El revólver se volvió a encasquillar

Kerman Lejarraga pierde en el primer asalto otra vez ante David Avanesyan, otra vez en Bilbao, otra vez por el EBU

En boxeo, el primer asalto suele ser de tanteo. Los jabs que buscan probar la guardia del rival; los golpes fuertes que intentan ir demostrando quién manda en la lona; las distancias. Salvo contadas excepciones, los primeros tres minutos son un intercambio de sensaciones que sirven más como prolegómeno de lo que vendrá en los consecutivos; un aperitivo en el cual es crucial no dar un paso en falso, no atragantarse con el hueso de la aceituna, no vaya a ser que no llegue, ni si quiera, el primer plato.

Eso le ha ocurrido a Kerman Lejarraga, otra vez ante David Avanesyan, otra vez en casa, en Bilbao, y otra vez por el jugoso y suculento manjar que es el EBU.

El revólver de Morga volvía a verse las caras ante el ruso que le quitó el título de rey de Europa del peso wélter. La revancha era una mirada al pasado, a esa piedra que le hizo tropezar de su perfecto camino el pasado mes de marzo tras robarle el cinturón y el invicto. Las ganas de resarcirse eran muchas, pero en apenas dos minutos y medio Avanesyan demostró ser la kryptonita del vasco.

Por buscar alguna excusa, quizá el árbitro pudo dejar algo más de tiempo a Kerman para rodar. Para caer, recomponerse y respirar en el minuto intercalado entre asalto y asalto. Sin embargo, tras dos caídas precedidas de una combinación de crochés a la cabeza (1) y de una mano curva con la zurda hacia el mentón (2), el árbitro decidió parar la contienda. K.O técnico en el primer round. No llegó ni a los 60 segundos de tranquilidad.

David Avanesyan sigue brillando y Kerman se aleja de esa epopeya que supone pelear en Estados Unidos, La Meca del boxeo. Quizá sea que, simplemente, el ruso sea mejor que el vasco. No hay más. Esta vez toca caer, levantarse y seguir entrenando; de eso va este deporte, precisamente, de caer y "no ser caído". Los guantes duelen menos que los disparos, pero esta pistola tenía la pólvora mojada.