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El Roland Garros más especial para Rafa Nadal

El duodécimo título en París ha llegado por un camino muy diferente al de los once anteriores. Las dudas en los primeros torneos en tierra acabaron en Roma

El duodécimo título de Rafa en París tiene poco que ver con los once anteriores. El colofón fue el mismo. La Copa de los Mosqueteros acabó en sus manos, la elevó al cielo de París y el trofeo se llevó el pertinente mordisco. Pero lo que sucedió en las semanas previas a Roland Garros fue muy diferente a sus victorias precedentes.La aparente «facilidad» con la que ganó los partidos previos a la final contrasta con el tortuoso camino que tuvo que recorrer antes de llegar a París. La alfombra roja que pisó en temporadas anteriores en Montecarlo, Barcelona, Madrid o Roma ha sido un camino extrañamente tortuoso. Hay que remontarse a Indian Wells y sus problemas en la rodilla derecha para explicar su atípico comportamiento en la gira europea sobre tierra batida. En California no pudo jugar la semifinal ante Federer y desde ahí empezó el calvario. «Nunca había visto a Rafa así y menos en la gira de tierra batida. Estaba muy cabizbajo, sin motivación. Llegó a perder la ilusión y las ganas», aseguró Carlos Moyá a la ATP.Rafa apareció en Montecarlo, donde había ganado once títulos, en una situación desconocida. Reconoció que no estaba bien, pero se convenció para asumir el torneo como una fase de rodaje. Lo nunca visto. «Hizo lo que tocaba: jugar, poner buena actitud y buena cara», afirma su entrenador. Sí, pero los resultados no llegaron. Cayó en la semifinal ante Fognini y del Principado viajó a Barcelona. Donde tampoco llegaba bien. «Si Roland Garros hubiera sido antes de Barcelona es muy improbable que Rafa hubiera ganado el torneo», dijo Moyá. En el club de toda su vida, el techo volvió a estar en la semifinal. Enfrente estaba Thiem y el austriaco fue demasiado para el Nadal de hace un par de meses. Dos torneos en tierra y dos derrotas cuando lo habitual era que la gira empezara levantando un par de títulos.Y llegó la Caja Mágica, llegó Madrid. Las sensaciones eran mejores, pero como reconocía el entorno de Rafa: «Estamos expectantes. Está mejor que en Montecarlo y Barcelona, pero todavía le falta». En un torneo complicado para Nadal, el límite volvió a ser el mismo. En semifinales aparecía Tsitsipas y el griego fue también superior. Llegaba el Foro Itálico y por primera vez lo hacía sin haber ganado ningún torneo en la gira, pero las sensaciones ya estaban cambiando. La lucha, la actitud y el paso al frente que se adivinaron en la capital se confirmaron en Roma. Varios roscos, Verdasco, Tsitsipas y la final ante Djokovic. El 6-0, 4-6 y 6-1 ante el serbio fue la señal de que el Rafa de París estaba cerca. «Hizo lo que tocaba que era jugar, poner buena actitud y buena cara. Es increíble que después de pasarlo tan mal alcanzara este nivel», reflexiona Moyá.Con menos títulos y menos partidos que en ediciones anteriores, Rafa aterrizó en Francia. Lo normal era empezar a tope la temporada de tierra. Sumar títulos con una superioridad insultante, aflojar un poco en Roma para darse una tregua, coger temperatura en la primera semana de París y terminar levantando la Copa de los Mosqueteros. Este año ha ido creciendo durante la gira y ha llegado a tope a Roland Garros. El final, por duodécima vez, ha sido el mismo. La Copa de los Mosqueteros, el cielo de París, el mordisco...

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