muy importante». Y hoy tiene una cronoescalada de 17 kilómetros hasta Megeve, su gran especialidad. Se avecina otra machada.